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Alaejos en texto

 

ADOLFO-M. ARAÚJO Y GONZÁLEZ

La Heráldica municipal de Alaejos. (1971)

La importancia histórico-estratégica de Alaejos en el siglo XV. (1972)

El escudo heráldico de la villa de Alaejos, reformado. (1982)

Razón y necesidad de los pequeños museos rurales. (1983)

Dos esculturas del siglo XV y XVII. (1984)

La Virgen de la Casita , de Alaejos, y su Santuario. (1985)

La bandera de la Cofradía de Pastores, el estandarte de la Asociación de danzantes y la corona antigua de Nuestra Señora de la Casita. (1986)

Los señores de Alaejos hasta los Trastámaras. (1987)

Curiosidades históricas sacadas de los libros de la Cofradía de Pastores de la virgen de la Casita. (1988)

Grandezas de Alaejos. El cardenal D. Manuel Arias Porres, hijo de la villa. (1989)

Voces amigas (Campanas en Alaejos) I. (1990)

Voces amigas (Campanas en Alaejos) II. (1991)

Fray Juan de Alaejos (1687-1752), monje y músico insigne. (1992)

Relojes de sol de Alaejos. Arte y cultura urbana. (1993)

Atributos o insignias de las autoridades de Alaejos: Bastones de mando. (1994)

Las órdenes militares de caballería en la heráldica del estado noble de la villa de Alaejos. (1995)

Universitarios alaejanos en la Universidad de Santo Tomás de Ávila en el siglo XVII. (1996)

Una pieza de orfebrería sacra de la época de Felipe II (1527-1598): la custodia rica de la iglesia de Santa María de Alaejos. (1998)

Epigrafías e inscripciones antiguas en la villa de Alaejos. (1999)

La cruz de Carrezamora. (2000)

Nuevamente en torno a la Sociedad Económica de Amigos del País de la villa de Alaejos (Real Sociedad Caritativo-Económica). (2001)

... Las sus villas de Coca y Alhaexos. (2002)

En defensa del público reconocimiento del que fue ilustre hijo de la villa: Don Juan Fernández Vadillo. (2007)

Abundando en los Fonseca. (2008)

Significado del cuartelado de Castilla y León. Su presencia en las armas de España. (2009)

Nuestras piedras labradas artísticamente. (2010)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: " La Heráldica municipal de Alaejos", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1971.]

 

LA HERÁLDICA MUNICIPAL DE ALAEJOS

 

A modo de ambientación se han de hacer las siguientes consideraciones previas: el siglo XII señala la aparición de los primeros blasones y su importancia hizo que su uso se ajustase a una serie de reglas, que reconocidas por la jurisprudencia o el Derecho Público adquirieron carácter jurídico. 

Estas reglas apoyan las normas heráldicas y se constituyen las diferentes armerías que distinguían individuos, familias o linajes.

 

La Heráldica se divide en tres períodos: Primitivo, que comprende del siglo XII al XV; Sedentario, los siglos XVI y XVII; y Decadente, en los siglos XVIII y XIX.  Paralelamente se pueden considerar también tres grupos: Heráldica gentilicia, privativa de las personas físicas, Heráldica municipal, propia de ciudades, villas y lugares y Heráldica corporativa (profesional, industrial, deportiva y militar).

 

Alaejos es una villa con tan rico acervo heráldico, que justificaría el más completo estudio histórico, político o sociológico que, naturalmente escapa al espacio y lugar de que se dispone.  De este acervo dan fe y testimonio vívido las piedras armeras que exornan las fachadas de las que, en su día, fueron casas solares de hidalgos linajes del Reino y que, en su mayor parte, se hallan en buen estado de conservación.

 

Predomina en la heráldica alaejana la gentilicia, con 15 escudos de piedra, amén de las lápidas funerarias blasonadas y los en madera que rematan algunos retablos de ambas Parroquias; la eclesiástica se halla representada por un escudo episcopal de forma oval clásica, timbrado de capelo del que arrancan los cordones con borlas en 1-2-3; la municipal finalmente con el escudo propio de la villa que se comentará seguidamente. 

De entre los hidalgos que otrora poseyeron y usaron los escudos de armas que hoy contemplamos, les hubo que fueron Caballeros de las Órdenes Militares, como pregonan las veneras de Santiago y Calatrava acoladas a sus blasones, añadiendo a su hidalguía de linaje y cuna el espíritu cristiano, la abnegación y el servicio.

 

En cuanto a la Heráldica municipal, el Ministerio de la Gobernación, por Orden de 23 de marzo de 1956, insiste en la necesidad de que cada Ayuntamiento use de Armas propias, según está previsto en el Reglamento de 17 de mayo de 1952.  Se trata con esta disposición de restablecer la antiquísima costumbre del empleo de armas por los Concejos.  La Heráldica municipal comienza en la Edad Media, conservándose vestigios de ella en la colección de sigilografía del Archivo Histórico Nacional.  El escudo de armas de la villa de Alaejos es de un solo cuartel, cumpliendo así el requisito de que las armas simples y menos cargadas resultan más agradables y mantienen el principio fundamental de la Heráldica, que es la sencillez, y que blasonado queda de la siguiente manera: en azur, una estrella de plata de ocho puntas y en jefe, seis flores de lis del mismo metal en faja.  Bordura de oro y timbrado de corona ducal. 

De las figuras de este escudo y de su timbre, y en una razonable hermenéutica se pueden establecer las siguientes conclusiones: la estrella de ocho puntas probablemente procede de la casa Fonseca que tuvo en señorío la villa, siendo su Señor más representativo el arzobispo D. Alonso, que lo fue de Sevilla y Santiago y que guerreó contra Bernaldo Yánez de Moscoso, hasta que, fatigado de tanta zozobra y contienda, resignó su mitra en manos de Fernando el Católico.  En origen los lugares, villas y ciudades, al ser de realengo, abadengo, behetría o señorío, adoptaron las armas de su Señor y al efectuarse posteriormente su emancipación compusieron sus escudos de armas o añadieron a las primitivas otros signos de distinción, como se observa en las flores de lis del jefe del escudo, quizá adoptadas en homenaje al primer Rey Borbón que ocupó el trono de San Fernando. 

En relación al tipo de corona ducal (círculo de pedrería y oro realzado de ocho florones, de los cuales cinco vistos), es probable fuera tomada de la casa de Veragua a quien, por sucesivos matrimonios y familiares alianzas, pasó el señorío de la villa.  En la actualidad es la duquesa de Alba de Tormes la que, entre otros, posee el título de Señora de la villa de Alaejos. 

A los municipios la Heráldica les prohíbe el uso en sus armas de cascos, plumas lambrequines y los exclusivos de la Heráldica gentilicia. 

El Ayuntamiento de Alaejos, fiel a su glorioso pasado y observante estricto y puntual de las órdenes del Gobierno, puede orgulloso blasonar, y nunca mejor empleada la palabra, de un escudo de armas compendio de honor e historia, pues ya que como decía Eugenio D’Ors “todo lo que no es tradición es plagio”.

 

 

Adolfo-M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "La importancia histórico-estratégica de Alaejos en el siglo XV", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1972.]

LA IMPORTANCIA HISTÓRICO-ESTRATÉGICA DE ALAEJOS EN EL SIGLO XV

 

La presente publicación tiene por causa, no tanto el hacer un estudio exhaustivo, nunca pretendido, de la materia, cuanto dar a conocer retazos, no por ello menos importantes, de la Historia de la Villa en una época tan apasionante como la que se comenta, en que las luchas de banderías, la turbulenta nobleza y la cuestión sucesoria, desembocaron en una vorágine de hechos históricos de capital importancia.

Así pues, estos comentarios son consecuencia de un sano prurito de ensalzar cuanto se relaciona con este pueblo nuestro, que no ha visto nacer, y a quien todos sentimos muy dentro del corazón.

 

I.  LA REINA DOÑA JUANA, EN ALAEJOS.

 

Transcurre el reinado de Enrique IV el Impotente con su trono asentado sobre el barril de pólvora que era Castilla en aquellos años.  Entre el Rey y la Reina surgen desavenencias y Doña Juana sale del Alcázar de Segovia en septiembre de 1467.  Primeramente se la lleva a Coca y después, de orden de su guardián, el Arzobispo de Sevilla, el inefable Fonseca, al castillo de Alaejos.

Aquí, según nos dice la crónica, estuvo en relaciones amorosas ilícitas con un cierto mozo, y cuando pasó el plazo de los rehenes y fueron a recogerla algunos caballeros, la Reina estaba próxima a ser madre otra vez.

Sin embargo, ella no se amilana y consigue, alegando pretextos, que se aplace su salida y resuelta ya a todo menos a reintegrarse deshonrada en poder de su marido, aprovechó la dilación para concertar la fuga con su amante y en plena noche puso por obra el plan meticulosamente trazado, descolgándose con gran resolución por un adarve del castillo.

Abajo la recogió don Pedro de Castilla, conocido por el Mozo de Alaejos, sobrino del Arzobispo de Sevilla y bisnieto del Rey don Pedro el Cruel, heredero de su impetuosidad y sangre alborotada.

A los dos meses de fuga la Reina tuvo un hijo.  Después siguieron las relaciones de doña Juana con el Mozo y nació un nuevo fruto de estos amores.  Les pusieron por nombre don Pedro y don Apóstol.

La maledicencia de la época confirmada por algún cronista coetáneo, especialmente Palencia, da a entender que el Arzobispo de Sevilla don Alonso de Fonseca y su sobrino eran rivales en los favores de la Reina y deja en duda quién de los dos fue causa del desliz de Alaejos.

No obstante se ha comprobado históricamente, que en esta insinuación hay más malicia que exactitud; el amante fue el sobrino y no el tío, como acreditaron posteriores hechos históricos.

 

II.  LA BATALLA DE TORO.

 

El motivo de esta importantísima batalla, topográficamente librada tan cerca de nuestra Villa, fue la sucesión a la Corona de Enrique IV entre la Beltraneja y doña Isabel la Católica.

Estaba el Rey de Portugal, partidario de la Beltraneja, acuartelado en Toro; don Fernando el Católico, combatiendo la fortaleza de Zamora, adicta a los portugueses y a la Beltraneja, y doña Isabel en Tordesillas cerca de su marido.

El Rey de Portugal intima a don Fernando a rendirse, acercándose hasta una legua de Zamora, y a que renunciase a la Corona de Castilla y León que decía tenía usurpada.  Don Fernando continúa el cerco de Zamora pensando disputar el paso a Portugal si se acercaba a socorrer la plaza.

Se informó don Alonso de la situación del ejército castellano y decidió en vista de los refuerzos de doña Isabel, dar la vuelta hacia Toro.

Doña Isabel desde Tordesillas rogó al Cardenal de España fuese a Zamora para asistir a don Fernando junto con el Conde de Lemos y dos mil peones, y el Conde de Monterrey con hombres a caballo y a pie, reforzando la artillería para abatir la fortaleza que aún resistía.

El Rey de Portugal llamó al Príncipe, su hijo, que se le unió en Toro con veinte mil combatientes.  Se ordenaron los ejércitos y se prolonga la espera quince días, con disparos intercambiados de arcabucería.

La Reina ordena desde Tordesillas hostilizar a las fortalezas de Toro, Castronuño y Sieteiglesias, que eran favorables al portugués.

Don Alonso, hermano bastardo del Rey, don Enrique Fortuna y el Conde de Treviño, se situaron con dos mil hombres a caballo en Fuentesaúco y Alaejos, en cuyo castillo de planta cuadrangular típicamente castrense y potentemente artillado se guarnecen y estando a cuatro o cinco leguas del campamento portugués le traen en jaque y le cortan los suministros.

Los dos ejércitos se aprestan a la batalla y al avistarse flamearon las banderas y sonaron los clarines y a las voces de ¡Fernando!, ¡Fernando!, contestaban los portugueses ¡Alonso!, ¡Alonso!  La suerte fue ambigua con ventajas y desventajas para ambos hasta que el ala del Cardenal de España, que llevaba sobre el casco el roquete, poniendo en fuga escuadra tras escuadra niveló la lucha, teniendo que huir el rey portugués no a Toro, que era la fortaleza más cercana, sino a Castronuño, donde le acogió el Alcaide.

Luego fueron rindiéndose una tras otra las fortalezas de Cubillas, Sieteiglesias, Cantalapiedra, Castronuño y cuantas en tierra castellana ocupaba el rey portugués.  Don Fernando, vencedor, volvió a Zamora y como dice el Cura de los Palacios “fizo cuenta de que en aquella noche Nuestro Señor le había dado toda Castilla” y en conmemoración de esta victoria los Reyes Católicos levantaron el magnífico monasterio de San Juan de los Reyes.

De esta suerte y a grandes rasgos queda expuesta la manera en que la plaza castrense de Alaejos vino a ser, con Fuentesaúco, una punta de lanza dirigida al corazón del campamento portugués, haciendo posible que la batalla de Toro fuese decisiva en la guerra con Portugal.

 

 

Adolfo-M. Araújo y González. 

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "El escudo heráldico de la villa de Alaejos, reformado", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1982.]

EL ESCUDO HERÁLDICO DE LA VILLA DE ALAEJOS, REFORMADO

 

El Ayuntamiento de Alaejos acordó en el año 1981, de conformidad con lo establecido en la normativa que regula la materia y en especial el Decreto de 17 de mayo de 1952 y la Orden Ministerial de 23 de marzo de 1956, rehabilitar el sello con las armas municipales.

Como quiera que la Corporación tenía armas propias y que se habían usado ya en épocas anteriores, sobre todo en la Monarquía Alfonsina, se decidió hacer una reforma de las existentes acomodándolas lo más posible a las primitivas.

Para una mejor comprensión del escudo actual reformado es conveniente hacer un breve comentario sobre los siguientes extremos:

 

I. POSIBLE ORIGEN DEL ESCUDO DE ALAEJOS

 

El escudo de Alaejos, al igual que el de otras ciudades, villas y lugares tiene origen señorial; es decir, que al haber sido en su momento histórico, feudo o señorío, adoptó las armas de su señor (el señorío podía ser también de realengo, abadengo o behetría y éstas de linaje o de mar a mar), en nuestro caso las del linaje de los Fonseca, cuyas armas ostentando estrellas pueden verse, entre otros lugares, en el sepulcro de la derecha en el presbiterio del Altar Mayor de la Colegiata de Toro, en el sello en seco de la casa ducal de Veragua sucesora en el señorío de Alaejos, amén de en los edificios civiles y religiosos construidos bajo el mecenazgo del célebre Arzobispo que lo fue de Sevilla y Santiago de Compostela.

 

II.  PREPRESENTACIONES DEL ESCUDO EN PIEDRA, PAPEL, ÓLEO SOBRE LIENZO, CUÑOS O SELLOS.

 

La representación del escudo con sus figuras más antiguas que se conserva, es sobre piedra arenisca y se puede contemplar en la fachada norte de la Ermita de Nuestra Señora de la Casita y se halla colocado entre dos piedras conmemorativas de obras realizadas en dicho templo; la data de las mismas es hacia el año 1699.

Su blasonado es el siguiente:

Escudo redondo.  Ostenta una estrella de seis puntas.

Sobre papel de oficio se conservan algunos con timbre, en los que aparece la estrella con cinco puntas, variando la forma del escudo, pasando de redondo a la forma clásica del blasón español aunque no en toda su pureza de líneas.

Se le añade o acola, quizá por veleidad del artista, la insignia de la Orden del Toisón de Oro.  Su época puede ser últimos del siglo XIX, primeros años del XX.

Timbrado con corona ducal de la casa de Veragua.

Se colgaba en el Ayuntamiento antiguo un cuadro colocado en el rellano de la escalera, cerca de la puerta que daba acceso al Juzgado de Paz, con las armas municipales, y que blasonado queda como sigue:

Escudo triangular curvilíneo.  En campo de azur (azul) una estrella de ocho puntas de plata, perfilada de sable (negro).  En jefe siete flores de Lis de Plata.  Timbrado de corona ducal, círculo de oro enriquecido de pedrería realzada por ocho florones de los cuales cinco vistos.

Esta representación del escudo quizá fuese hecha hacia la década de los años cuarenta (1940).

En cuanto a la sigilografía, no hay, creo, constancia de ningún sello, específicamente con las armas municipales, habiéndose sellado los documentos con el propio de la Nación y sujeto, claro está, a los avatares de las diversas formas de Gobierno a la sazón imperantes, Monarquía, República o Estado Nacional.

 

III.  EL ESCUDO ACTUAL

 

Responde a las leyes de la Heráldica moderna en el sentido de que las armas simples y menos cargadas resultan siempre más agradables y mantienen un principio fundamental de la Heráldica, que es la sencillez.

Así pues, se vuelve a los orígenes respetándose las figuras que invariablemente a través de los siglos, han sido sus componentes como la estrella, que con más o menos puntas, ha permanecido.

Se suprimen las 7 flores de lis del Jefe, pues históricamente nunca habían figurado y el acolamiento del collar de la Orden del Toisón de Oro, sujeto su uso en las armas, a especial regulación, como todos los acolamientos de insignias, cruces o veneras.

La forma que se adopta es la típica española, rectangular cuadrilonga, redondeado por su parte inferior.

 

Su descripción o blasonado es la siguiente:

Escudo rectangular cuadrilongo.  En campo de azur (azul) una estrella de ocho puntas de plata, perfilada de sable (negro).  Timbrado de corona ducal, (círculo de oro enriquecido de pedrería realzada por ocho florones de los cuales cinco vistos).

 

Para terminar, una sugerencia al Ayuntamiento en cuanto a vexilología se refiere, respecto a la conveniencia de adoptar una bandera o estandarte que con sus colores represente a la Villa.

Desde aquí se proponen los colores sobre cuya base pudiera confeccionarse:

Rojo carmesí: pues este color fue el que llevaron en sus pendones los Reyes Católicos en la toma de Granada y ondeó en la torre de la Vela de la Alhambra al culminar la Unidad Nacional y es el color del Pendón de Castilla.

Azul: pues este color campea en nuestro escudo de armas.

Oro: pues de este color son las mieses en sazón, base principal de nuestra riqueza familiar, municipal y regional.

 

 

Adolfo-M. Araujo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Razón y necesidad de los pequeños museos rurales", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita, Ayuntamiento de Alaejos, 1983.]

RAZÓN Y NECESIDAD DE LOS PEQUEÑOS MUSEOS RURALES

 

Se tenía la intención, a raíz de la magna exposición vallisoletana, celebrada en el Castillo de Fuensaldaña, a la que Alaejos concurrió con tres piezas extraordinarias de los siglos XV y XVI, de crear una zona de seguridad en la Iglesia de Santa María que a la vez sirviera a modo de pequeño museo local de arte sacro, contando con las ayudas de la Excma. Diputación Provincial, Ayuntamiento de Alaejos y las que quisieran aportar los amantes del arte, la cultura de nuestra villa.

Posteriores hechos dolorosos, como el expolio y robo sacrílego cometido en el mes de mayo y el feliz rescate de lo robado, hicieron que lo que se pensó como proyecto sea ya realidad gracias al entusiasmo y cariño con que el pueblo de Alaejos todo, vecinos presentes, oriundos de la villa y residentes fuera, Ayuntamiento, Cámara Agraria Local, Arzobispado, Excma. Diputación, Entidades bancarias locales, etc., acogieron la idea del párroco.

Con ello creemos que se puede contribuir a que el arte no sea sólo puro placer o pura estética.

 

El arte religioso cristiano, por ejemplo, nació principalmente para enseñar al pueblo.  Las obras de arte eran entonces como libros abiertos que todos comprendían, cuando los libros estaban solamente en manos de obispos, monjes o reyes.  La arquitectura, la pintura y la escultura cristianas nacen con un fin principal: presentar a los ojos del pueblo los misterios evangélicos humanizados, para su comprensión, en manifestaciones artísticas, imbuidas de lo religioso, que se van creando y van educando al pueblo durante siglos y siglos.

Cada barrio, cada pueblo o aldea, cada lugar, cada región, tuvo sus propias manifestaciones artísticas y culturales concretas, enraizadas en lo que se estaba viviendo, en lo que se estaba enseñando, en lo que interesaba a la comunidad, formando así, pueblo, tierra y creación artística un todo armónico, integrador y vital.

 

En los siglos XIX y XX, hubo un afán de centralizar obras de arte en museos, palacios, academias, catedrales y otros “lugares pomposos”.  Últimamente, al mismo tiempo que las regiones campesinas se van empobreciendo y despoblando, se ven despojadas de su patrimonio artístico y cultural.  Y así, al lado de la triste emigración de personas, está la incultura, fruto, entre otras causas, de la expoliación y afán de estos centros de quitar estos focos de espiritualidad, estas fuentes y estos alimentos culturales.  Es una injusticia grave hecha a los pueblos, a los que hay que llevar por todos los medios la cultura.  Acercar al pueblo estas obras de arte es tanto como llevar una biblioteca o un ciclo de conferencias o la concentración parcelaria.  Es recobrar lo que es suyo, las propias obras de su espíritu.

 

Esta labor, cultural y espiritual a la vez, debe ser apoyada desde las Instituciones: no entorpecida sino favorecida.  Habría que revisar las causas de la existencia de obras de arte en ciertos lugares y ver de dónde proceden, por qué fueron arrancadas de su lugar y dónde deberían volver.

¿Por qué ese afán de centralizar todo?  ¿Por qué tenemos que ir todos al mismo sitio a contemplar obras de arte amontonadas, desarraigadas de su lugar y ambiente?

La historia y el arte no deben dormir en un quietismo mortecino y estéril, sino tener una proyección social, cultural y religiosa rentable y fecunda; ser lección y acicate estimulante para el presente y para el futuro.

 

 

Adolfo-M. Araújo y González.   

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Dos esculturas del siglo XV y XVII", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1984.]

DOS ESCULTURAS DEL SIGLO XV Y XVII

 

Como final de una serie divulgativa de los fondos más representativos del Museo de Santa María de Alaejos, ya que en el aspecto escultórico ambas Iglesias se pueden considerar con toda propiedad como un gran museo de escultura religiosa, vamos a detenernos especialmente en dos obras que sobresalen del resto de las allí depositadas.

Nos referimos a la Virgen con el Niño, conocida vulgarmente como la Virgen Morena que se halla situada en el altar de la Santísima Trinidad, nave del Epístola, y a la magnífica escultura de Cristo en la Cruz, de marfil, que se encontraba en el Camarín de Jesús Nazareno, ambas pertenecientes a la Iglesia de Santa María.

 

La Virgen con el Niño es una escultura de madera policromada, cuyos dorados se conservan bastante bien y a juzgar por su acabado, el oro debe ser muy fino, quizá de 24 quilates.  Presenta dos piezas unidas por grapas de hierro, que según la leyenda fue debido a que se creía que en su interior había onzas de oro, o según lo más verosímil, se la aserraría para reducirla de tamaño y que cupiese en algún lugar determinado.  En cualquier caso, se hizo un grandísimo desaguisado.

La profesora Ara Gil, la describe de pie con una diadema de gruesas perlas en la cabeza, aunque la parte superior ha podido ser modificada para colocar una corona metálica.  De ella sale una ligera toca que se adapta a la forma de la cabeza.  Viste una túnica cuyo escote presenta un reborde decorado en el centro con un medallón.  El manto descansa sobre los hombros, se recoge debajo de los brazos.  Lleva al Niño desnudo, sentado sobre la mano derecha y le sostiene con la izquierda.

La cronología de esta escultura es de últimos del siglo XIV, primeros del XV.

 

El crucifijo es una magnífica talla sobre marfil de buena calidad, pues tiene buen peso y blanco color.  La cruz sobre pedestal del que se desmonta, es chapeada de ébano.  El Cristo es de los de cuatro clavos, italianizante del siglo XVII, con un profundo dramatismo y un cuidado estudio anatómico de gran realismo.  El paño de pureza está realizado con complicados pliegues de lograda ejecución.  Tiene como característica, el que carece de corona de espinas, presentando en el occipital un agujero como si en tiempos hubiese tenido corona, a modo de áurea, de metal.  La cartela con el INRI es de marfil también.  Las piernas las tiene rotas, quizá por efecto de una caída, pero no desmereciendo el conjunto de la talla.

 

Por último quede planteado para el estudioso, la investigación archivística sobre el autor de las obras anónimas, cómo las describe, quién las encargó, cuánto se pagó, en qué año, etc.

Y finalmente levanto mis manos para aplaudir la labor realizada por las dos Iglesias de Alaejos, que han sabido conservar y acrecentar el patrimonio artístico-religioso a través de los siglos y que debemos conservar también como precioso legado.

 

 

Adolfo-M. Araújo y González. 

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[ ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: " La Virgen de la Casita , de Alaejos, y su Santuario", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1985.]

LA VIRGEN DE LA CASITA DE ALAEJOS Y SU SANTUARIO

 

Con este título publicaba la Caja de Ahorros Popular de Valladolid, en la revista Folklore, un documentado trabajo del profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, Dr. D. Jesús Urrea Martín, gran conocedor de los tesoros artísticos de Alaejos y con cuya amistad me honro.

Como entendemos que es un asunto importante para la historia de la villa, a continuación se inserta dicho trabajo en este Programa, para un conocimiento más general e inmediato de todos los que tengan sensibilidad o curiosidad histórica-artística sobre temas relacionados con nuestro pueblo, en este caso la Ermita de nuestra Patrona, reciente y felizmente restaurada en su interior, merced a la generosa colaboración y ayuda de todos los vecinos que se sienten orgullosos de su “Casita”, legado de fe y devoción mariana de sus antecesores.

 

“La Virgen de la Casita no ha sido la única devoción popular que han tenido los vecinos de Alaejos (Valladolid).  También Santa Ana contó con una ermita dedicada a su culto que subsistió en el pueblo hasta los días de la guerra de la Independencia y todavía se conserva el Humilladero del Cristo inserto en el recinto del cementerio.  Pero indiscutiblemente la veneración tributada a la Virgen de la Casita fue la que caló más profundamente, eligiéndola incluso por patrona de la localidad y celebrando su festividad el día 10 de mayo.

Según el P. Juan de Villafañe que escribe en 1726, la devoción se inicia en el año 1490.  La Virgen se había aparecido aquel año a Catalina de la Cruz, vecina del lugar, cargada de hijos y con un marido malvado y haragán; la sequía que por entonces padecía la región obligaba a la angustiada mujer a buscar hierbas para venderlas en el mercado; fue durante su trabajo en el campo cuando tuvo la visión que ocasionó inmediatamente el culto religioso.  Entre unas retamas, de las que emergía una poderosa luz, apareció la “portentosa figura de una hermosísima Matrona, que no era sino la Madre de Dios” quien pidió a Catalina dijera a los vecinos del pueblo que “en la misma retama donde la aparición se estaba obrando, encontrarían una imagen suya que sería tan grande en portentos como pequeña en estatura” y que deseaba se la edificase allí mismo un santuario.  Enterado el vecindario se trasladó al lugar señalado por la mujer y descubrió la escultura prometida por la Virgen, decidiendo ponerla a cubierto de las inclemencias en un pequeño cobertizo o cabaña de troncos y ramas, para construir posteriormente un santuario digno. 

La aparición fue seguida de abundantes lluvias que reforzaron aún más la idea de la intervención celestial, acrecentada ante la negativa de la imagen a ser trasladada a un edificio más suntuoso, haciendo comprender a los devotos que su voluntad era la de permanecer en el mismo lugar de su aparición, por lo que se determinó edificar allí mismo la ermita o “Casita” que era la advocación por la que se comenzaba a conocer a la Virgen.

En la estructura de la ermita tal y como se conserva en la actualidad, se observan rasgos arquitectónicos que permiten comprobar la veracidad de la tradición.  En efecto, el muro de cantería que cierra su lado de la epístola, presenta dos ventanas con arcos ligeramente apuntados, mientras que la antigua puerta de acceso, hoy ciega, se resuelve con arquería de medio punto y finos baquetones de perfil gótico en los que se aprecian pequeños capiteles, muy desgastados, uno de los cuales ofrece decoración animada, todo ello coincide con los modelos propios de fines del siglo XV.  Además, situada encima de esta antigua portada y cobijada por una moldura a manera de alfiz, existe una inscripción en la que todavía se puede leer en caracteres góticos: “lunes a X dias del mes / maio del ano de VCCCCXC ... enora ...”.

A fines del siglo XVII sufrió una importante reforma que afectó a su interior como al exterior, en cuyo muro de cerramiento del lado del evangelio se lee, flaqueando un sillar decorado con un medallón sobre el que campea una estrella, la siguiente inscripción: “HIÇOSE ESTA OBRA SIENDº / COMISARIOS EL LDº D. THOMAS/ MDEZ I EL LDº LORENZO DE / CASTRO I D. FRANCO / PERLINES ARIAS I / CHRISTOVAL SAN / DONIS 1699” y otra más gastada “... GONZALEZ Y XP / TOVAL SAN / DONIS I PRO / CURADORES MANUEL DE / ... 1699” año en el que se remataría este muro de cantería en el que se abren dos ventanas con marcos de orejeras, y una portada ahora cegada.

El templo, de considerables proporciones, tiene su interior dividido en tres naves mediante pilares sobre los que voltean arquerías de medio punto que soportan una cubierta de cielo raso en su nave central y bóvedas de cañón en los laterales.   Su presbiterio actual se reconstruyó en la primera mitad del siglo XVIII y se cierra con una cúpula ovalada, levantada sobre pechinas y decorada profusamente por yeserías de perfiles muy quebrados y hojarasca abundante, constituyendo un notable interior barroco.  Probablemente fue en ese mismo momento cuando se procedió a construir la fachada principal del edificio, enteramente de ladrillo, con dos cuerpos semicilíndricos en sus extremos, contrafuertes flaqueando su puerta de ingreso y como remate un frontón truncado sobre el que se alza una sencilla espadaña.  Dos óculos y una ventana abierta sobre la puerta son los restantes elementos que integran su alzado. 

En el primer tercio del XVIII se tomaría el acuerdo de realizar un retablo nuevo para colocar la imagen de la Virgen titular.  Lo acertado de la decisión fue encargar un altar-tabernáculo, reproduciendo con su estructura la idea de cabaña o sencilla “Casita”.  El conjunto en el que se aloja la “Virgen de la Casita” es, sin duda, una perfecta obra maestra, por lo airoso de su traza y la elegancia de sus elementos decorativos.

Exento y completamente calado en su cuerpo bajo para permitir la cómoda contemplación de la Señora, dispone en su frente cuatro ángeles mancebos de distinto tamaño, sentados sobre mensulones y segmentos de frontón invertido, en atrevidas e inestables actitudes, con sus alas enteramente desplegadas.  El cuerpo superior, que oculta la cúpula interior, lo preside una pequeña escultura del Niño Jesús y se remata con una figura alusiva a la Fe.  Obra que podemos conceptuar como de gusto rococó, su autor no está lejos de la sensibilidad que protagonizan los arquitectos Joaquín y Alberto Churriguera que, como es bien sabido, trabajan en la vecina Nava del Rey, en Valladolid y en Salamanca, ciudad ésta a la que estaba estrechamente vinculada Alaejos.

En el interior de su dorada “Casita”... se encuentra la escultura de la Virgen, que... ofrece una altura de tan solo 0,50 m.  Se trata de una talla en madera que presenta una actitud sedente con el Niño sentado sobre su pierna izquierda y sosteniendo en su mano derecha una manzana.  El Niño tiene mutilada la mano derecha que presentaría actitud de bendecir y en su izquierda sujeta la esfera del Mundo.  El grupo está repintado, sobre todo en sus rostros, pero en los vestidos se aprecia su policromía primitiva aunque con importantes deterioros.  Es una obra que puede fecharse en la segunda mitad del siglo XIII y aunque muestre todavía supervivencias románicas hay que clasificarla como gótica.

 (...) Una aparición, una imagen y un santuario.  Un ejemplo perfecto de armónica síntesis entre devoción popular y manifestación artística, hecha posible gracias a la devoción y generosidad de las generaciones que levantaron y mantuvieron vivo uno de los santuarios marianos más interesantes de la provincia de Valladolid.”

 

 

Adolfo M. Araujo y González.

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[ ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "La bandera de la Cofradía de Pastores, el estandarte de la Asociación de danzantes y la corona antigua de Nuestra Señora de la Casita ", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1986.]

LA BANDERA DE LA COFRADÍA DE PASTORES, EL ESTANDARTE DE LA ASOCIACIÓN DE DANZANTES Y LA CORONA ANTIGUA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CASITA.

 

Parece oportuno que llegando las tradicionales fiestas de nuestra Patrona, nos paremos unos momentos (los necesarios para leer estas líneas), para tratar sobre cosas y símbolos que representan tradiciones seculares, que vemos a menudo y que no llegamos a comprender su significado, a fuerza de tanto verlas, pues, ciertamente el lenguaje de los símbolos o los ritos no es de fácil comprensión, al menos si no se ha iniciado uno en su estudio, procurando descifrar lo que ese lenguaje mudo nos quiere decir.

En estos días de fiesta vamos a tener ocasión de contemplar una bandera, un estandarte y una corona, símbolos y atributos relacionados directa o indirectamente con nuestra querida Virgen de la Casita, en torno a la cual es casi obligado hablar llegando el mes de septiembre. 

A modo de orientación, se ha de decir que las insignias militares, transformadas en enseñas y banderas, se originaron en los vexiloides, cuyo nacimiento se inicia en los pueblos orientales.

Los primitivos vexiloides solían ser una cinta, una cola, una borla o una cruz.  Luego se van transformando en figuras de animales por las legiones romanas, para distinguirse unas de otras hasta que concluyen por unificarse al escoger el águila como única enseña de sus ejércitos.

Posteriormente estos vexiloides se van poniendo como cima o remate de pequeños cuadros de tela de distintos colores que señalan las unidades de los ejércitos romanos con sus distintos cuerpos y secciones estableciéndose así el origen de la bandera de paño.

La necesidad de agruparse las tropas, de tener un punto de referencia y una llamada visual para reunir a quienes luchan bajo las mismas armas es el principal motivo que origina la enseña que, tras sucesivos avatares, concluye en bandera, tal como nosotros la entendemos, bien sea símbolo de la Patria, como reflejo de un ideal, como expresión de una actividad, representación de un ejercicio o de una afición, pero siempre como signo de distinción de un grupo humano que pretende diferenciarse de otro, como es en este caso la Cofradía de Pastores de Nuestra Señora de la Casita.

La bandera, con sus variantes, se introduce en Occidente en el siglo XII.

En el siglo XIII las Partidas de Alfonso X definen a la bandera dentro del grupo de los pendones, como la “señal quadrada que es más luenga que ancha bien el tercio el asta ayuso, et non es ferrada” (es decir, sin farpas: puntas que resultan al hacer escotaduras en el borde de la bandera). (Partida II, Título XXIII, Ley XIV). 

De una simple tela de seda se va cargando de costuras y elaborados bordados y encajes.

Como principales fondos o telas para la confección de banderas se ha empleado el lino, el cuero, el metal, y un tejido cendal cuya trama es de seda y el pasado de lana que a la resistencia une la flexibilidad y la duración. 

Sobre las formas, tamaños y proporciones de las banderas, de forma general se puede decir que las principales formas corresponden a las rectangulares, salvo algunas cuadradas.  No obstante no se ha llegado a establecer una proporción única y su tamaño discurre entre 6:7 al 11:28, lo que es igual a decir de casi cuadrada a casi tres veces el largo de su ancho. 

Hechas las consideraciones anteriores, vamos a tratar de describir la bandera que da pie a estas líneas:

I.  LA BANDERA DE LA COFRADÍA DE PASTORES

PAÑO: El paño de la bandera no es el primitivo, y es una lástima, pues no sabemos de qué material estaba hecha, como ocurre con tantas banderas o estandartes que han llegado a nosotros, vgr.: pendón de los Reyes Católicos en la toma de Granada, las tomadas a los turcos en la batalla de Lepanto, bandera Generalísima de las Guerras Carlistas, etc.  No obstante se cree que fue copiada, aunque si no en la textura de su paño, sí al menos en los colores, forma y tamaño de las anteriores, datando la primitiva quizá del año 1712 o siguientes, ya que en dicho año se aprobaron las Regias y Constituciones de la Cofradía.

Sin embargo, en los archivos de la misma no hay ningún dato que lo avale.

El paño actual es una especie de tejido adamascado.  Las medidas son: largo, 1,75 metros; ancho, 1,05 metros.

No lleva driza y se embute o abotona al asta. 

COLOR: El color es azul por ambas partes.  Debido a que es un paño que ha sufrido el paso del tiempo, decoloración por los rayos solares y otros fenómenos atmosféricos, no es posible saber qué clase de azul era el original, también debido a la variación de los tintes.

Sin embargo, conviene saber que el azul es el quinto color del espectro solar, que es el más oscuro de todos ellos.

El zafíreo que tiene un matiz próximo al marino y finalmente el prusia que corresponde al azul subido.

Pues bien, hecha esta digresión, sobre toda la superficie del paño de la bandera de la Cofradía y por ambos lados va cosida una eme mayúscula (M) acortada en galón dorado. 

ASTA: Presenta las siguientes medidas: largo, 2,27 metros; grueso, 13 centímetros de perímetro; material, madera color marrón cilíndrica. 

REMATE DEL ASTA: Así como las banderas militares conservan el remate en lanza o pica, alabarda o partesana, con diferentes adornos o calados, las de carácter religioso rematan la cruz o el mundo (bola).

La que se describe lo hace con una cruz latina de cuyos ángulos salen tres rayos.

Está hecho en bronce dorado y mide 41 centímetros de alto. 

REMATE DE LA PARTE DE LA BANDERA AL VIENTO: Es de fleco dorado; del remate del asta debajo de la cruz, donde se amarran, penden dos cordones de seda, trenzados, de color blanco y azul mezclado, de 2,23 metros de longitud que terminan en sendas borlas de idénticos colores de 16 centímetros de largo.

 

El protocolo que se usa con esta bandera de Cofradía se ve primordialmente el día de la víspera, en el que el cortejo de cofrades en llegando (actualmente van en vehículo automóvil, antes hacían el recorrido a pie) al lugar llamado del Árbol de la Virgen, señalado con una piedra de buen tamaño a la derecha del camino según se sube, y precedidos por la bandera, dulzaina y tamboril, acceden a pie hasta la puerta de la ermita donde son recibidos por el párroco.

Los mayordomos y diputados entrantes y salientes asisten en el presbiterio a las solemnes vísperas (hoy reducidas a lectura sagrada, lo que es una pena) portando en sus manos los varales de la Cofradía y velas, siendo florido el del que ese año hace el servicio a la Virgen.

El abanderado es el mayordomo entrante o saliente según vaya o venga el cortejo de celebrar las vísperas.

 

II.  ESTANDARTE DE LA ASOCIACIÓN DE DANZANTES

 

De siempre tuvo la Virgen quien, expresando su devoción, bailara ante ella, siguiendo la costumbre tan española vista en multitud de rincones de nuestra patria.

Ya en el año 1714 está documentado que se pagaron “12 Reales de vellón a la danza por asistir a la función”; también en aquellos años se tiraban “qüettes”.  No sé si estaremos hoy para hacer lo mismo aunque gracias al empeño y entusiasmo de nuestro convecino Félix Rodríguez Martínez junto a otros, que ha rescatado del declive esta noble tradición, hoy existe una buena plantilla de danzantes que siguiendo la antigua usanza van uniformados a semejanza de las viejas libreas de los danzantes dieciochescos, con pantalón blanco y camisa azul, y desarrollan su danza desde que la imagen sale de la ermita hasta que entra y delante de ella, después de haber rodeado el santuario, al son de la dulzaina y el tamboril.

La Asociación de Danzantes usa el estandarte como distintivo en las festividades de la Virgen a las que asiste en corporación.

Desconozco si hay abanderado o si hay usos o está estatutariamente fijado el que ha de llevarle, así como la antigüedad del estandarte, aunque será probablemente la misma que la de la Asociación.

PAÑO: El paño es de un tejido imitación a seda, cuyas medidas son: largo, 1,16 metros; ancho, 0,87 centímetros. 

COLOR: El color es azul y blanco por ambas partes, semejando sus colores a la Enseña Nacional en cuanto a su distribución y en lo referente a su extensión.

El blanco es un color puro, único y como el negro no tiene matices.  Sobre el azul sirve lo dicho anteriormente.

Fundamentalmente son dos franjas de color azul paralelas, siendo la central blanca, más del doble extensa que las azules.

El origen de esos colores es, probablemente, la simbología mariana. 

ASTA: El asta es de metal plateado que se descompone en secciones si se desenrosca.

Largo, 2,34 metros; grueso, 8 centímetros de perímetro; su forma es cilíndrica.

REMATE DEL ASTA: Lo hace con una piña terminada en una cruz.

No lleva flecos en la parte del estandarte al viento.

Sobre la franja central lleva bordada la imagen de la Virgen de la Casita con arco de flores.

Este estandarte, mutatis mutandis, pudiera considerarse como de quinta vertical doble.

 Las Corporaciones Civiles y Cofradías se sirven, en general, de los estandartes para plasmar en ellos sus figuras representativas, ya que, por lo común, los estandartes para estos usos suelen ser de un único color, en el cual se aplican por el procedimiento que sea las insignias religiosas o profanas  representativas de las mismas.

No obstante, también usan de la bandera en sus diferentes formas, pero casi siempre, sin ser norma fija, se suelen limitar a un solo color.

 

III.  CORONA ANTIGUA  

 

Sobre la corona de la Virgen de la Casita no hay nada documentado en libros y archivo de la Cofradía de Pastores.  Quizá haya algún antecedente en los libros parroquiales de Santa María, en cuya jurisdicción está la ermita, o San Pedro.

Hecha esta salvedad y a expensas de lo que pudiera demostrar una investigación sobre los documentos aludidos, hay que decir que es una meritoria obra salmantina, de traza barroca, que o bien pudo ser donada, o comprada, a semejanza de la última que posee en sustitución de la robada, por suscripción de los fieles del pueblo en general. 

Está hecha de plata en su color con pedrería, aunque por el mal trato recibida y por el transcurso del tiempo está bastante deteriorada.

Se compone de un círculo realzado de seis florones trifoliados y se cierra con cuatro diademas que convergen en una esfera.  Alrededor se dispone el halo o resplandor, enriquecido con piedras de distintos colores que, al parecer, son zafiros de talla antigua y en cabujón, terminando cada potencia en una estrella de seis puntas con piedra en el centro haciendo un total de doce.

Algunas de estas estrellas están partidas o les falta su piedra.

En el centro aparece la cruz entre dos roleos en cuyos brazos hay engastadas piedras de diversos colores.  La corona del Niño es una reproducción a escala de la de la Virgen, a excepción del resplandor, del que carece, aunque tiene también piedras preciosas (zafiros) de adorno, faltándole alguna.  Es también de plata.

El rostrillo de la Virgen era de plata cincelada con profusa decoración.  Es una lástima que desapareciera en el robo reciente junto con la media luna de plata del siglo XVIII, hueca con alma de madera a la que se atornillaba.

Gracias a Dios se salvó la corona, no así otras pertenencias de estimable valor.

 

Concluyendo, podemos decir que en el círculo que se ciñe a la cabeza de la imagen aparece el contraste o marcas que son hechas con el punzón de acero mediante presión o golpe seco, generalmente de martillo, sobre la superficie de un objeto de oro o plata.  Esta contraseña está grabada en realce y negativo sobre el extremo de un punzón de acero para que pudiera aparecer la estampa sobre la superficie de la pieza en positivo y tener una lectura fácil.

El artesano encargado de grabar y excavar los punzones se llamaba incisor o abridor.

Las marcas garantizaban la ley de la materia prima.  Con Juan II de Castilla y los Reyes Católicos se publican las pragmáticas que regulaban la materia.

Habían de ser triples estas marcas: una de contraste garantizaba la ley legal del metal; otra de la localidad donde se fabricó o ensayó; y finalmente otra con la señal, emblema o nombre del platero que la fabricó.  Estas normas se cumplieron de manera muy desigual.

El contraste, como se decía, de la corona de la Virgen es de Salamanca (un toro pasante sobre un puente de tres ojos), al igual que muchas de las obras de orfebrería custodiadas en el museo interparroquial de Santa María.

El autor de la obra fue el platero Diego Gómez, que vivió en Salamanca en el siglo XVIII, pudiéndose datar hacia la segunda mitad del siglo XVIII (1760-1770) como la fecha más probable de ejecución de la corona.

 

Como colofón, al hilo de lo dicho y relacionado con ello por extensión, me impresionó hace meses leer en “El Norte de Castilla” la noticia de la afortunada restauración de una imagen de la Virgen, creo que Patrona de Laguna de Duero, del siglo XIV.  La nuestra es de “circa” la segunda mitad del siglo XIII y con importantes desperfectos (grieta central, dorados, y policromados desprendidos, sobre todo en las rodillas, repintes, etc.).

A la vista de ello, la pregunta que surge es: ¿Se debería hacer aquí algo semejante, una vez reconocida la talla por personas técnicas, para salvar o preservar la más antigua obra de arte de nuestro patrimonio religioso y cultural?

Afortunadamente hay personas amigas de Alaejos, especialistas en arte y de gran preparación científica que, como ya se ha hecho con buenos resultados, en obras pictóricas notabilísimas de Santa María, estarían, creo yo, dispuestas a dictaminar si la talla de nuestra Patrona merecería ser sometida a un proceso de restauración o consolidación, visto su estado.

Más de 500 años no pasan en balde sobre la madera de que está hecha.

Los daños muchas veces son irreparables, si se deja pasar el tiempo, y nosotros ya caminamos hacia el V Centenario (1990) del culto a la Virgen, que según el P. Juan de Villafañe, comienza en el año 1490 y así consta en su “Compendio histórico en que se da noticia de las milagrosas y devotas imágenes de la Reyna de los Cielos y Tierra, María Santísima, que se venera en los más célebres santuarios de España. Salamanca, año MDCCXXVI (1726)”.  Esta sería la ocasión más propicia para mostrar al pueblo la escultura de su Patrona de manera similar a como saliera de la gubia del desconocido artista que la talló.

 

Quede planteada así la cuestión que debe recibir la respuesta que proceda.  A reforzar lo que antecede, vienen las palabras del gran polígrafo español D. Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912): “Un pueblo viejo no puede renunciar a su cultura intelectual sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia... el día en que acabe de perderse (el espíritu religioso), España volverá al cantonalismo de los Arévacos y de los Vectones...”.   Los alaejanos tienen la palabra.

 

 

Septiembre 1986.

Adolfo M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Los señores de Alaejos hasta los Trastámaras", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1987.]

LOS SEÑORES DE ALAEJOS HASTA LOS TRASTAMARAS

(APUNTES HISTÓRICOS)

 

Según las Partidas de Alfonso X el Sabio (Partida 4ª, Título XXV, Ley 1ª): “Señor es llamado propiamente aquel que ha mandamiento o poderío sobre todos aquellos que viven en su tierra” y define el señorío la Ley 2ª del propio Título, diciendo que “de señorío e de vasallaje son cinco maneras.  La primera e la mayor es aquella que á el rey sobre todos los de su señorío a que llaman en latín merum imperium, que quiere decir tanto como decir como puro y esmerado mandamiento de judgar e de mandar los de su tierra.  La segunda es dan que han los señores sobre sus vasallos por razón del bien fecho e de la honra que de ellos reciben.  La tercera es la que los señores han sobre sus solariegos o por razón de vehatría o de devisa.  La cuarta es la que han los pares sobre sus fijos.  La quinta es la que han los señores sobre sus siervos”.

El señorío era posesión de tierras y núcleos de población por virtud de donaciones reales de territorios que se estimaba eran del Rey por razón de conquista; donaciones con las que se premiaban los servicios a la Corona.

Desde el punto de vista jurídico-social es una institución peculiarmente española, análoga al feudalismo, el cual no existió nunca en España, pero del que tomó caracteres.

 

I.  ALAEJOS, VILLA ROMANA

 

Probablemente el primer señor de Alaejos fue algún hispano-romano que fundó en estos pagos una villa o alquería, como otras tantas que proliferaron allá por el siglo III de nuestra era en la región del Valle del Duero como demuestran los recientes estudios de la zona y época por el profesor José Mª Salazar Sáinz, titular de Historia antigua de la Universidad de Valladolid en su obra “Romanización y germanización de la meseta Norte”.

De esta forma se fue creando una infraestructura básica con sus pozos, cisternas, cimentación de edificios, cercas de pared, roturación de terrenos, murallas o algún sistema defensivo.  Todo ello sería aprovechado para otras construcciones urbanísticas posteriores.

Tal vez su primer propietario, fundador y señor se llamara ALEJO, en latín ALEXUS, pues en las crónicas de Alfonso I de León, que datan del año 739, se conoce este lugar con el nombre de ALEXAMEO, que descompuesto pudiera proceder de Alexus meus; mi Alejo, mi finca de Alejo.  En femenino: Alexa mea.

 

II.  ALAEJOS, CAMPO GÓTICO

 

Tras la invasión germánica, es perfectamente presumible, que la villa del romano ALEJO, fuera convertida en una factoría para la explotación de madera a beneficio de la raza conquistadora, talando los bosques de hayas que circundaban el poblado.  Y de esta industria, recibe un nuevo nombre: ALFAGUELO (lugar de las hayas).

La voz germánica de ALFAGUELO se cita en la crónica de Alfonso III (año 866) referida a este lugar.  Su Señor sería por lo tanto algún noble visigodo que no quiso utilizar el viejo nombre latino de Alexus o Alexameo y le impuso otro germánico, aunque tal vez persistieran conjuntamente los dos topónimos, caso que no es infrecuente, pues bien pudiera tener la factoría nombre germánico y el pueblo nombre latino.

 

III.  ALAEJOS, CASTILLO ÁRABE

 

Tras la dominación árabe el Valle del Duero se vacía casi por completo de su población, convirtiéndose en una “tierra de nadie”.  Cristianos y árabes las recorrían con sus razzias y algaradas.

A pesar de ello y según el profesor Carlos Estepa (“El nacimiento de León y Castilla”), unos y otros establecían de forma esporádica algunas cabezas de puente o refugios para estas incursiones.  La duración sería más o menos efímera, según tuviera la hegemonía en la zona uno y otro bando.  En esta misma zona fueron los árabes los que prevalecieron, pues dieron nombre a Medina (=Ciudad), a Olmedo (Al-Medina=Ciudad de Alá) y otras.

Tal vez aprovechando las viejas construcciones romano-germánicas, construyeron aquí un castillo que los amparara, habitado con una población medio militar, medio agrícola, que vivía sobre la zona, al propio tiempo que la defendía.

El nombre del adalid sarraceno que construyó el castillo con cal y canto o a verdugadas alternantes de rojo ladrillo y piedras areniscas, no lo sabremos nunca, pero en el terreno de las hipótesis y tomando como base la etimología del topónimo, el nombre dado al castillo, pudiera haber sido AL-AIXA, ya que era corriente entre los moros el poner el nombre de su favorita a los lugares que fundaban: ALA AIXA, Aixa de Alá, Aixa de Dios…  Luego, por corrupción la “I” de pronunciación anterior, daría “E” y sería “ALAEXA”. La “A” fuerte se transformaría en “O” con lo que tendríamos ALAEXO, que al pluralizarse daría ALAEXOS, como reza en todos los antiguos documentos, al escribirse con ji griega “X”, la “J” castellana.

También pudo ocurrir, que persistiera el antiguo topónimo latino de ALEXUS, que al arabizarse dio ALAEXOS.  Es difícil este supuesto, dado el largo período de desertización de la zona, pero de ninguna manera imposible.  Así sabemos que la famosa y noble gens romana de los CASIUS, se arabizó en la no menos famosa estirpe de los BENICASIM.  El Señor de Alaejos pudo ser un moro que recordara a su lejana y amada Aixa.  ¿Documentos escritos de aquella época?  Ninguno.  ¿Vestigios arqueológicos? A la vista, ninguno.  Quizá se encontrara, mediante excavación, ruinas de algún viejo castillo árabe.

 

IV.  ALAEJOS EN LAS REVUELTAS MEDIEVALES

 

En la segunda mitad del siglo II, Alfonso VI conquista Alejos junto con otros pueblos de la zona, antes de la rendición de Toledo en 1085.  Según el profesor Julio González en su obra “Repoblación…” (Hispania, 1953) todos los núcleos de esta zona fueron creados por Raimundo de Borgoña por encargo de su suegro Alfonso VI.  Aprovechaba antiguos asentamientos, como lo era Alejos, que volvió a surgir del abandono en una fecha incierta, pero que estaría comprendida entre el 1085 y el 1107 en que muere el Conde de Galicia.  Los repobladores eran mudéjares, mozárabes, un gran contingente de franceses que había venido con el Duque Eudes de Borgoña: gascones, francos, bretones, borgoñones y provenzales.  En torno al castillo y a una pobre y humilde iglesia, volvió a surgir el pueblo.

Todo marchaba bien, hasta que el hijo del repoblador, Alfonso VII el Emperador, reparte, al morir, sus reinos.  Sancho manda ahora en Castilla y Fernando en León.  Alaejos está en un sitio peligrosísimo, cercano a la frontera entre ambos reinos.

De 1157 a 1229 acontecimientos bélicos rompen la estabilidad que había amparado el desarrollo de Alaejos.  En 1191, Alfonso XI de León invade la Tierra de Campos.  A su ejército se unen tropas musulmanas cordobesas.  Avanza talando y quemando pueblos.  Cae Alaejos.

Alfonso VIII de Castilla, respondiendo a la agresión de su primo el leonés hace lo mismo con los pueblos de la zona oriental, de Salamanca y Zamora.  La guerra se prolonga hasta 1229.  Alaejos reedifica y fortalece su castillo.  Es útil para estos tiempos.

La paz de Valladolid (27 de junio de 1209) da un respiro a estos pueblos fronterizos, pero a pesar de que las treguas se habían firmado por 50 años, poco después invade el rey leonés estas polémicas tierras de fronteras no bien definidas.  Vuelto el castellano de Las Navas de Tolosa en 1212, arde la guerra civil a la que pone coto la paz de 1213.

Que fue tan inútil como la anterior, lo demuestra el hecho de que en 1218 Alfonso XI ha de firmar nueva tregua en Toro, esta vez, con su propio hijo Fernando III, que era a la sazón rey de Castilla.  Pero la verdadera tranquilidad no llega para Alaejos hasta que el rey de León fallece en Villanueva de Sarria el 24 de septiembre de 1230 y los dos reinos hermanos se unen para siempre en la noble persona de Fernando III el Santo.

 

V.  EN PODER DE LOS TRASTÁMARA

 

Tras la pacificación, Alaejos quedó convertido en plaza fuerte, con inexpugnable castillo, gobernado en lo militar por un alcalde en nombre del Rey y en lo civil por dos alcaldes de gobierno y justicia.  El pueblo vivía al ritmo de sementeras y cosechas.

Es en la época de los Trastámara, en el caos intestino de una nueva guerra civil, cuando Alaejos vuelve a tener alguna prestancia, sobre todo durante el agitado reinado de D. Juan II en que Alaejos y su castillo sirvieron de asiento, unas veces al Infante de Aragón D. Enrique y otras al Almirante de Castilla, D. Alfonso Enríquez, así como más tarde al Almirante D. Fadrique.

El Rey, casa en Medina del Campo, el 10 de octubre de 1418, con Dña. María, hija del Rey de Aragón, Fernando de Antequera, de cuyo matrimonio nacería el príncipe D. Enrique, su heredero y sucesor.

El Infante D. Enrique, desde Alaejos, sale con una tropa a deshora de la noche y entra en casa de su cuñado y Rey en Tordesillas y prende dentro de ella a dos grandes señores de la Corte llevándoselos prisioneros a Alaejos.  El escándalo es grande, pero este Infante no deja de intrigar y molestar al Rey, hasta que al casarse con su hermana Catalina, recibe en dote el marquesado de Villena, dejando para siempre Alaejos.

Rival de D. Enrique fue su hermano D. Juan, Conde de Peñafiel, que deseaba tener la misma influencia en el reino y manejar al débil Rey a su antojo.

Más tarde, las justicias de Alaejos asisten a la jura del Príncipe heredero D. Enrique el Impotente, acto que tiene lugar en el refectorio del convento dominicano de San Pablo en Valladolid.

Gentes de Alaejos intervienen en la Batalla de Olmedo el 19 de mayo de 1445.  En estas fechas Alaejos es feudo del Almirante de Castilla, D. Fadrique.

En 1447 casa en segundas nupcias el Rey Juan II con Dña. Isabel de Portugal, futura madre de la Reina Católica.   La boda es en Madrigal en el mes de agosto de ese año.  El príncipe, disgustado con su padre, no asiste a la ceremonia y es D. Alonso de Fonseca, señor de Coca y Alaejos, arzobispo de Sevilla y luego de Santiago, quien se encarga de avenir al Rey con su hijo el Príncipe y al favorito del Rey, D. Álvaro de Luna, con el privado del Príncipe, D. Juan Pacheco.

Tras el acuerdo, decretan la prisión del Almirante D. Fadrique, antiguo dueño de Alaejos, que huye a Aragón y pide ayuda a Alfonso V en Nápoles.  D. Alonso de Fonseca casa en Córdoba en segundas nupcias a Enrique IV con Dña. Juana de Portugal el 18 de mayo de 1455.

Luego pasaría a manos de los Fonseca, con D. Hernando que fue Maestresala de D. Juan II y primer Señor de Coca y Alaejos y falleció el 13 de septiembre de 1463.  Le sucede en el señorío su hermano D. Alonso o Alfonso de Fonseca, nacido en Toro en 1418, fue Arzobispo de Sevilla y muere en “la su villa de Coca” el 18 de mayo de 1493.  La historia posterior ya es conocida por haberse tratado en un anterior programa de fiestas.

 

 

Alaejos, septiembre de 1987.

Adolfo M. Araújo y González

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Curiosidades históricas sacadas de los libros de la Cofradía de Pastores de la virgen de la Casita ", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1988.]

CURIOSIDADES HISTÓRICAS SACADAS DE LOS LIBROS DE LA COFRADÍA DE PASTORES DE LA VIRGEN DE LA CASITA

 

Hace algunos años tuve la oportunidad de examinar lo que pudiera llamarse archivo antiguo de la Cofradía de Pastores de Nuestra Señora de la Casita, que consta fundamentalmente de dos libros encuadernados en piel de becerro y escritos en papel de la época a manuscrito con tinta negra y con pluma de ave.   Su estilo es ingenuo y minucioso como corresponde a esta clase de documentos.

El primer libro está muy deteriorado, sobre todo sus primeras páginas debido a las humedades u otras causas.  Sería conveniente que los cofrades, previo oportuno asesoramiento, hiciesen lo preciso para su conservación.  Su antigüedad y lo que contienen lo merece.  Comprende del año 1712 a 1735.  En él aparecen cargos, datas y nombramientos de Diputados y Mayordomos y sucesos o acontecimientos.

 

Dicho lo anterior, vamos a hacer un recorrido cronológico por sus páginas y asientos, ya que el segundo libro no muestra mayor interés; y así, en el año 1713, se anota la entrada como cofrade de Nicolás López (pastor) y vecino de Siete Iglesias.  En este mismo año se pagó a los músicos 23 reales.  En 1714, 12 reales a tamboritero y danza.  En el año 1715 ya se especifica el número de músicos a los cuales se les pagó 12 reales.  Asimismo se pagaron 5 reales el día de la fiesta y víspera en “qüettes” y se abonaron 18 reales a la camarera para alfileres y colonia.  También se le abonan 120 reales a Pedro Araque, vecino de Siete Iglesias, por la “desa” (dehesa) y guardería del ganado de la cofradía.

En este mismo año se dieron 7 reales y un queso par un refresco a los danzantes que asistieron a danzar al acompañamiento y procesión y otros 7 reales al tamboritero para tocar a los danzantes.   También se dieron 177 reales para el refresco, bizcochos y vino en la víspera a todos los cofrades y Cabildo Eclesiástico el día de la función y en la comida pan y vino y aderezos que se da a todos los cofrades que asisten a ella y se incluye el gasto de “ornazos” (empanadas), a los Religiosos Descalzos de San Francisco del Conventos Extramuros de esta Villa, y tabaco que se da al predicador del sermón de la festividad de Nuestra Señora.  Se pasa al año 1716 y vemos que se anota la venta de lana, carne, pellejos y reses así como gastos de cera y “qüettes”.  En el año 1717 se gastaron 10 reales en poner llave, cerradura y compostura del marco de la urna de Nuestra Señora, así como 6 reales en dorar una cruz que hay sobre la urna.  Afianzar una visagra que se quebró en la capilla mayor, costó 10 reales y medio.  Quitar goteras, albañilería y obreros y otras menudencias, otros 10 reales y medio.  Obra de reparación de vigas en la Capilla Mayor hecha por Juan Castander, maestro de obras, vecino de esta Villa, 100 reales.  Obreros, 10 reales; maderas, 17 reales; clavazón, 8 reales; tejas, 4 reales; cal, 13 reales.

En el año 1719 se dio al predicador 10 reales y media libra de tabaco y una libra de colación.  También se pagaron 80 reales que costó hacer unas andas.

En el año 1720 se nombra capellán por los diputados de la cofradía el día 20 de junio a D. Francisco Velázquez, Presbítero Beneficiado de la Iglesia de Santa María, admitiéndole por cofrade de ella, posteriormente aprobado por la Vicaría de Medina del Campo con fecha 25 de julio del mismo año, para que goce de los honores y emolumentos que gozó D. Cristóbal Belázquez, capellán su antecesor, ni se le ponga impedimento ni embarazo alguno por ninguno de los mayordomos ni cofrades ni otra persona bajo la pena de excomunión maior y de 10 ducados.

En el año siguiente de 1721, se anotan ovejas muertas, las vendidas y también los carneros.

Se pagan 12 reales a los músicos por asistencia a la misa y procesión, y se da limonada, y se pagan 64 reales por trastejo y arreglo de goteras.

Por el cuarto nuevo que se está haciendo arrimado a la casa de la Ermita, comida para los señores sacerdotes, predicador, diputados y cofrades el día de la función, 135 reales; pagándose por colonias y alfileres a la camarera, 15 reales.   Por media libra de tabaco al predicador, 9 reales, y al tamboritero, 4.  Por libreas para los danzantes, 7 reales.

Por colación: bizcocho y arroz que se gastó la víspera y día de la función, 139 reales.  Por la misa, 60 reales, que se dieron al capellán.  En este año se pusieron también algunas celosías en las ventanas.

En los años sucesivos los asientos revisten igual o parecido tenor, finalizando el primer libro con una relación de los cofrades en el año 1712 y siguientes, de Alaejos, Nava del Rey, Fresno, Siete Iglesias, Torrecilla, Fuentelapeña, Cañizal y Vadillo de la Guareña.

Por lo que se deduce era una cofradía abierta a personas de los pueblos circunvecinos.  Hoy, parece ser, ha perdido tal ámbito, siendo sus cofrades vecinos de Alaejos exclusivamente.

 

Para terminar y como resumen de todo lo expuesto, debemos sacar como conclusión el respeto a la tradición y a la Historia (aunque ésta sea, como aquí, en tono menor), pues sólo se crea y se avanza bebiendo de nuestras propias fuentes.

 

 

Septiembre de 1988

Adolfo-M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Grandezas de Alaejos. El cardenal D. Manuel Arias Porres, hijo de la villa", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1989.]

GRANDEZAS DE ALAEJOS. EL CARDENAL D. MANUEL ARIAS PORRES, HIJO DE LA VILLA

 

Escribir la biografía de este clérigo, excedería los límites del espacio de que se dispone, que no es otro que el de un Programa Oficial de Fiestas Patronales, más apto para dar unas pinceladas y tratar de que su vida, lato sensu, sea divulgada y conocida por los que hoy habitamos el mismo pueblo donde él naciera y fuera bautizado.

La vida del Cardenal Arias coincide en gran parte, con la de los reinados de los últimos Austrias españoles, y fue componente de una familia de varios hermanos, algunos de los cuales fueron frailes como él.

Sus padres, de noble ascendencia, fueron D. Gómez Arias, de Fuentelapeña, provincia y diócesis de Zamora, partido judicial de Fuentesaúco, a la sazón distrito “vere nullius” (jurisdicción exenta de una Diócesis, con territorio, clero y pueblo propios y a cuyo frente está un Abad o Prelado nullius), perteneciente a la Orden de San Juan, y Dª. Catalina Porres o Porras, de Alaejos, con casa solariega conocida, que lucía en su portada el escudo de armas con las cinco rosas de los Arias y las cinco flores de Lis de los Porres.  Eran cristianos viejos, limpios de toda mala raza (moros o judíos) e hijosdalgos notorios.

 

Manuel Arias Porres fue bautizado en Alaejos el 12 de noviembre de 1638, según consta en el libro de bautizados de la Parroquia de Santa María (años 1634 a 1661).  Fueron padrinos Gaspar Pérez de Sotomayor y Margarita de Porres.  En nota margina de dicha partida se puso “fue Arzobispo de Sevilla, dos veces Presidente del Consejo de Castilla y Cardenal de la Iglesia Romana”.

Ocupó la Mitra sevillana de 1702 hasta su muerte en 1717.

Creado Cardenal de la Santa Iglesia Romana en 1713, obtuvo licencia para ausentarse de la Diócesis mientras durara su presidencia como Gobernador del Consejo de Castilla por dos veces.

La primera desde el 17 de diciembre de 1692 hasta el 27 de enero de 1696.  La segunda desde el 19 de mayo de 1699 hasta el 14 de noviembre de 1703.

Entre los títulos y distinciones honoríficas de este preclaro personaje destacan los de Caballero del Hábito de San Juan, Bailío de las encomiendas de Quiroga, Yébenez y El Viso (de la Religión de San Juan), Comendador de la Orden de Malta.

Respecto a su formación científica, se sabe que tenía una “entera posesión de las lenguas latina, francesa, italiana y española, perfectamente comprehensión  de las Matemáticas, Geometría, Aritmética, Geografía y Astronomía; una singular pericia de las Artes y Ciencias, Retórica, Lógica, Phísica y Teología Moral y Escolástica.  En Malta estudió Filosofía y se aplicó a la Teología y Cánones, llegando a poder disertar perfectamente en ambas materias”.

Era, según consta testificalmente en su expediente para la Mitra sevillana, “un sujeto de talento natural extraordinario” y lo mismo en su Orden que en el Estado, desempeñó por ello los más altos cargos bajo Carlos II y Felipe V.

 

De este singular personaje podemos contemplar hoy día su “vera efigie” en un cuadro pintado al óleo muy deteriorado enmarcado en negro, madera de 2,40 de largo por 1,40 de ancho, que se cuelga en el Coro Alto de Santa María y que le representa de cuerpo entero, de pie, vestido con los ropajes cardenalicios: roquete blanco y muceta y sotana rojos, tocándose la cabeza con el birrete propio de su dignidad eclesiástica.  Su edad es ya avanzada, como de unos 70 o 75 años.

Tiene la mano izquierda apoyada en una mesa cubierta con un paño o tapete de color morado con cenefa de hilos dorados, entre cuyos dedos sostiene una especie de documento plegado o billete, tal vez las Letras Apostólicas o Bula de nombramiento, en el cual hay unas letras escritas en negro que dicen: F Sor...; en la misma mesa descansa verticalmente una mitra blanca con bordes dorados o dos adornos de lo mismo verticalmente colocados, y una cruz de madera con un Cristo de metal.

Se ve también un tintero de cerámica del que sobresalen dos plumas de ave blancas; un sillón rojo frailero arrimado a la mesa y como fondo un paisaje compuesto de pilastra sobre la que va una base con fuste de columna y unas borlas y cordones muy del gusto de la pintura del barroco.

En el ángulo superior derecho, según se mira el cuadro, aparece un escudo que por su originalidad se blasona: escudo rectangular cuadrilongo partido: en el 1º.: en campo de azur, cinco estrellas octipuntadas de oro, colocadas de dos en dos en faja, y la quinta en punta y un creciente del mismo metal; y 2º.: en campo de azur, cinco flores de lis de oro colocadas como las anteriores.

El escudo está adornado de lambrequines, que aunque tienen que ser del color del campo del escudo (azules en este caso), son de color rosa, quizá por veleidad del artista que lo pintó; presenta adornos de pergamino recortado (siglos XVI-XVII, heráldica sedentaria).

El timbre es uno de los más curiosos que he tenido oportunidad de ver, pues lo hace con casco y burelete de antiguo hidalgo, del que sale un brazo desnudo, cuya mano sostiene por el ala el capelo cardenalicio rojo (que a su vez “surmonta” el casco) del que penden dos cordones sujetos al mismo por dos borlas y en cada uno de dichos cordones seis borlas en tres órdenes: 1, 2, 3 en rojo.

En buena ley heráldica, ya que el color del capelo y de las borlas y cordones es rojo, propio de cardenales, el orden de las borlas debería de ser en cinco órdenes: 1, 2, 3, 4 y 5: total quince borlas; o de lo contrario el capelo, cordones y borlas y en cada uno de dichos cordones seis borlas en tres órdenes: 1, 2 y 3, todo verde, propio de obispos.

La explicación a que se timbren estas armas (gentilicias, por otra parte y no eclesiásticas, con escudo en forma ovalada, como sería lo correcto), podría ser el que aunque desde sus orígenes quedaron los cascos excluidos para timbrar con él sus armas el clero y las mujeres, sin embargo, como el Cardenal Arias tenía entre sus muchos títulos el de Caballero del Hábito de San Juan, por extensión, timbrase sus armas con casco, que en origen es la señal más preclara de la Caballería.

No siendo así, no veo otra explicación, heráldicamente relevante, a no ser, de nuevo, la condición lega en heráldica del pintor.

En el escudo blasonado se ve, que siendo ya hombre de iglesia, conserva para su nuevo estado las flores de lis del linaje materno, a las que añade las cinco estrellas octipuntadas y el creciente (¿estarían relacionadas éstas con su sede hispalense o su origen alaejano y el creciente con su amor a la Virgen María?).

La pintura lleva en la parte de abajo una cartela o tarjeta escrita con letra negra en la que se puede leer lo siguiente: “El Emmo... Gran Canziller y enbaxador de ... Dos vezes Presidente de Castilla, Gobernador del Reyno, Arzobispo de Sevilla y Cardenal de la Sta. Iglesia Romana.  Bautizado en esta P... que le dedica esta expresión de...”.  Aparentemente no se ve firma del autor de la pintura.

 

Como queda dicho, el cuadro presenta grandes deterioros y sería de desear que se abogase por su restauración, recuperándose esta pintura tan significativa para el pueblo, así como la del Obispo que fue de Cuenca Dr. Fernández Vadillo, en bastante mejor estado, que se cuelga en la Sacristía de San Pedro y que fue un gran benefactor de Alaejos, tanto en el arte (retablo de la Capilla Mayor, Coro con sitiales de nogal y verja del mismo, cáliz gótico de plata sobredorada, verdadera joya de orfebrería del siglo XV, ternos bordados en oro y plata, seda, donaciones suyas), como en el campo de lo que hoy llamaríamos acción social a través del pósito de determinadas fanegas de trigo para socorrer al labriego de Alaejos necesitado y evitar que cayera en manos de la usura en los años de calamidad o mala cosecha.  De este Prelado aún se conserva su casa solariega que heredara de sus padres en la calle Calvo Sotelo (vulgo: “Cárcel”).

Con ello se conseguiría tener un pequeño elenco iconográfico de los hijos de esta villa que brillaron con luz propia por distintos motivos y al que habría que añadir la litografía o grabado que se conservaba en la antigua Asociación Cultural, de D. Antonio Hernández Morejón, Catedrático de Medicina, protomédico de los Ejércitos, publicista científico, etc.

 

¿Existirá en algún lugar fuera de Alaejos, alguna pintura o representación del militar Cristóbal Salamanqués, bautizado y enterrado en la Parroquia de Santa María, cuyo sepulcro cubre una losa de pizarra  blasonada en la nave del Evangelio; de Cristóbal Marqués, Gobernador de Gravelinas; de Juan Salamanqués, General y Gobernador de la Plaza de Olivenza; de D. Juan de la Puente, Presidente de Castilla; de Fray Lucas, fraile jerónimo, Prior de San Lorenzo de El Escorial y Obispo electo de Zamora; de D. Pedro Salamanqués, Obispo electo de Ávila y confesor del Emperador Carlos I; de D. Antonio Payno, Obispo de Orense y Zamora y Arzobispo de Sevilla; de Fray Miguel de Alaejos, Prior de San Lorenzo de El Escorial, del que se dice que llegó a levantar el tono de voz al mismísimo Felipe II?  Todos ellos fueron hijos de Alaejos.

Yo confío en que sí existirá alguna representación de su físico, pues muchas fueron sus virtudes y merecimientos.

Para concluir, inténtese salvar lo que se pueda de nuestro patrimonio cultural histórico-artístico, pues como dice la novelista Djuna Barnes en su libro “El bosque nocturno”: “rendir homenaje al pasado es el único gesto que abarca también el futuro”.

 

 

Alaejos, septiembre de 1989.

Adolfo M. Araujo y González.   

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Voces amigas (Campanas en Alaejos) I", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1990.]

VOCES AMIGAS (CAMPANAS EN ALAEJOS).

I PARTE.

 

La definición que se nos da de campana es la de “instrumento de metal en forma de copa invertida que suele ser herido por el badajo y sirve principalmente en los templos para convocar a los fieles”.  Procede del latín y a su vez de la región italiana de Campania donde, al parecer, se usó por primera vez.

Alaejos, Villa levítica como otras muchas hasta las desamortizaciones, llegó a tener, en sus mejores tiempos, un clero parroquial de 12 beneficiados en Santa María y 8 en San Pedro (amén del clero regular, 20 monjes, de Franciscanos Descalzos extramuros, cuyo convento fue destruido en la francesada), que atendían las necesidades espirituales de los feligreses de las dos iglesias antes dichas en cuyas esbeltas torres-campanario se albergan las campanas, esquilones y campanillas que luego se describirán junto con las de las Ermitas de la Virgen de la Casita y del Santísimo Cristo del Humilladero.

Es una pena que no haya llegado a nuestros días las de la Ermita de Santa Ana y las del Convento de Franciscanos Descalzos.

Con motivo de la reciente restauración de la Iglesia de Santa María, Fernando Pastor, Presidente de la Asociación de Amigos del Patrimonio Cultural de Alaejos, realizó una ordenación y selección de un pequeño resto de documentos que habían quedado sin incluir en la remesa que en su día se envió al archivo histórico de la Archidiócesis.

Entres esos documentos había un minucioso inventario de los bienes-muebles de la Iglesia de Santa María, cuya fotocopia me hizo llegar, correspondiente al día 20 de marzo de 1808.  ¿Estarían los beneficiados alarmados por los acontecimientos de la época, con un monarca irresoluto y un valido, Godoy, cada vez más contestado por el pueblo?  Sea como fuere el caso es que en el inventario que se confecciona por el mayordomo de fábrica Jacinto de Castro cumpliendo la comisión que le encargase el cabildo parroquial, reseña: 

“Primeramente tiene en la torre dicha iglesia una campana llamada la Grande con su cabeza de madera, guarnecida de barretas de hierro y tornillos que pesará sobre poco más o menos 100 arrobas.

Item: Otra campana llamada La Nueva con los mismos adornos que la anterior que pesará 50 arrobas poco más o menos.

It: Otra campana más pequeña llamada De la Asistencia con los propios adornos de maza y hierros, que pesará 30 arrobas poco más o menos.

It: Un esquilón llamado Del Cristo también encabezado con todo lo necesario, que pesará otras 12 arrobas poco más o menos.

It: Dos pascualejas sin cabeza que pesará cada una poco más o menos y ambas 20.

It: Hay en dicha torre 6 gualderas y 4 palos todo de negrillo para hacer los tablados cuando se componen las campanas.

It: Hay en dicha torre un torno de madera y una polea grande para subir las campanas”. 

Con motivo de los actos religiosos del V Centenario de la Virgen de la Casita, subí una tarde a la torre de Santa María y puede ver y comprobar “in situ” que actualmente hay 4 campanas con cabeza y una pascualeja por lo que se conservan casi las mismas inventariadas a principios del siglo XIX.

 

INSCRIPCIONES Y CARACTERÍSTICAS

 

1º.-  La campana llamada Grande o Gorda tiene las siguientes inscripciones: en la parte del vaso donde se inserta la maza o cabeza, y a su alrededor, en latín, lleva su nombre: “Santísima Asunción de María”.

En el vaso hacia su mediación: “siendo párroco el Sr. D. Martín Méndez Alonso y Administrador de su fábrica el Sr. D. Manuel Mena.  Me fundieron Acebo y Gargallo”.  No se ha podido constatar el año (lo que no quiere decir que no le lleve grabado del lado del vacío) aunque es probable que sea del siglo XVII.

Queda para otra ocasión medir el diámetro, perímetro y altura del bronce, medir su cabeza y el de las demás.   Su estado de conservación es aceptable, conviniéndole un ajuste general y pintar la cabeza.

El badajo es de forma tradicional, terminando la barra de hierro en una especie de porra insertándose en los enganches del interior de la campana por medio de cadenas y cuerdas.  El tono de esta campana puede ser el de la nota musical do o re (graves).

 

2º.-  Campana situada al lado de la Grande (llamada La Nueva).  Presenta una inscripción en la parte del vaso de donde arranca la cabeza, probablemente el nombre y que no he podido leer.

En el medio del vaso: “Hízose siendo cura párroco de esta Iglesia D. Leonardo Santana Cachero, su mayordomo Nicolás Santana, familiar del Santo Oficio, Diputados Manuel del Gadomal donado de José F. Méndez Badillo, Bernardo Casado.  Año de 1800.  Pedro Ruiz me hizo”.

Respecto al badajo vale lo dicho de la anterior.

Su estado de conservación es malo pues tiene rota alguna parte que impide su volteo aunque puede tocar en posición vertical.  Sería de desear su pronta y eficaz compostura, ajuste y pintura.  El tono puede ser el de sol o la.

 

3º.-  Campana situada a la izquierda según se entra en el recinto del campanario.  Tiene su cabeza y en el vaso se puede leer:  “Manuel Ballesteros y Lastra, año de 1784.  Párroco... Buitrón”.   Está en buen estado.  Respecto al badajo vale lo dicho y le falta pintura.

 

4º.-  Campana situada a la derecha según se entra en el recinto.   Lleva la siguiente inscripción:  “Hízose siendo beneficiado D. Pedro Herrero.  El mayordomo beneficiado D. Félix Martín Galindo, año de 1789”.  El badajo tiene el mismo sistema de inserción que las anteriores.  En la parte que da al vacío lleva una cruz latina con peana labrada primorosamente, no apreciándose si en los cuatro brazos de la cruz y peana lleva algo inscrito.  Su estado de conservación es bueno.

 

5º.-  Pascualejas o sin cabeza.  Había dos según se entra a la derecha y actualmente sólo queda una, ya que la otra se quebró y se desmontó hace tiempo.

 

6º.-  Campanilla llamada del Viático.  Es una campanita pequeña con su cabeza y herrajes.  No se ha podido ver si lleva inscripción.  Se tocaba cuando se salía a dar el viático a los enfermos moribundos.

 

Las campanas se tocan, bien desde el mismo campanario o desde la parte de abajo de la torre mediante cuerdas, y la campanilla desde el interior de la iglesia mediante su correspondiente cuerda o cadena.  Está situada en la pared de la fachada principal a la derecha del arco de la entrada en una “miniespadaña” que se adorna a ambos lados con pequeñas pirámides de cemento y en el centro un frontón.

 

CAMPANAS DE SAN PEDRO

 

De esta iglesia no se posee ningún inventario por lo que la descripción se hace con menos precisión que en el caso de Santa María.

 

1º.-  Campana Grande o Gorda.  Es una campana de la que se desconoce el peso y aparentemente no se aprecian inscripciones.  Su tono no es el grave de do o re.  Se conserva en buen estado, tiene su cabeza de madera y herrajes y como a todas no le vendría mal una buena mano de pintura en la cabeza.

 

2º.-  Campana situada a la derecha de la anterior o a la izquierda según se mira desde la Plaza Mayor.  Tiene cabeza de madera con todos los herrajes propios y en el vaso lleva inscrito:  “Se fundió en Octubre de 1898 siendo Alcalde D. Victorino Hernández y Párroco D. Tomás Caballero”.  En latín “fusas sonent...” “Ballesteros Lastra, Severiano e Justifio”.  Está bien conservada y su tono es agudo.

De esta campana, que algunos llaman de reloj, por creer que fue la que daba la hora de un hipotético reloj situado en uno de los dos huecos abiertos en el tercer cuerpo de la torre a modo de ventanas, se dice que su sonido es tan dulce porque cuando la estaban fundiendo, los presentes arrojaban a la colada monedas de plata para mejorar la calidad sonora.  Lleva un curioso dibujo en relieve que representa dos corazones flamígero-crucíferos entrelazados que pueden ser los Sagrados Corazones de Jesús y María y probablemente éste sea el nombre de la campana.

 

3º.-  Hay además otras tres campanas con cabeza de las que no he podido confirmar si llevan inscripciones o dibujos, y dos sin cabeza, que unos llaman pascualejas y otros esquilones.

 

4º.-  Campanilla del Viático.  Cumplía el mismo fin que la de Santa María.  Tiene su cabeza y está situada en el tercer cuerpo de la torre en uno de los ventanales que dan hacia el tejado (sur) mediante unos soportes “ad hoc”.  Se tañe desde el interior de la iglesia mediante una cuerda o cadena.

El sistema de toques de campanas es el mismo que el de Santa María.

 

 

Adolfo M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Voces amigas (Campanas en Alaejos) II", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1991.]

VOCES AMIGAS (CAMPANAS EN ALAEJOS).

II PARTE.

 

ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CASITA.

 

En una modesta espadaña se cobija la campanilla que según se me ha asegurado lleva inscripción con el nombre del donante y año e incluso tenga su nombre propio.  Se arregló hacia el año 1950, quitándosele la cabeza de madera y poniendo otra de metal.  Se toca desde el coro por medio de una cuerda antes de comenzar las funciones litúrgicas, y cuando se procesiona la imagen de la Virgen titular del Santuario.

 

ERMITA DEL SANTÍSIMO CRISTO DEL HUMILLADERO.

 

Colocada en su fachada y suspendida de una palomilla de hierro está una campanilla sin cabeza de la cual no puedo asegurar si lleva alguna inscripción.

¿Estuvo esta campanilla siempre ahí?  Porque, por la apariencia, parece que la ermita no tuvo espadaña y que aquella puede proceder de otro sitio…  ¿de la ermita de Santa Ana?, ¿del antiguo Convento de Franciscanos?, ¿de alguna de las torres?,  ¿fue un regalo?  Se tocaba  cuando alguna persona ofrecía una misa al santísimo Cristo.

 

ANTIGUA FÁBRICA-FUNDICIÓN.

 

Tenía su campanilla que en el orden civil regulaba la jornada laboral de los trabajadores.  Se sustituyó por una sirena y no ha vuelto a tocar.

 

TOQUES DE CAMPANAS

 

Eran el más importante medio de comunicación de masas en la sociedad tradicional.

Informaban sobre los hechos importantes para el grupo, emitiendo mensajes con notaciones especiales, temporales y de representación social.  La sociedad actual está organizada de manera muy distinta y los toques de campanas han perdido, en buena parte, su función de informar, de coordinar y de acompañar la mayor parte de los actos del grupo.

 

Aun a riesgo de dejar alguno en el tintero, los de mi generación todavía hemos alcanzado a oír los siguientes toques:

    1. de misa con su 1º, 2º y 3º
    2. de Alzar
    3. a la oración (ángelus)
    4. a la agonía
    5. a dar el viático
    6. doblar a muerto (varón o hembra, forastero o del pueblo, si era menor de edad a “din-din”)
    7. a sufragio (con sus distintas clases)
    8. a gordo o a pino
    9. repique general
    10. a hacer señal
    11. a misa en la ermita
    12. a confesar
    13.  a asustar al fraile (en Semana Santa)
    14. a gloria
    15. a fuego o alarma
    16. a espigar o vendimiar
    17. a bautizo
    18. a toro o vaca escapada (en fiestas), etc. 

Como toques antiguos pueden citarse:

    1. campana tañida
    2. campana repicada
    3. de asistencia (para miembros del cabildo y “cuatros”)
    4. contra el nublado, etc. 

Sería interesante recoger en cinta magnetofónica todos los toques que se sepan, así como fotografiar o tomar en vídeo el campanario, campanas, posición de las manos, cuerpo, pies, etc., del que toca las campanas.  En una fase más avanzada podría pensarse, puestos a rizar el rizo, en organizar un concierto de campanas como se ha hecho con éxito en algunas ciudades próximas de Castilla la Vieja.

La razón es que poseemos una riqueza patrimonial en campanas nada desdeñable, con unos timbres sonoros muy buenos, que tienen sus vasos en muy buen estado de conservación, y a las que debemos cuidar como cosa propia para poder seguir oyéndolas como en los actos del V Centenario Casitista.

Afortunadamente los toques de campana están arraigados en Alaejos y forman parte de nuestro hacer cotidiano.  Nos hemos acostumbrado, en suma, a oír estas voces amigas que convocan a los vivos y evocan a los muertos.  ¡Qué formidable sensación y qué serenidad de espíritu produce, en las atardecidas de los calurosos veranos de esta tierra llana, oír un cadencioso toque de oración o el “cuasi” parlante de sufragio cuando el sol se pone y las bandadas de vencejos cruzan el aire con sus características evoluciones!

 

Y para terminar permítaseme traer a colación la bellísima balada “La Campana” en la que Juan Cristóbal Federico Schiller (1759-1805), va describiendo la fundición de uno de estos instrumentos, que comúnmente se hacían en la misma población donde iba a ser colocada y a la que asistían los lugareños y las autoridades civiles y eclesiásticas: 

“Afianzado en el suelo fuertemente

ya el molde está de recogida greda:

hoy fabricada de campana queda,

obreros, acudid a la labor.

Para que el horno actividad recobre

trozos echad en él de seco pino

y, oprimida la llama, su camino

búsquese por la cóncava canal.

Luego hierva el cobre,

con él se junte y obre

estaño que desate el material

en rápida corriente de metal.

Esos cañones negrear miramos:

pértiga larga hasta la masa cale;

que si de vidrio revestido sale,

no habrá para fundir dificultad…

¿Se habrá perdido el bronce?

¿Habráse roto el molde?...

Recibid el martillo hiera:

salte la chapa entera.

La campana veréis resucitar,

cayendo su cubierta circular.

Con el bramido del trueno,

con ciego y bárbaro impulso

estalla, y la angosta cárcel

quiebra en pedazos menudos;

y cual si fuese una boca

de los abismos profundos,

estragos tan solo deja

en el lugar donde estuvo.

Ved salir de la rústica envoltura,

como dorada estrella que fulgura,

terso y luciente el vaso atronador.

Del borde a la cabeza

relumbra con viveza,

y el escudo estampado con primor

deja contento al hábil escultor.

En medio del éter puro

suspensa debe quedar;

y vecina de las nubes.

Ahora, con el cable retorcido,

salga del foso ya

y ascienda se ha movido:

ya suspendida está,

¡Resuene, oh patria, su primer tañido

con la gozosa nueva de la Paz! 

Campanas, toques, silencios.  Todo es tiempo, todo se pasa… “Laudate Domino in cimbalis bene sonantibus!  nos gritan las campanas de Alaejos.

 

 

Adolfo M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Fray Juan de Alaejos (1687-1752), monje y músico insigne", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1992.]

FRAY JUAN DE ALAEJOS (1687-1752), MONJE Y MÚSICO INSIGNE.

 

Habiéndose celebrado durante este año, por otra parte tan significativo en otros eventos, la 3ª fase del proyecto “Las Edades del Hombre”, sobre la Música en Castilla y León, en el sin par recinto de la “Pulchra Leonina”, con una afluencia de visitantes que superó el millón, parecía oportuno que, ya que Alaejos se encuentra en el espacio geográfico castellano-leonés, se diese a conocer que allá a finales del siglo XVII nació en nuestra villa el que con el tiempo sería Fray Juan de Alaejos, cuya biografía, tomada a retazos de distintas fuentes, se ofrece abreviada a continuación para honra de nuestro antiguo convecino y estímulo de presentes o futuros seguidores de Terpsícore.

Fue uno de los artistas músicos más importantes que han vestido el hábito monacal.

Su partida de bautismo dice literalmente: “En diez del mes de marzo de mil seiscientos y ochenta y siete años, Yo, Manuel de Velasco Gómez, beneficiado y cura de la iglesia parroquial del señor San Pedro de esta Villa de Alaejos, puse los Santos óleos e hice las demás ceremonias que manda la Santa Madre Iglesia Romana, a Juan, hijo de Benito Bello Torices y de Ana Pérez Bravo, su legítima mujer; fueron sus padrinos Antonio Bravo y Lucía de Rivera bautizóse en su casa por necesidad, fueron testigos los licenciados D. Felipe Merino y D. Antonio Moro, y para que conste firmé dicho día ut supra.- Manuel de Velasco Gómez”.

 

D. Benito Bello de Torices, su padre, era hidalgo con ejecutoria dada a sus antecesores por los Reyes Católicos en el año 1498; era natural de Benavente (Zamora), músico tenor y Maestro de Capilla, residiendo después en Alcalá de Henares desde el año 1690 o 1691 como Maestro de Capilla de la de San Justo y Pastor; y cuando en el año 1706 se dio la Real Orden de alistamiento general para el ejército, D. Benito presentó su carta ejecutoria al ayuntamiento de Alcalá, siendo, a título de hidalgo, eximido del servicio de las armas, por sí y por su hijo.  Su esposa Ana Pérez Bravo, era natural de la villa de Alaejos, provincia de Valladolid.

Los abuelos paternos de Fray Juan fueron Juan Bello, natural de Lago (León), quien fue durante muchos años alguacil mayor y mayordomo del Conde de Benavente, y que tuvo por esposa a Teresa Torices, natural de dicho Benavente.

Los abuelos maternos fueron Alonso Pérez Daza, natural de Zarratón (Logroño), casado con Isabel Bravo, natural de la dicha villa de Alaejos, donde él, Alonso, residió algunos años siendo Maestro de Capilla y pasando después a serlo también de las Catedrales de Vitoria, Málaga y Córdoba.

Así pues, nuestro Fray Juan era, por ambas líneas, paterna y materna, heredero del amor a la música, del cual dio muestras evidentes desde sus primeros años.

Llegaba apenas a la edad de trece años cuando ya cantaba en buena voz de tiple y poseía conocimientos musicales muy extensos por lo que su padre pretendió que ingresara en el coro de la catedral de Toledo, cuyo deán y cabildo mandaron instruir la correspondiente información de limpieza de sangre, y aprobada esta, se concedió con fecha 10 de diciembre de 1700 la plaza de seise de dicha catedral al futuro monje que entonces se llamaba Juan Bello de Torices.

Más de cinco años estuvo Juan desempeñando su plaza en Toledo con general aceptación; cuando habiéndose inclinado al estado monacal, tomó el hábito en el Monasterio de El Escorial el día 8 de noviembre de 1706, firmándose entonces fray Juan Bello de Torices.

Después de unas informaciones abreviadas, hizo su profesión solemne en 13 de noviembre de 1707, firmándose desde aquel día en adelante Fray Juan de Alaejos.

 

De su vida y trabajos en El Escorial se hallan datos curiosos en el Obituario inédito del monasterio y en el manuscrito del bajonista Rodríguez.  Dice el primero: “Cuando tomó el hábito, tenía muy buenos principios de la música, por lo que después de profeso le enviaron a Madrid para que se perfeccionase en la composición, lo que confirmó porque era un genio grande y de buen gusto en lo que compuso, aunque no fue mucho, o ya por sus achaques, o por algún generillo de pereza, pues nos parecía a todos que pudiera haber trabajado más”.  El segundo se expresa en estos términos: “Fue de entendimiento clarísimo, excelentísimo compositor de música pero cuyas obras fueron desgraciadas en su tiempo pues precisándole a que había de componer y después copias (cosa la más sensible para los compositores) y no teniendo papel competente ni tiempo ni copiante, todas salían en mal papel y llenas de enmiendas, porque padeciendo, además de lo dicho, fluxión de la vista, no podía escribir; pero habiendo después copiado algunas obras suyas, se descubre que ni D. Sebastián Durón, ni D. José de Torres, Maestros de la Real Capilla, escribieron con mayores fondos ni mayor gusto.  Dedicóse también a la poesía, en que descubría sutileza”.

En el Archivo de El Escorial se conservan aún más de treinta obras suyas.

El P. Alaejos desempeñó durante muchos años, además del Magisterio de Capilla, los oficios de hospedero y portero del Colegio, a satisfacción de todos, hasta que por fin le atacó un tabardillejo (fiebres malignas), que al pronto no presentaba gravedad, pero que le causó la muerte el 23 de diciembre de 1752, siendo enterrado en la sepultura nº 11, que se halla en el patio del refectorio.

 

Finalmente sólo resta decir que, conservándose aún obras de nuestro ilustre alaejano y contando con dos extraordinarios órganos barrocos del siglo XVIII en nuestras iglesias parroquiales, sería de todo punto interesante poder conmemorar el día 23 de diciembre del año en curso o en días anteriores o posteriores, con un concierto de órgano monográfico, a él dedicado, en el 240 aniversario de su muerte.  Confiemos en ello haciendo realidad el adagio latino: “Iteratae preces coelum tangunt”

 

 

Alaejos, septiembre 1992.

Adolfo M. Araujo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Relojes de sol de Alaejos. Arte y cultura urbana", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1993.]

RELOJES DE SOL DE ALAEJOS. ARTE Y CULTURA URBANA

 

En Egipto y antes en Babilonia ya existían.  En Inglaterra o Francia, las grandes alineaciones megalíticas no sólo representaban relojes de sol, sino también calendarios.  En España, el período de coexistencia con los árabes, para quienes eran de gran importancia, deja notar su influencia a este respecto.  Y ahora, que en nuestra Patria casi todo sucede bajo el sol, es una contribución más a la reconstrucción de la cultura urbana.

 

En lo que a relojes de sol (del latín: solarium per reflexos radios horas indicans horologium) se refiere, hay que tener presentes dos términos fundamentales: “gnomon o nomon” y “estilo”.  Con ambos se denomina al indicador o varilla de un reloj solar, es decir, el elemento cualquiera alargado que proyecta su sombra sobre una superficie plana y horizontal, destinado a indicar, en relación con la longitud de la sombra de dicho elemento, la altura del sol o de la luna sobre el horizonte y su orientación, o lo que es lo mismo: la hora.  Con una diferencia, nomon se utiliza cuando el elemento es vertical y estilo cuando tiene una inclinación concreta y determinada.

El nomon es conocido desde la Antigüedad.  Según Diógenes Laercio, Anaximandro fue el primero que lo empleó en Grecia.  Según Herodoto, fueron los caldeos quienes lo inventaron.  En Roma, en tiempo de Augusto, se estableció uno en el Campo de Marte, utilizando un obelisco traído desde Egipto, que tenía más de 30 metros de altura.  Más próximos, cabe citar en nomon de la Iglesia de Santa Petronia, en Bolonia, construido en 1653 por J. D. Cassini, y el de la Iglesia de San Sulpicio, en París, establecido por Lemonnier en 1774.

De ahí que los relojes de sol sean llamados nómones y el arte de construirlos se conozca por nomónica.  Ciencia que los árabes desarrollaron mucho dejando numerosos tratados a través de las escuelas de traductores.  Los libros del Saber de Astronomía de Alfonso X el Sabio, son buen ejemplo de ello.

Los más antiguos aparecen generalmente en construcciones religiosas.  Sin embargo en Galicia, en los tejados de los hórreos se ha encontrado en un extremo una cruz y en el otro una piedra circular o cuadrada, comprobándose en muchos casos que se trataba de un reloj de sol.  También en las Islas Baleares las famosas Tablas parece que pueden ser interpretadas como elementos de este tipo.

 

En nuestra Villa existen aún dos relojes de sol situados ambos en una y otra Iglesia, y hasta no hace mucho tiempo hubo otro en la Ermita de Nuestra Señora de la Casita, donde aún se puede ver el lugar en el que estaba colocado.

 

RELOJ DE SOL DE SANTA MARÍA

 

Situado debajo de la cornisa del primer cuerpo de la torre, orientado hacia el mediodía (atrio).  Está hecho de piedra arenisca, en bastante buen estado de conservación.  El cuadrante (equivalente a la esfera) lleva una inscripción grabada que corre por el lado superior del cuadrado de piedra de que está hecho y que reza así: ABE + MARÍA (sic) siendo la cruz entre ambas palabras “paté”.

En los lados, de izquierda y derecha, y en la base del cuadrado, están grabados los números (horas).

Tiene su gnomon o varilla metálica para proyectar la sombra del sol sobre la numeración correspondiente que son las horas enteras, estando representadas las medias por un punto entre ellas.  Por la forma de los números árabes y demás características podría datarse a finales del siglo XVI o principios del XVII.  Este reloj fue restaurado tiempo atrás por la Asociación Amigos del Patrimonio Cultural de Alaejos (A. P. C. A.).

 

RELOJ DE SOL DE SAN PEDRO

 

Está situado en un contrafuerte de la fachada principal que da a la calle de Lucas Martín.  Tiene forma rectangular y es también de piedra arenisca y la “esfera” es similar a la del anterior, aunque más deteriorada, apareciendo una inscripción con la fecha 1633, una cruz latina grabada en el centro y a la izquierda unas palabras casi ilegibles desde la calle.  El gnomon metálico está desprendido de su anclaje superior, por lo que marca la hora relativamente exacta.  Convendría restaurarle al igual que se ha hecho con su hermano de Santa María.

 

RELOJ DE SOL DE LA ERMITA

 

El que esto suscribe conoció su reloj solar.  Estaba colocado en el cuerpo semicilíndrico a la derecha, según se entra, y orientado a la fachada de la portada con la inscripción en letra gótica.  Era de mármol blanco y de pequeño tamaño (hoy se ve el lugar que ocupaba).  Este reloj fue destruido hacia los años 60 ¡a pedradas! por la vesania iconoclasta, lo digo con pena, de algunas personas, es de suponer que más por ignorancia que por otra cosa.  Los trozos de mármol estaban hasta hace poco desperdigados por los alrededores.  Es una lástima que este vestigio del siglo XVIII o XIX se haya perdido de una manera tan brutal.  Merecería la pena la reposición de una réplica.

 

En el terreno de las suposiciones, parece probable que tal vez hubiera habido algún otro en el CONVENTO DE FRANCISCANOS DESCALZOS o en el CASTILLO-FORTALEZA, ya que eran edificios de relieve y ocupados y visitados por muchas personas.

 

La conclusión que de todo lo que antecede debe sacarse es que es preciso hacer cuanto esté en nuestra mano para restaurar, rehabilitar, reconstruir, conservar, en suma, nuestro patrimonio histórico artístico, cultural “lato sensu”, del que Alaejos es poseedor en grado notabilísimo.  Bastante se ha conseguido ya en cuanto a bienes muebles y especialmente inmuebles se refiere, del caserío municipal en las diversas actuaciones urbanísticas.  Se debe seguir incidiendo en esta tarea apasionante sin desmayo, con la vigilancia y disciplina necesarias.

Nuestra Villa no debe olvidar su pasado, sino revitalizarlo mediante su constante revisión crítica.  Quizá la historia de Alaejos no sea una historia blanca, pero tampoco es una historia negra.  Parafraseando a Unamuno (1864-1936), diríamos, que como toda realidad humana, tiene sus claroscuros.  Y si un pueblo no quiere estar condenado a la frustración, debe recordar sus raíces, porque, como ya decía Vázquez de Mella (1861-1928), “los pueblos se casan con la muerte, cuando se divorcian de sus raíces históricas”.

Se puede y se tiene que recuperar el tiempo perdido en esta labor ingente, para lo cual exclamaremos con el clásico: “Adhuc affulget salutis spes”, que en román paladino significa: aún no está la esperanza perdida, todavía hay sol en las bardas.

 

 

Ávila, agosto 1993.

Adolfo M. Araújo y González.

 

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Atributos o insignias de las autoridades de Alaejos: Bastones de mando", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1994.]

ATRIBUTOS O INSIGNIAS DE LAS AUTORIDADES DE ALAEJOS: BASTONES DE MANDO.

 

INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

 

Etimológicamente deriva de la voz latina Baculus-i y según don Javier López, especialista en la materia, las grandes culturas antiguas nos han dejado testimonio del uso del bastón como atributo del poder.

Los bajo-relieves del Persépolis representan con él a sus reyes.  Los dioses griegos y sus héroes hacen uso de tal símbolo.  Prometeo ocultó en su báculo el fuego sagrado.  En la tradición judía, la serpiente-bastón y el bastón que florece y fructifica son más que símbolos.

Los egipcios aparecen representados con tal atributo.  La insignia de los cónsules romanos era una colección de bastones (los fasces).  Hadas y magos guardaban siempre parte de su poder en su varita mágica.  En la Iglesia Católica los báculos episcopales y los cetros son símbolos de autoridad.

Como bastones famosos cabe citar el que Napoleón llevó en su coronación como Rey de Italia, en bronce dorado y marfil con la mano de la justicia.

En Dresde, está el de Mariscal de Corte polaco incrustado de piedras preciosas.  El Tesoro Imperial de Baviera guarda la Vara de San Huberto, de madera barnizada en verde y escudo de porcelana hecha en 1708.

En España los retratos pintados de Felipe II y del Duque de Alba, llevan ya el bastón de mando, aunque pregonando la austeridad española de la época pues no se aprecian ni gemas ni metales preciosos.

En Dinamarca el bastón de Federico II es de madera con incrustaciones de metal y data de 1587.  El bastón del Archiduque Carlos y Primer Consejero de Alemania, es de caña de indias con conteras de oro e incrustaciones de turquesas y rubíes y el del general alemán conde de Tilly (1559-1632), está cubierto de escamas de nácar y placas de oro con esmaltes policromos.

El del Emperador Fernando III era de marfil torneado con un medallón de oro cubierto de esmaltes y rodeado de 93 rubíes, pudiendo usarse como telescopio y fue regalo de su esposa la Emperatriz María Eleonora.

El bastón de mando del turco Kora Mustafá, que puso cerco a Viena, estaba recubierto de ágatas y calcedonias con el mango de oro y turquesas.

Enrique VIII de Inglaterra tenía uno cubierto de placas de oro y en el interior de su mango contenía en miniatura: un frasco de perfume, un reloj de sol, unas pinzas, un compás, una regla, una cuchilla y una lima, todo ello de oro, amén de una piedra de toque sobre montura del mismo metal.

El inventario que se hizo en 1619 del tesoro de la Cámara Imperial de Viena, nos describe preciosos ejemplares entre los que destaca uno “de hueso de jibia de la India, con una lámina de oro en la parte superior a la cual estaba unida una anilla que tenía engarzados, además de un precioso diamante y un no menos bonito rubí, un buen número de hermosos zafiros, esmeraldas, ópalos, amatistas, topacios y crisólitos”.

Federico Guillermo I de Prusia, acostumbrada a usar las alhajas de su padre, los bastones que tenían gran cantidad de diamantes, poseyendo uno con 5 brillantes grandes y 23 pequeños y otro con el puño formado por cáscaras de coco, encima del cual, destacaban un brillante y 8 granates.

 

BASTÓN DE MANDO DEL SEÑOR ALCALDE-PRESIDENTE

 

Tiene las siguientes características:

Longitud total: 87 centímetros.

Longitud del puño: 4,8 centímetros.   Es de buen metal dorado con ocho lados de los que cuatro son lisos y los otros cuatro, alternando, están adornados con grabados en forma de rombos y alrededor con puntas de hojas pequeñas hacia la meseta, en la que se halla una inscripción en letra inglesa muy desgastada que dice: Alcalde Constitucional de Alaejos.

Longitud de la contera: 3,7 centímetros.  Es de metal dorado.

Clase de madera: Caña de indias o caña española como se la llamaba en el resto de Europa, barnizada de oscuro.

A pocos centímetros del puño, sale del taladro, cuyas bocas se adornan con ovalillos de metal dorado, el cordón de hilos mezclados de oro y seda negra que, trenzándose alrededor de la caña, remata en sendas bellotas de lo mismo.

Este bastón puede datarse en el último cuarto del siglo XIX (circa 1890), está en buen estado de conservación, tiene excelente caña y se da la nota curiosa que ha sobrevivido a los diversos regímenes políticos y sus inevitables avatares, que en el pasado inmediato ha habido en España, Monarquía de Alfonso XIII, Directorio Militar de Primo de Rivera, II República Española, Caudillaje del Generalísimo Franco y actual Monarquía Parlamentaria, por lo que podría considerársele ya como una pieza protegida por la Ley de Patrimonio vigente.

Parece ser que en el Ayuntamiento de nuestra Villa, hubo por los años 1940 a 1950 otros bastones de mando correspondientes al 1º y 2º Teniente Alcalde que eran menos gruesos, con el puño plateado y sin cordones, los cuales no han llegado a nuestros días.

Las Corporaciones que lo tienen establecido, usan además la medalla o collar con el escudo del municipio como complemento.

 

BASTÓN DE MANDO DEL SEÑOR JUEZ DE PAZ

 

Sus características son similares a la del anteriormente descrito, aunque algo más largo.

El puño es de metal dorado liso, en el que se aprecia en su meseta un medallón de plata de ley, en su color, con el nombre y apellidos del donante grabados, así como el año del regalo.  Presenta también en la bellísima lengua del Lacio las siguientes frases grabadas: Jus est ars boni et aequi (D. 1,1);  Frangam non flectam; y en español, Juzgado de Paz de Alaejos, en distintos tipos de letra todo ello.

La contera imita a cuerna y la caña es de madera autóctona, quizá olmo o haya barnizada de oscuro.

Debajo de la empuñadura lleva el cordón de seda negra y roja mezcladas que remata en sendas bellotas, símbolo de la Justicia (negro) y el Derecho (rojo).

 

El uso de las insignias descritas viene regulado por las correspondientes disposiciones administrativas y protocolarias, que aquí sería prolijo enumerar, y por los usos y costumbres tradicionales.

Finalmente, aunque es sabido el aforismo latino: “cucullus non facit monachum” (el hábito, la capucha no hace al monje), sin embargo no es menos cierta la segunda parte... “sed adjuvat” (pero ayuda), y que ostentar unos atributos más o menos rimbombantes, no hace a la Autoridad más o menos eficiente, sino que al ser símbolos de distinción o mando, deben contribuir a que esa Autoridad, se sienta obligada a ser digna de portarlos, a través de sus rectas obras y actitudes, como suele suceder en la mayor parte de los casos, conjugándose así la Auctoritas y la Potestas, que en opinión del eximio historiador del romanismo Theodor Mommsen (1817-1903) no era otra cosa sino “más que un consejo y menos que una orden”.

 

 

Ávila, agosto de 1994.

Adolfo M. Araújo y González.c

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Las órdenes militares de caballería en la heráldica del estado noble de la villa de Alaejos", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1995.]

LAS ÓRDENES MILITARES DE CABALLERÍA EN LA HERÁLDICA DEL ESTADO NOBLE DE LA VILLA DE ALAEJOS

(Breve comentario de la más antigua: la Orden de Santiago)

 

Como advertencia preliminar hay que decir que intentar exponer en pocas palabras una visión global del panorama historiográfico de las Órdenes Militares, no es empresa fácil, por lo que la síntesis expositiva ha sido, en consecuencia, de obligado cumplimiento.

Dichas Órdenes se establecieron por lo regular, para hacer la guerra a los infieles (la morisma) y cada una tiene insignia, cruz o venera que las distingue, así como sus reglas y constituciones.

 

En España había cuatro: Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.  Sus miembros se hallaban unidos por vínculos de carácter religioso.

En principio fueron consecuencia y prolongación de las Cruzadas del Siglo XI.  De las extranjeras se pueden citar la de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, la de los Templarios y la Orden Teutónica.

A partir del siglo XIII sufrieron un proceso de aristocratización y muchas de sus casas y enormes riquezas se convirtieron en feudos nobiliarios.

Después de una larguísima vida les llegó su decadencia pues fueron los Reyes Católicos los que incorporaron sus maestrazgos a la Corona, siendo los monarcas españoles Grandes Maestres de las cuatro Órdenes hasta que la II República Española las abolió y disolvió formalmente junto con los títulos del Reino (restablecidos en el año 1848).

En la actualidad las Órdenes Militares revisten la forma jurídica de asociaciones (ad honorem) y sigue siendo su Gran Maestre el Rey de España.

 

MONTESA: Orden Militar de Caballería creada en 1317 por Jaime II de Aragón.  Vino a sustituir a los templarios disueltos en 1308 por el Papa Clemente V.  Su misión era defender la frontera de Valencia de los ataques de los musulmanes.

En 1400 se le unió la de San Jorge de Alfama y en 1587, Felipe II incorporó su maestrazgo a la Corona.  Venera-Cruz: florada de sable cargada de cruceta de gules.

 

CALATRAVA: Orden fundada en tiempo de Sancho III de Castilla en 1158.  Venera-Cruz: florada de gules.

 

ALCÁNTARA: Orden creada a semejanza de los templarios en 1154 para luchar contra los árabes.  Adoptó la regla cisterciense.  Venera-Cruz: las mismas que Calatrava pero de sinople.

 

SANTIAGO: Orden Militar de Caballería fundada por Fernando II de León para proteger a los peregrinos que iban a Santiago de Compostela, hacia el año 1137.  Su título oficial era “Ordo Militiae Sancti Iacobi de Spatha”.

La iconografía figura al Santo Patrón Santiago atropellando a la morisma en hábito de peregrino aliviando enfermos e incluso como redentor de cautivos.  La “leyenda áurea” del Apóstol le ensalzaba como valiente caballero protector de peregrinos, médico excelente y maravilloso libertador.

La Orden de Santiago tiene su pleno sentido entroncándola con la vita apostólica canonical.  No se ajusta exactamente al esquema común de Orden Militar: monje-soldado.

Cobija al frater célibe y a toda la familia del frater casado.  El Maestre ampara a las viudas, doncellas e hijos de los caballeros de la Orden.  Los clérigos se asocian a los laicos y forman juntos un cuerpo de religión.

El santiaguista clérigo, canónico regular de San Agustín, asociado a laico, fomenta el bien espiritual de los fratrum y lugares de la Orden; enseña letras a los hijos de los caballeros, etc.  Las anteriores singularidades no encajan dentro del clásico patrón de orden militar porque dentro de la Orden caben laicos y clérigos, hombres y mujeres célibes y casados y para la entera familia.

Se organiza la vida canonical, según los primeros cristianos en Jerusalén.  Revalorización de la pobreza, trabajo con las propias manos y servicio común de las riquezas, los clérigos se entregan a la “cura animarum”, los laicos ejercitan las obras de misericordia.

 

Circunstancias religiosas, políticas y militares hicieron que la Régula Vetus se mostrara  insuficiente para el cumplimiento de los fines de la Orden y fue el Cardenal Alberto de Morra, futuro Papa Gregorio VIII, antiguo canónigo regular de San Agustín que recibía puntualmente su vestuario todos los años, quien arbitró la fórmula jurídica adecuada con la Régula Nova sustrayendo la Orden de la autoridad diocesana y situándola bajo protección pontificia añadiendo el privilegio de iglesias propias.

Equilibra el gobierno singular fuerte y centralizado: Maestre y Comendador con un gobierno colegial vigilante: Treces y Capítulo General.

Los Visitadores unen el Capítulo General con la Orden y el Prior de los clérigos asiste providente en los relevos, muertes o posibles destituciones de los Maestres.

Bajo la vigencia de la Régula Nova la vita apostólica cobija personas singulares y familias enteras.  El frater casado y profeso de la Orden no podía descuidar su familia.  Se entregaba a la Orden y esta le proporcionaba el pan, el agua.  El frater podía descansar en la Orden sus cuidados y preocupaciones familiares.  Sus hijos recibían educación de la Orden hasta los quince años, después decidían libremente quedarse o retirarse con lo suyo.

Si el caballero santiaguista marchaba contra los moros, su esposa quedaba a buen recaudo esperando su vuelta en un Monasterio de la Orden; si moría, la providencia del Maestre velaba sobre su viuda y huérfanos y generosos sufragios aliviaban el paso de su alma a la eternidad.

 

Así pues la Orden supera limpiamente el siglo XII.  Avanzado el siglo XIII, dificultades varias entorpecen su desenvolvimiento y comienza su decadencia.

La razón especuladora organiza y disciplina la ciencia y la vida.

La vita apostólica pierde fluidez.  Llega el relevo para los canónicos regulares de San Agustín y sus laicos.

El empuje demográfico y urbano, amargas experiencias laicales en la Iglesia requieren nuevas fuerzas: las Órdenes Mendicantes y sus laicos encuadrados en las Órdenes Terceras envejecen a sus predecesores; arrastran el humus espiritual de la vita apostólica canonical.

El laico cede terreno ante la preponderancia del clérigo.  Las Órdenes de Penitencia clasifican ordenadamente tres clases de miembros y en la creencia de “Clericis laicos semper infestos”, la Orden Celeste Real y Militar de la Merced para redención de cautivos transforma, contra la letra de la regla, su carácter laical en clerical.

A mayores, el ambiente desfavorable, querellas intestinas, etc. empujan el declinar de la Orden que mantiene la letra de su Regla pero es incapaz de encauzar una vida que desborda su gobierno engolfándose en contiendas civiles.  El Maestre Cárdenas llega a encontrar a la Orden “dormida y cargada de sueño”.  El hábito y cruzamientos no significan ya servicio sino el disfrute de un honor invirtiendo sus orígenes: Del servicio al honor; “sic transit...”. 

La Venera-Cruz de Santiago es la cruz-espada de gules, vulgarmente llamada “lagarto” usada desde el siglo XIII.

 

CALLE FORTALEZA Y PLAZA (Vulgo Cárcel)

ORDEN DE CALATRAVA

CASONA NÚMERO 20 (Casa natal del Obispo Fernández Vadillo)

Escudo eclesiástico en piedra arenisca Cª s. XVI.  1º y 4º: Cruz de Jerusalén o potenzada (por haber sido el titular de estas armas colegial del Mayor Santa Cruz de Valladolid.  Fundado por el Gran Cardenal de España Pedro González de Mendoza cuyo título cardenalicio era el de Santa Cruz).  2º y 3º: cuartelado en aspa, con la salutación evangélica “Ave María “ (Gratia Plena).

Timbrado de capelo episcopal ornado de dos cordones sujetos al mismo por dos borlas y en cada uno de dichos cordones seis borlas en tres órdenes 1, 3 y 3 (lo correcto sería 1, 2 y 3).  Acolada lleva la Cruz de Calatrava.

 

CALLE ZABACOS

ORDEN DE CALATRAVA

CASONA NÚMERO 24

Escudo en piedra arenisca tipo español, Cª s. XVIII.  1º: una flor de lis central cantonada de cuatro rosas, dos arriba y dos abajo.  2º: una banda engolada en dos cabezas de dragantes con diez roeles vistos en palo en orden de 3, 2, 2, 3.  3º: un ave zancuda (¿cigüeña?) plegada y pasante (alterada).  4º: una torre atalayada acompañada de un estandarte que hunde su asta en una caldera.  Escusón jaquelado, brochante sobre el todo.

Acolada lleva la Cruz de la Orden Militar de Calatrava.  Timbrado de casco con plumas.

ORDEN DE SANTIAGO

CASONA NÚMERO 35

Derecha según se entra.  Escudo de piedra arenisca tipo español Cª s. XVII-XVIII.

Ostenta un castillo con homenaje sumado de una cruz latina.  Bordura de cadena (quizá en señal de que su primer titular participase en la Batalla de Las Navas de Tolosa librada entre Alfonso VIII de Castilla en 1212 con los Reyes de Aragón y Navarra contra el Miramamolín (Príncipe de los Creyentes), Alnasir Mohamed Ben Yacub que según la tradición tenía rodeada su tienda de campaña por esclavos encadenados, donde logran las armas cristianas una resonante victoria tras heroicos y mortíferos combates).

Acolada lleva la cruz de la Orden Militar de Santiago (aún se aprecia algo de la pintura roja).

Timbrado de casco con plumas.

CASONA NÚMERO 35

Izquierda según se entra.  Escudo de piedra arenisca tipo español.  Cª s. XVII.  Cuartelado en cruz.  1º: una banda engolada en dos cabezas de dragantes, acompañada de dos cuadrúpedos pasantes en palo mirando al centro del escudo.  2º: cuatro billetes en faja flanqueados por otros tres en palo.  3º: un águila con las alas extendidas acompañada de dos flechas o venablos cruzados en aspa con las puntas hacia arriba, de entre las cuales sale una argolla con cadena de la que pende una caperuza de ave de cetrería.  4º: dos castillos con homenaje y dos águilas en aspa.

Acolada lleva la Cruz de Santiago (todavía se ve el color rojo de la misma). 

Por fuera del campo del escudo y saliendo del flanco derecho lleva la leyenda en latín: “Viribus in armis zeteris prestantior”.  Timbrado de casco con plumas.

 

 

Ávila, agosto de 1995. 

Adolfo M. Araujo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Universitarios alaejanos en la Universidad de Santo Tomás de Ávila en el siglo XVII", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1996.]

UNIVERSITARIOS ALAEJANOS EN LA UNIVERSIDAD DE SANTO TOMÁS DE ÁVILA EN EL SIGLO XVII

 

Con ocasión de haber tenido que hacer una pequeña investigación histórica en el archivo del Convento de Santo Tomás (PP. Dominicos) de Ávila, ciudad medieval y renacentista que tuvo antiguamente Universidad, para completar la instrucción de un expediente administrativo sobre una Fundación constituida en el s. XVII, di con una documentación que hacía referencia a unos alaejanos que habían colacionado en ella grados académicos o habían formalizado matrícula y así aparecían en los libros correspondientes.

Como se puede suponer, continué la tarea fruto de la cual son las presentes notas, que también es de justicia reconocerlo, se basan en los trabajos de mi buen amigo de lustros el Licenciado en Filosofía y Letras y deseo que pronto doctor, Don José María Herráez (I.G.D. de Alba-1994).

 

I.  LA UNIVERSIDAD DE SANTO TOMÁS

 

La educación elemental, en los siglos anteriores al XVII, se fundamentaba en el dominio y conocimiento de la lengua vernácula y el latín y la secundaria o media comprendía estudios latinos o de Gramática, Artes y Humanidades.  Ambas enseñanzas estaban casi siempre en manos de religiosos (cabildos catedralicios, conventos, etc.), autoridades municipales, maestros particulares y sacristanes.

Como centro de estudios superiores, la Universidad, que se estableció en el Monasterio de Santo Tomás de Aquino el Real, construido en los arrabales al sureste de la ciudad, lejos del casco urbano y que consta de Iglesia, tres claustros y la Hospedería Real e innumerables dependencias.  En el claustro mayor, de los Reyes, se ubicaban las cátedras universitarias, que siguen en cierto modo existiendo sin púlpito y sin banco corrido.

Aunque solo las Universidades o Estudios Generales aprobados por las autoridades real y pontificia podían conceder títulos superiores reconocidos, existía una amplia gama de Estudios particulares:

a)  los de las Órdenes religiosas de Arte y Teología,

b) los de seglares, con graduación de sus alumnos en Universidades aprobadas,

c) los de Latinidad y Gramática previos a la enseñanza superior. 

Así pues, el Estudio particular, llamados también Universidades Menores, de Santo Tomás es elevado en 1504 a Estudio General de la Orden dominicana y más tarde confirmado como tal por el Legado “a latere” y Nuncio Apostólico, cardenal Juan Poggio, elevándolo a Universidad el Papa Gregorio XIII en 1576, por el Breve “In apostolatus culmine” queda definitiva y canónicamente establecida la Universidad y posteriormente por Real Provisión de Felipe IV en 1638 se facultaba a la Universidad para desarrollar en el plano civil sus funciones.

 

II.  LOS GRADOS ACADÉMICOS

 

La vida estudiantil llegaba a su fin con la obtención del grado o grados académicos y la expedición del correspondiente título.

Con el grado de Bachiller se accedía al mundo profesional de entonces (en nuestros días es, por lo general, la diplomatura y según para qué actividades) y para la docencia universitaria se precisaba el de Licenciado, Doctor o Maestro como máxima distinción. 

Grado de Bachiller: 

a) En Artes, que comprendía 3 cursos.

b) En Teología, otros 3.

c) En Cánones o Leyes, 5.

d) Medicina, idem.

 

Para la ceremonia de graduación se fijaba el día y la hora de los ejercicios en los que estaban presentes cuatro o más miembros del Claustro de profesores.  El Presidente solía ser el Maestro de estudiantes o Cancelario, que era el depositario del dinero recaudado y llevaba las insignias de los grados que se imponían sobre el traje académico que era y sigue siendo la toga y el birrete.

Los bachilleres llevaban en el birrete como insignia una borla de seda floja de dos centímetros de largo del color de su Facultad.

Los licenciados, birrete igual al de los bachilleres y muceta del color de la Facultad (sigue vigente hoy en día).

Los doctores o maestros llevaban igual muceta que los licenciados y en el birrete una borla de seda que lo cubre enteramente del color de la Facultad (sigue actualmente), habiéndose ido añadiendo posteriormente, que el que fuese doctor en varias facultades, puede mezclar por iguales partes en la borla del birrete los hilos de los colores correspondientes.

Los doctores que, además, sean licenciados en otra Facultad pueden llevar los botones de la muceta del color correspondiente a ella.   También en nuestros días se les impone el anillo para que puedan firmar y sellar sus dictámenes, los guantes blancos como símbolo de pureza y, como señal de que pueden enseñar la ciencia, se les entrega un libro.

Algunas Universidades, las más antiguas, conservan aún las fórmulas latinas sobre todo en las investiduras doctorales.

Los colores universitarios eran en aquellos tiempos el blanco para Teología, azul para Artes, rojo para Derecho Civil o Leyes, verde para Derecho Canónico o Cánones y amarillo para Medicina.

Hoy coinciden, en general con los antiguos: Blanco para Teología, encarnado de grana para Derecho, amarillo de oro para Medicina, morado la de Farmacia, azul celeste Filosofía y Letras, azul turquí Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, habiéndose atribuido otros colores a las facultades de Sociología, Ciencias Políticas y Económicas, Ciencias de la Información, etc.

Enlazado con lo anteriormente dicho a esta digresión, el Maestro de estudiantes señalaba los puntos o dificultades sobre las que versaba la defensa de los graduandos y las conclusiones a que se llegaba.   Se señalaba también los arguyentes y testigos.  Era obligada la presencia del Secretario que daba fe de los correspondientes títulos, siendo las tasas de 55 reales para bachiller, 345 para licenciado y 360 para doctor.

El graduando iniciaba una repetición (lección pública) sobre alguna cuestión de su facultad (Decretales en Cánones y Código en Leyes), a continuación respondía a las réplicas y el aspirante al grado pedía éste al Cancelario, que se lo concedía imponiéndole un bonete (birrete) sobre la cabeza pronunciando la fórmula en latín (que como se sabe fue lengua internacional del Derecho, la Teología y la Diplomacia hasta el s. XVIII, es venero y raíz de nuestra lengua y las demás romances, tan injustamente tratada junto con el griego en los actuales planes de estudio y por las que, modestamente, desde aquí rompo en su favor una lanza, ejes ambas de la cultura clásica.  ¡Ah los clásicos!, causa dolor y pena que buena parte de la juventud actual no haya leído a los clásicos, les desconoce, o les aburre, no les entienden o no les dicen nada).  “Ego, frater... huius conventus Sancti Thomae Regalis abulensis nec non et huius Almae Universitatis Cancellarius auctoritate Apostolica sive Pontificia et Regia qua in hac parte fungor per impositionem huius pillei, birreti: Concedo tibi Gradum Baccalaureatus in (Teología, Leyes, Cánones, Artes, Medicina) Facultate et do tibi facultatem cathedram ascendi et sententias interpretandi, in Nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti”.

Seguidamente subía a la cátedra y leía como bachiller, extendiéndole el Secretario el título o diploma en pergamino y sellado con el de la Universidad encerrado en “una caxita de oja de lata”.

 

Grado de licenciado.

 

Se precisaba para su obtención o colación el previo de bachiller y cursar otros dos años más.  La ceremonia de graduación era similar a la anterior pero se sufría un examen secreto; al día siguiente se designaba a los tres arguyentes de las tres conclusiones y tres argumentos.

Finalizados los argumentos y réplicas se señalaban tres puntos en Aristóteles (Artes), Sentencias o Santo Tomás de Aquino (Teología), Decretales (Cánones), Código (Leyes); a las 24 horas se hacía un examen secreto riguroso en solitario para preparar la lección a defender facilitándosele al interesado los libros que hubiere menester y él pidiere.  Transcurrido el tiempo el graduando exponía la lección ante los claustrales y tribunal.  A continuación los examinadores argüían y el candidato les replicaba durante más de hora y media los artistas y teólogos y dos horas para juristas que además debían mostrar erudición.

Seguidamente se le calificaba mediante las letras A (aprobado) o R (reprobado).  En el primer caso se le confería el grado dándole licencia para ascender al de doctor o maestro (esta denominación se usaba para los teólogos así, en vez de doctor en teología, se decía maestro en teología), con idéntica fórmula a la empleada en el de bachiller: “Ego, frater..., concedo tibi Gradum Licenciatus in ... Facultate et do tibi licentiam ut ad Gradum Doctoratus sive Magisterii possis ascendere quando et ubi volueris, in Nomine Patris...

 

Grado de Doctor o Maestro.

 

Era un reconocimiento formal de la licenciatura que no todos alcanzaban por encarecido, eximiendo de pechar (tributar) si se lograba en Salamanca, Valladolid o Bolonia (Italia), así como de prisión por deudas, etc., asimilando a su poseedor a un hidalgo.

La ceremonia de imposición era semejante a las antedichas.  El aspirante debía hacer una repetición y tras ella y los argumentos el graduando, en pie, leía “de verbo ad verbum” toda la Profesión de Fe Tridentina de Pío IV (5 folios en pergamino) y pedía luego al grado que se le confería mediante la fórmula ya dicha: “Ego, frater... concedo tibi Gradum Doctoratus sive Magisterii in Facultate... et do tibi facultatem publice legendi, docendi et exponendi Philosophiam, Metaphisicam, Sacram Teologiam, Iurem Canonicum sive Pontificium, Iurem Sacrum sive Regium, Sententias Apostolicas, et caetera, tam quam Doctor et Magister, In Nomine Patris...”.   Al imponerle el anillo repetía: “Accipe anellum in signum fidelitatis et veritatis, in Nomine Patris...”.   Imponiéndole luego el birrete laureado “Accipe pilleum quod est signum Doctoratum et Magisterii, in Nomine Patris...”.   Investido ya de la máxima jerarquía académica finalizaba la ceremonia y se pasaba al refresco que daba a los claustrales.

 

III.  RELACIÓN DE ALAEJANOS MATRICULADOS Y GRADUADOS

 

La práctica totalidad de los universitarios de nuestra villa de aquella época estudiaba en Salamanca y en Valladolid, entre otras cosas, por la proximidad geográfica, colacionándose los grados en Teología y Cánones por los clérigos para optar a los beneficios eclesiásticos de ambas Iglesias (Santa María 10-11 beneficiados y San Pedro 7-8) que tenían, de acuerdo con aquella estructura social, grandes ingresos por diezmos y primicias y otros conceptos y que dicho sea en defensa de sus componentes y en el aspecto económico, observaron, en general, una vida ejemplar que hizo que, en vez de repartirse y lucrarse de los grandes peculios de sus fábricas, la posteridad, nosotros mismos inclusive y tantos que vendrán, contemplemos el pasmo de retablos mayores y colaterales de los  mejores imagineros de la época (F. Rincón, E. Jordán, G. Fernández, Berruguete, Juni, Luis Salvador Carmona, etc.), artesonados, orfebrería del gótico flamígero al neoclásico pasando por el Isabelino, renacimiento, barroco y rococó, pintura del XV-XVI al XVII-XVIII, ornamentos sagrados de iguales épocas (brocado, tisú, seda) y en fin las esbeltísimas y emblemáticas torres-campanario. 

MATRÍCULAS

D. Lucas Sánchez Vela.  Natural de Alaejos.   El día 15 de noviembre de 1640 se matriculó en teología.

 

 GRADOS

D. Gabriel (¿Manuel?) de Villasuso (¿Villascuso?) Perlines.  Natural de Alaejos.  El día 13 de abril de 1642 se graduó de Licenciado y Doctor en Cánones.  Era Bachiller en Cánones por la Universidad de Valladolid y fue autor de varias obras de derecho canónico.

D. Lope Fernández.  Natural de Alaejos y vecino de Morañuela (Ávila).   El 30 de junio de 1649 se graduó de Bachiller en Cánones.  Era presbítero de la diócesis de Valladolid y estudió en la Universidad de Granada.

D. Juan Casado.  Vecino de Alaejos.  El 1 de septiembre de 1665 se graduó de Bachiller en Artes.  Estudió en las universidades de Ávila y Valladolid.

 

 

Ávila, agosto de 1995.

Adolfo M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Una pieza de orfebrería sacra de la época de Felipe II (1527-1598): la custodia rica de la iglesia de Santa María de Alaejos", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1998.]

UNA PIEZA DE ORFEBRERÍA SACRA EN LA ÉPOCA DE FELIPE II (1527-1598): LA CUSTODIA RICA DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE ALAEJOS

 

Conmemorándose en el presente año el IV centenario de la muerte del rey Felipe II, uno de los llamados Austrias mayores, parece oportuno traer a colación, en homenaje a su memoria, algún aspecto de nuestra Villa en relación con el tiempo en que vivió tan singular personaje de la historia de España.

En este caso se trata de una obra de platería destacada de entre las varias que se conservan en el museo interparroquial, aunque también las hay y muy significativas en pintura, escultura, documentación, ornamentos sagrados, amén de las fábricas parroquiales, no olvidando a este respecto que el que fue hijo de Alaejos, doctor Juan Fernández Vadillo, obispo de Cuenca, fue coetáneo del Rey Prudente, aunque falleció antes, en el año 1592 y que donó a la Iglesia de San Pedro obras de arte representativas del estilo de este reinado glorioso en cuyos dominios no se ponía el sol.

 

El profesor de la Universidad de Valladolid, Don Javier Castán Lanaspa, publicó un pequeño trabajo, Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 1984, que titulaba: “El platero Francisco de San Román y la Custodia de Alaejos” en el que estudiaba la obra que nos ocupa y para un mayor y general conocimiento de los alaejanos, se transcribe a continuación, no sin antes decir que el que suscribe, ha llegado a ver procesionar a esta custodia, bajo palio, en alguna festividad del Corpus (pocas) y que después, debido al notable peso de la misma, el sacerdote oficiante, utilizó la de tipo sol, de bronce dorado a fuego, plata, esmaltes y pedrería, utilizándose en la actualidad, por ser en la práctica una sola parroquia, la airosa custodia neogótica de San Pedro, de bronce dorado (S. XIX-XX) en carroza “ad hoc”, ganando en solemnidad y belleza la procesión correspondiente con S. D. M.

 

Entre las notables piezas de orfebrería conservadas en el Museo Interparroquial de Alaejos destaca la custodia de la Iglesia de Santa María.

La obra, de gran calidad, se ha venido considerando como de finales del siglo XVI, relacionándola con el platero vallisoletano Baltasar Romano.

Tipológicamente pertenece al grupo de las llamadas “custodias de pie” o portátiles; es de estructura muy sencilla, de dos pisos, y está labrada en plata sobredorada.

La base, polilobulada, está decorada con las figuras de los Evangelistas acompañados de sus símbolos y en actitud de escribir.  El astil es abalaustrado y de gruesa sección, y sobre él se dispone el primer cuerpo, en el que se aloja el viril.  Es de forma cúbica, con las aristas profusamente decoradas: las de la base con guirnaldas y pequeñas campanas, las verticales con figuras de cariátides y las superiores con doseletes de guirnaldas y cabezas de ángeles.

En él se sienta el segundo cuerpo, de menores dimensiones y forma de templete circular de orden toscano, en el que se aloja una imagen de la Virgen, orlada, a manera de nimbo, por una guirnalda.  En el exterior, una serie de elementos vegetales y figuras de ángeles dan escolta al tabernáculo.

Todo el conjunto aparece rematado por un crucifijo que a su vez lo hace sobre una especie de píxide desmontable.

 

El hallazgo en los libros parroquiales de la Iglesia de Santa María de la escritura de concierto para su realización, ha permitido fecharla con exactitud y conocer el nombre de su autor.  El día 20 de marzo de 1560, el platero vallisoletano Francisco de San Román firmaba en Valladolid el contrato por el que se comprometía a entregar la custodia para la Pascua de Pentecostés (que en 1560 fue el día 2 de junio), labrada conforme a las trazas que le presentaban.  La escritura especifica el peso de la pieza y el material.

Este platero, en 1557, probablemente en su juventud, trabaja para el orfebre palentino Cristóbal de Paredes, habiendo cobrado por la ejecución de la custodia de Alaejos, por su trabajo 5 ducados por marco de plata (por los mismos años el ya acreditado Juan de Arfe recibía más del doble por la hechura de la custodia de la catedral de Ávila).

 

ESCRITURA DE CONTRATO DE EJECUCIÓN DE LA CUSTODIA

 

En la villa de vallid. Veynte dias del mes de março de myll E quinyentos e sesenta años en peçençia de my El escriuano e testigos parezieron presentes santos de lozaya, clérigo y benefiçiado En la yglesia de Santa María De la Villa de alahejos y pero muñoz de garandia, quatro de la dicha yglesia y pero carrasco mayordomo de la dicha Yglesia y Vezinos de la dicha Villa y Todos juntamente E cada Uno dellos por el todo Renunçiando las leyes de la mancomunydad como en ellas se contiene y como tales benefiçiado y offiçiales y en nombre de la dicha yglesia e como mejor de derecho lugar aya se conzertaron con françisco de sant rroman platero vezino desta dicha villa que presente estaba en esta manera que los suso dichos dan a hacer al dicho franco de san rroman vna custodia de plata para el Sancto sacramento de dicha Yglesia la qual a de ser de la traza que para el dicho Efecto Se le Entrega que Va firmada de my El presente escriuano y del dicho franco de san rroman la qual a de hazer según E de la forma y hecura que tiene De quatro paños E de peso nuebe marcos E medio de plata antes menos que mas la qual A de hazer En toda perfiçion Dorada dandole para el dicho efecto el oro que fuere menester Acabada on toda perfiçion y bien labrada E De buena plata A bista de oficiales que dello sepan y entiendan nonbrados por cada vna de las partes el suyo la qual Aya de dar y de Acabada En toda perfiçion Según dicho Es para el dia de pascua De Espiritu Sancto en esta Villa por Razon de lo qual y que la haga según dicho es le daran y pagaran por cada marco que la dicha custodia pesare A rrazon De dos myll y dosçientos E diez mars por marco que Es su Valor y mas por la hechura de las manos y por la Dorar Según dicho es le daran de mas De la dicha Valor De la dha plata A rrazon De A sinço dvos por cada marco que es el preçio en que se conzerto la hechura.  Y fue condición de las dichas personas an si nonbradas Sobre Juramento Declaren Si la hechura De la dicha custoDya no mereze A los dichos çinco ducados por marco y lo que menos dixeren que mereze tanto menos se le de por cada marcho de hechura.  Y Si los Suso Dichos dixeren que mereze mas De los Dichos çinco ducados de hecura Del Marco En tal caso no se le pague mas De los Dichos çinco dvos y con condiçion que si para el dicho tiempo no la diere Acaba Y en perfiçion Segun dicho es que A su costa pueden yibiar A esta Villa E la persona que a ella biniere Este En ella con ocho rreales cada Vn día de Salario de todo El Tienpo que En Ello Se ocupare hasta que se la Entreguen El qual dicho salario se descalfee Del presçio de la dicha custodia Solamente por la declaraçion de la persona que a ello Vinyere E para El dicho efecto se le dará El oro que fuere menester.  Y oy día de la hecha desta Y de presente quatroçientos y çinquenta rreales para En quenta Y parte de pago de todo lo suso dho Y lo demás que montare la dicha custodia Se lo darán como lo Vbiere acavado ya de hazer y poner En la dicha custodia En la cruz alta Vn cruçifijo y En el tabernáculo Vna ymagen de nra Señora de la Azensión (Asunción) con sus ángeles A los lados En forma los que fueren menester E para que lo cunpliran obligaron Sus Personas y bienes y los bienes Espirituales y tenporales De la dicha Iglesia Avidos y por aber y el dho franco de Sant rromán que presente estaba Azetó todo lo suso dicho Y se obligó por su persona Y bienes De hazer la dicha custodia De la forma E manera y por el preçio y con las condiçiones Aquí dichas E declaradas las quales Guardará E cunplirá So las penas y según Dicho es para el cumplimyento de lo qual dio por Su fiador y prençipal pagador A bernaldo de la cadena, platero, Vezino desta dicha Villa que presente Estaba.... En testimonyo de lo qual otorgaron la presente escriuano testigos que fueron presentes rrogados E llamados El liçençiado Juan rrodriguez de Vnzeta y el liçençiado Santiso y franco Gallego Vezinos desta dicha Villa y los dichos otorgantes que conozco lo firmaron de sus nonbres En este rregistro desta carta.

Franco de sant rromán // bernaldo de la cadena // santos de lozoya Clerigo // pedro muñoz de garandia // pedro carrasco // E Yo Juan alvarez escriuano Publico de la magestad Real fuí presente según que ante mi pasó E lo fyze Escrebir de pedimiento de los dhos santos de lozoya E... fize asín este mi signo.

 

Finalmente, por lo que a mi respecta, debo decir que causa verdadero gozo y satisfacción contemplar después de más de cuatrocientos años, obras de arte, como la que nos ocupa, debidas a la fe y generosidad de nuestros antepasados, aunque por el transcurso de los siglos, y sin que desmerezca la obra, falten de sus lugares en el inicio del astil, algunas esculturillas de plata, como actualmente se puede observar.  Ello debe estimularnos a conservar y a aumentar, si cabe, nuestro patrimonio histórico-artístico, cultural en suma, huyendo del adagio latino, tan humano por otra parte, que dice: “Video meliora proboque, deteriora sequor”.

 

 

Zamora, Agosto de 1998.

Adolfo M. Araujo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Epigrafías e inscripciones antiguas en la villa de Alaejos", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1999.]

EPIGRAFÍAS E INSCRIPCIONES ANTIGUAS EN LA VILLA DE ALAEJOS

 

Etimológicamente el estudio o ciencia de la escritura antigua recibe el nombre de Paleografía (del griego paleos y grafos), pero no de todas las escrituras antiguas, sino solamente de aquellas que se trazaron sobre objetos de materias suaves (papel, papiro, pergamino, etc.); las escrituras trazadas sobre materias duras (mármol, piedra, bronce, etc.) son estudiadas por otra ciencia paralela: la Epigrafía, si bien muchos autores no están de acuerdo con esta división, estimando que la definición de Paleografía obliga al estudio de las escrituras antiguas sin ninguna restricción.

Con este modesto trabajo no se quiere hacer un ejercicio de erudición, sería absurdo y pretencioso, sino una recopilación, no completa, claro está, de las inscripciones de más de cien años de antigüedad que aparecen principalmente en edificios de nuestra villa y que hemos visto innumerables veces pero nunca hemos hecho un ejercicio de sana curiosidad para saber más cosas de nuestro pueblo, lamentando, como siempre, la desaparición del castillo fortaleza, el convento de franciscanos descalzos y de dos o tres ermitas más en los que sin duda habría, y en abundancia, textos epigráficos.

 

IGLESIA DE SAN PEDRO APÓSTOL 

Las inscripciones que se hallan en su fábrica son principalmente fragmentos de salmos, sagradas escrituras, evangelios, etc.

 

CAPILLA MAYOR.  En el friso que corre perimetralmente la misma, con letras doradas capitales lapidarias latinas y en esa lengua, a semejanza de la basílica romana de San Pedro: TI EST PETRUS ET SUPER HANC PETRAM AEDIFICABO ECCLESIAM MEAM ET..., estando oculta la continuación por el ático del retablo mayor que también presenta en el segundo piso, calle segunda, cartelas con el siguiente texto en letras negras: la de la izquierda según se mira está casi borrada por el polvo y otros agentes aunque se puede leer con dificultad: ...Acabóse a beneficio y quatro diciembre 1603 del año del Señor.  La otra reza: Dio este retablo el Ilmo. Sr. Dn. Juan Fernández Vadillo.

También hay unas inscripciones sobre la pared en la parte del evangelio y de la epístola que al haberse abierto sendas ventanas, cortando el texto, han quedado ilegibles.  Sin embargo, debajo de los capiteles del arco fajón de dicha capilla y pendiendo de la boca de sendas cabezas de león de yeso hay carteles que dicen: AÑO y en el extremo opuesto, 1570.  Quizá el año en que se acabó la fábrica del templo.

 

NAVE DEL EVANGELIO.  En el friso que corre por el muro del recinto en letras negras capitales y en latín (nuestra excelsa lengua madre) se lee: IN CORDIS ET ORGANO OMNIS SPIRITUS LAUDAT DOMINUM. AÑO 1806.  BENE FUNDATA EST SUPRA FIRMAM PETRAM.  PETRIOSA IN CONSPECTU DOMINI, MORS SANCTORUM EIUS.  SANCTISSIME CONFESOR DOMINI NICOLAE INTERCEDE PRO NOBIS.

 

NAVE DE LA EPÍSTOLA.  Situada también en el friso de ese lado aparece la siguiente inscripción: MARIA MATER GRATIAM MISERICORDIET NOS AB HOSTES PROTEGE.  CHRISTUS FACTUS. (El resto de la frase lo oculta la coronación del retablo del Santísimo Cristo de la Caridad) USQUE AD MORTEM.  HAEC EST DOMUS DOMINI FIRMITER AEDIFICATA. DOMUM TUAM DOMINE DECET SANTITUDO IN LONGITUDINEM DIERUM. AÑO 1740.

Se restauró esta iglesia en el año 1867, siendo cura párroco D. Nicolás García y Rapado.

 

CORO.  Lado del Evangelio.  Pinturas murales (grisallas) de Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura, Santa Teresa y un ángel o arcángel.

Lado de la Epístola.  Pintura de San Basilius Magnus (sic), S. Joannes Chrisostomus, revestidos de pontifical con sus atributos.

En el suelo del templo y en su ante sacristía hay lápidas y laudas sepulcrales de pizarra y piedra blanca de enterramientos con inscripciones referidas a los difuntos que cubren, principalmente de los siglos XVI al XIX, algunas de las cuales tienen tallados escudos de armas.

Situada en un contrafuerte de la fachada principal y cerca del reloj de sol (¿para cuándo su restauración?) se halla una placa de pizarra cuadrada con la inscripción: SAGRADO ASILO en letras mayúsculas, vestigio al parecer de antiguos privilegios a quienes se acogían a sagrado si eran perseguidos por la justicia.

 

IGLESIA DE SANTA MARÍA 

En una especie de sillar de piedra rectangular encima del arco de la entrada principal aparece grabado en latín y caracteres góticos: AVE MARIA GRATIA.

De la misma manera que en San Pedro hay lápidas y laudas sepulcrales blasonadas o no con inscripciones tanto en el cancel, nave de la epístola y del evangelio, amén de la ante sacristía en el umbral de la puerta junto al altar de San Antonio.

En la predela del retablo de San Miguel: “Este retablo... y dorarle.. D. Manuel Ehvan y su mujer que Dios haya Da. Feliciana... año de 1727”.

 

ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CASITA 

En la fachada norte en sillares de piedra arenisca y en la fachada sur debajo del alfiz se aprecian inscripciones que ya han sido transcritas en anteriores programas de fiestas.

En el presbiterio, en una lápida de mármol blanco y a modo de orla o bordura, en el enterramiento de Catalina de la Cruz aparece una inscripción en castellano en caracteres góticos que en su día se dio a conocer en la magna exposición que se celebró en el santuario de temas relacionados con nuestra patrona.

 

ERMITA DEL SANTÍSIMO CRISTO DEL HUMILLADERO. 

En el interior y como en la parroquial de San Pedro, en un friso alrededor del sagrado lugar se aprecia que debajo de la capa de blanqueo hay una inscripción que si se consiguiese levantar esa veladura, probablemente arrojaría interesantes datos históricos como el año de erección, si fue algún exvoto su construcción, quién hizo la obra, etc.

 

CASA CONSISTORIAL 

En el frontón de la fachada, debajo del reloj, se halla situada una lápida de mármol blanco rectangular, que lleva una inscripción grabada que dice: CONSTITUCIÓN DEMOCRÁTICA AÑO 1869 promulgada como consecuencia del destronamiento y huida a Francia de la reina Isabel II por la revolución de Septiembre de 1868.  Sobre este vestigio histórico he de manifestar que no soy partidario de que se destruya ninguno, pero ¿no sería conveniente que debajo de dicha lápida se colocase el escudo de la villa en concordancia con los tiempos actuales?  Ello redundaría en el mejor ornato y empaque del Consistorio (último tercio del siglo XVIII) y causaría buena impresión en el turismo y cuantas personas nos visiten.

 

CASA DEL RINCÓN 

Placa de mármol blanco rectangular debajo de un escudo de armas con inscripción en letras negras que dice: RECUERDO DEL PADRE HOYOS. 1730

 

ESCUDO DE ARMAS DE LA CASA Nº 35 DE LA CALLE ZABACOS 

El de la izquierda según se entra lleva grabada en latín la siguiente inscripción, lema o divisa: VIRIBUS IN ARMIS ZETERIS PRESTANTIOR (s. XVII).

 

ESCUDO DE ARMAS DE LA CASA Nº 7-9 DE LA CALLE PEROGILES 

Lleva grabada una inscripción, pero resulta ilegible por la erosión (s. XVIII).

 

ESCUDO DE ARMAS DE LA CASA Nº 20 DE LA CALLE FORTALEZA Y PLAZA 

(Natal del Obispo Fernández Vadillo). (S. XVII)

Inscripción, lema o divisa: AVE MARIA

 

PEANA DE CRUZ, DE GRANITO 

Se halla en el atrio de Santa María al lado de la entrada de la antigua casa rural.  Es de base cuadrada y en los lados se lee la siguiente inscripción: ESTA CRUZ ES DE GARCIALVAREZ. AÑO 1558.


            Por otro lado sería interesante hacer un estudio paleográfico de la platería y orfebrería eclesiástica; fondos documentales de pergamino, vitela, papel, etc. de los archivos parroquiales y municipal; bronce (campanas en general), madera, ornamentos sagrados bordados, etc.; órganos barrocos, óleos (cuadros) sobre lienzo o madera; quizá se descubriera algo interesante inédito para completar más nuestra historia local. 

También sería ilustrativo recopilar para posterior estudio (lingüístico, literario, etc.) los epitafios, inscripciones funerarias, etc., de nuestro camposanto, que por otra parte, las más antiguas, no creo, los sean más, que hacia fines del siglo XVIII.

 

CODA

“Verba volant, scripta manent”.  Las palabras vuelan, se las lleva el viento, lo escrito permanece, queda.

“Valoremos nuestro patrimonio cultural como herencia propia porque al final solo conservaremos lo que apreciamos y solo apreciamos lo que nos ha enseñado a valorar” (Prof. I. Arce, Univ. de Granada).

 

 

Zamora, julio de 1999.

Adolfo M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "La cruz de Carrezamora", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2000.]

LA CRUZ DE CARREZAMORA

 

En el nº 3, Año I, hacia la primera mitad de la década de 1980 (Dies mei velocius transierunt...!), la Revista “El Caño”, que editaba la entonces viva y hoy creo que disuelta o inactiva Asociación Cultural “Jorge Guillén”, el que suscribe, opinaba entonces sobre el estado de deterioro y características de la cruz, cuyo basamento sería luego reparado por la Cámara Agraria Local, evitándose su desplome y posible fractura de su monolítica estructura.

Pues bien, de todos es conocido que con motivo del trazado del tramo de la autovía Tordesillas-Salamanca, fue preciso desmontarla del lugar donde, desde tiempo inmemorial, se hallaba ubicada (en el talud del antiguo camino de Zamora lindando con una finca de D. Alfonso Escalada –q.e.p.d.– gran devoto de la misma), ya que por allí discurriría la autovía.

El Ayuntamiento de la Villa procedió a su desmontaje depositándola en lugar adecuado hasta que pudiera reubicarse de nuevo.

A este respecto la Junta Directiva de la Asociación “Amigos del Patrimonio Cultural de Alaejos”, A.P.C.A., emitió informe “verbo motu” al Consistorio, que concluía en que el lugar donde se volviera a colocar debería ser lo más cerca posible de donde antes se levantaba y para el que fue destinada la misma.

Así se hizo en el mes de octubre de 1999, asentándola sobre un sencillo y circular pedestal de ladrillo y granito que realza sus proporciones, que no obstante, disuenan un poco con las vallas metálicas adyacentes.

 

Sobre esta cruz o crucero, no hay, que yo sepa, nada documentado, de modo que podría datarse por su estilo, hacia finales del siglo XVII, existiendo la duda de si se trata de parte de un antiguo calvario de tres cruces (de las que dos habrían desaparecido) o más bien sea un crucero “stricto sensu”, que es una cruz de grandes dimensiones erigida en los caminos principales de acceso a núcleos de población o encrucijadas, siendo los más abundantes y artísticos los “cruceiros” del norte de España (Galicia, Asturias,...)

Se basa esta hipótesis, salvo criterio mejor fundamentado, en que en el “Arrabal”, junto al pozo y abrevaderos de la extinta Hermandad de Labradores y Ganaderos Local, existe y allí la he conocido siempre, una peana de granito de forma casi redonda a la que le ha sido desmochada la cruz de granito cilíndrica que tenía y que también está en un camino de entrada a la villa y a la que sería interesante añadir alguna cruz de metal hecha “ad hoc” o aprovechar alguna de las varias que había abandonadas y sin dueño aparente en el camposanto, para embellecer así un poco esta zona, aunque quizá trasladándola a la mediana, o donde se acordase, de los jardines del Arrabal, quedaría más vistosa, pudiéndose recuperar en un futuro la antigua costumbre de la ofrenda floral el tres de mayo, fiesta de la Invención de la Santa Cruz.

 

Demos utilidad a estos vestigios pétreos (vgr.: peana de piedra del siglo XVI depositada en el atrio de Santa María, “bolos”, piedras de carga de prensas de antiguos lagares, pilas y pilones, etc.), para que aparezcan tal como un día lejano, la devoción popular en este caso, quiso que se contemplasen.

Nuestro pueblo ha cumplido bien la operación de la reubicación de la Cruz de Carrezamora, cuyo entorno debería ser objeto de una pequeña ordenación, limpiando la maleza y sembrando algunos arbustos bajos aromáticos de los muchos que por los alrededores medran: tomillos, cantuesos, romeros, jaras, espliegos, retamas, etc.

Es reconfortante y esperanzador para los creyentes ver este símbolo universal erguido con el telón de fondo de nuestras emblemáticas torres-campanario y apretado caserío alaejano, cumpliéndose así el dicho de los cartujos: “Stat dum volvitur orbis” (permanece firme –la cruz– mientras el mundo se agita).

El sencillo monumento crucífero hace poco emplazado, tan arraigado entre nosotros, que generaciones precedentes nos legaron debe ser deferido por la nuestra, junto con todo el patrimonio común, a las venideras, recordando la constantiniana frase en la batalla del Puente Milvio: “In hoc signo vinces” (con esta señal vencerás).

 

 

Zamora, julio de 2000.

Adolfo M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Nuevamente en torno a la Sociedad Económica de Amigos del País de la villa de Alaejos (Real Sociedad Caritativo-Económica)", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2001.]

NUEVAMENTE EN TORNO A LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS DE LA VILLA DE ALAEJOS

(REAL SOCIEDAD CARITATIVO-ECONÓMICA)

 

En anteriores programas de fiestas, se trató inicialmente este asunto aunque no se publicó la totalidad de los Estatutos de la Sociedad de Alaejos, confiando desde estas líneas que pueda hacerse en posteriores ocasiones.

Lo que a continuación se escribe intenta situar al lector en el contexto histórico, social, jurídico y económico de la época en que nuestra villa, cuasi pionera en estas lides, estaba inmersa.

Estas Sociedades, fruto típico de la Ilustración, florecieron en la segunda mitad del siglo XVIII.  Tienen, naturalmente, precedentes en el extranjero, ya que nacieron como un deseo, por una parte de los nobles y ricos terratenientes de aumentar sus rentas mediante la mejora técnica de los cultivos y por otra del clero y personas pudientes y generosas, de mejorar la precaria situación en que se veían campesinos y menestrales que los llevaba a convertirse poco a poco en mendigos.

Su impulsor, el conde de Campomanes, deseaba que estas Sociedades se encargaran de crear trabajo en el campo, la industria, el comercio, las artes liberales, etc., con el fin de que esa ingente muchedumbre en paro, encontrara un puesto de trabajo que mejorara su situación económica y al propio tiempo la del país.

También les asistía un motivo cultural, pues creían que un pueblo instruido es muy capaz por sí mismo de generar riqueza y puestos de trabajo.

 

La primera Sociedad de este tipo que se fundó en España fue la Real Sociedad Vascongada (1765).  Nueve años después el Fiscal de Castilla, don Pedro Rodríguez de Campomanes, invita a las autoridades de cada provincia a fundar estas Sociedades económicas.

La primera en responder a la invitación de Campomanes fue Madrid, que constituyó la Sociedad Económica Matritense en 1775 y sirvió de modelo a cuantas se constituyeron después en esta zona.

En 1786 existían ya 45 Sociedades y en 1804 su número se había elevado a 73.  Entre 1765 y 1808, 96 Sociedades solicitaron su constitución al Consejo de Castilla, de las que 11 fueron rechazadas y 85 aprobadas.

En nuestra región la primera en constituirse fue la de Alba de Tormes (Salamanca) que los solicitó el 28 de febrero de 1776 y fue aprobada el 30 de julio de 1790.  Ciudad Rodrigo (Salamanca), lo solicitó en 1780 y le fue concedido en 1781.  Valladolid, solicitado en 1783 y concedido en 1784.  Alaejos, que solicitó su constitución en 1784 y le fue concedida por Real Cédula expedida en Aranjuez el 28 de junio de 1785, por lo que el año 2005 se cumpliría su 220 aniversario.

Otras localidades fueron Herrera de Pisuerga (1785-1788), Medina de Rioseco (1785-1786), Medina del Campo (1786-1788), Tordesillas (1787), etc.

 

Las causas de la fundación de la de Alaejos fueron que las cosechas de 1783 y 1784 habían sido muy escasas.  Los braceros sólo encontraban trabajo durante la sementera, recolección de cosecha y vendimia.  El 1784 había sido sobre todo, un pésimo año, ya que las lluvias destrozaron la cosecha hasta tal punto que hasta el trigo escaseaba.  Grupos numerosos de mendigos habían instalado su real en las calles y plazas de esta noble villa de Alaejos; la juventud estaba abandonada y ociosa, sin instrucción ni escuelas.

Ante este cuadro, algunos vecinos más acomodados e ilustrados, conocedores de la existencia de las Sociedades Económicas de Amigos del País piensan en fundar una en Alaejos.

Tomando como modelo a la de Madrid, solicitaron el correspondiente permiso al Consejo de Castilla.  Los trámites eran lentos y, antes de que llegara se comienza a trabajar por su cuenta, ayudando de muchas maneras a la pléyade de jornaleros que estaban sin trabajo.

Cuando, por fin, la aprobación viene de Aranjuez en la primavera de 1785, ya está todo funcionando: se legaliza la lista de socios y se coloca el escudo de la Sociedad en los edificios de su propiedad.  Démerson describe este escudo: “Era de forma elíptica, rematado en corona Real.  En la orla se lee el lema ‘A socorrer la pobreza y desterrar la pereza’.  En el centro, dentro de un medallón así mismo elíptico, dos corazones atados por una cinta que lleva esta inscripción: ‘A favor de la Patria’.”.

Tanto el escudo como los lemas siguen la tónica general de otras Sociedades similares de la época.  Así, por ejemplo, la de Soria decía: “El ocioso, para nadie es provechoso” y la de León “Quaesivit lanam et linum et panem otiosa non comedit”.

 

Según los estatutos de nuestra Sociedad, los directores tenían que ser los alcaldes ordinarios de la villa.  Los demás oficiales eran designados por elección.  Pero en realidad la primera Junta estuvo constituida por los siguientes vecinos: Director, don Atanasio Ballesteros; Censor, el Licenciado don José Alonso de Valdenebro; y Secretario, don Manuel Méndez de Prado.  La familia Alonso de Valdenebro eran señores de la finca de Cotorrillo en Cantalpino y dio hombres ilustres tanto a la Iglesia como a las Ciencias y a las Letras.  Hubo varios Licenciados en Leyes y tal vez lo fuera en esta disciplina nuestro Don José.

La Junta así formada, se presenta al pueblo el 17 de agosto de 1785 tras un discurso de Valdenebro.  La Sociedad tenía dos edificios en los que polarizaba fundamentalmente sus actividades: el Hospital del Buen Pastor o Casa de Misericordia y la Escuela, en donde se asistía gratuitamente a 140 niñas, pues en aquellas fechas en las escuelas estatales, donde las había, se instruía exclusivamente a niños.

Dos meses más tarde hay otra Junta que, como todas las demás, comienzan por un elogio del Rey, pronunciado esta vez por don Jacobo Sedano y terminan con un acto de acción de gracias a Dios por el buen funcionamiento de la Sociedad.

En esta segunda Junta, don Tomás Santander ofreció un premio de 150 reales para quien sembrase “rubia” en una superficie no menor a las 8 obradas.  Otros premios se ofrecieron a los que plantaran olivos (no menos de 20) y 200 reales a los que expusieran el mejor medio para crear un Montepío donde se socorriese a los pobres jornaleros durante los fríos y largos inviernos castellanos.

Todo ello dentro de los objetivos de estas sociedades económicas que se ocupaban por difundir los hallazgos de la “nueva agricultura” de Duhamel de Monceau: experimentos agrarios, introducción de nuevos cultivos como el del azafrán y la rubia en Valladolid y plantación de arbolado en torno a las ciudades.  De todo ello, solo la “rubia” logró tener algún éxito, pues su preparación dio trabajo en Valladolid a cientos de personas.  Es esta planta de la familia de las rubiáceas, con tallos prismáticos y hojas punzantes.  La raíz de la rubia (sherardia arvensis) seca y pulverizada proporcionaba un tinte rojo característico y se exportaba muy bien a los países hanseáticos.

La sociedad de Alaejos buscaba un protector en las altas esferas de la Corte y ofrecieron el título de Director honorario al propio Campomanes, pero éste, muy ocupado, declina la oferta y nombró a su hijo Sabino para el cargo, puramente honorífico, que ostentó durante 15 años.

 

En 1786 y según los estudios de Jorge Démerson, la Sociedad alaejense da los primeros signos de debilidad: aparecen las dificultades económicas que se desprenden de la lectura de las actas de Juntas que se celebraban siempre el día de San Carlos, 4 de noviembre, día del santo del Rey.

El 28 de junio de 1786 se cursa una Real Orden a las 45 Sociedades entonces existentes instando a que se fomente la agricultura, industria, artes, oficios y beneficencia, objetivos que debían de estar por entonces un poco olvidados, pues muchas sociedades necesitaron un nuevo “recordatorio”, para que sacudiesen su marasmo y desidia.

 

A los 10 años de su fundación, eran pocas las que se sostenían en pie, no fue ese el caso de Alaejos que envió cumplida respuesta a la primera Orden con fecha de 22 de agosto de 1786, al mes escaso de ser recibida en la villa.  En la respuesta, que se conserva, dicen que han conseguido desterrar la “mendiguez” por medio de la Casa de Misericordia.  Que pasan recogiendo limosnas de puerta en puerta para mantener la escuela de 140 niñas y, además, pagan con ellas la educación de los niños cuyos padres están imposibilitados de ganarlo.

Igualmente han conseguido crear una fábrica de velas de sebo de excelente calidad y otra de esteras con el fin de dar trabajo a los pobres.  Pero en la agricultura no han conseguido la implantación de modernos métodos, ya que los labradores prefieren los tradicionales. 

 

Ante la falta de medios, los responsables de la Sociedad acuden a distintos sitios para buscarlos.  En primer lugar solicitan la ayuda del Clero que sostenía la fundación de Sociedades tan importantes como las de Palencia y León.  Pide Alaejos que los Obispos recuerden a los sacerdotes el deber de pertenecer activamente a la Sociedad.  Luego piden al Rey que no conceda ningún título honorífico, sea Municipal, Real, Militar o Eclesiástico si el sujeto no pertenece a la Sociedad.

Los directores honorarios no hacen nada y solicitan se cree el cargo de vicedirector a cargo de un vecino de la villa que es quien dirigirá realmente la Sociedad.  Éste pedirá insistentemente ayuda económica al Rey, que poco o nada concede.  El 12 de diciembre de 1786 dirigen una carta al conde de Campomanes, con la misma súplica de ayuda económica para una Sociedad con problemas crematísticos.

 

A pesar de todo, la Sociedad alaejense sigue adelante.  A principios de 1787 seguían celebrándose Juntas en donde consta que han mantenido a jornaleros y familiares, que por lo riguroso de aquel invierno, se habían encerrado en sus casas sin lumbre ni alimentos.  La Sociedad les distribuye una cantidad de trigo suficiente para su remedio, ofrecido por los socios hacendosos.

El 28 de enero de 1787 se elige director a don Juan Manuel Perlines siendo ésta la última noticia.

Por la “Guía de forasteros” se sabe que siguen nombrándose oficiales de la Sociedad, lo que demuestra que ésta conservaba cierta actividad.  Cuando en mayo de 1808 estalla la Guerra de la Independencia, la Administración que había hecho algún esfuerzo por reactivar estas Sociedades, opta por abandonarlas a su suerte, por temor de que pudieran convertirse en foco de las ideas de la Revolución Francesa.  En este año desaparece la de Alaejos, después de 24 años de existencia.

Tras la dirección honorífica de don Sabino Rodríguez de Campomanes, le sucede en 1803 el Conde de Isla y en 1805 el Duque de Berwick y Alba hasta 1808.  El último vice-director (1804-1808) fue don Jacobo Sedano, alma de esta institución.

 

Al hilo de lo que queda dicho permítaseme ofrecer como reflexión que sirva para mejorar más si cabe la convivencia y trabajo en común en beneficio de nuestra villa, la obra del diplomático y escritor Don Diego Saavedra Fajardo (1584-1648), “Las Empresas”, escrita en un castellano precioso y con un estilo, al decir de la crítica literaria, semejante a la grávida concisión de Tácito y la elegante sobriedad de Horacio.

 

EMPRESA 71

LEMA

LABOR OMNIA VINCIT IMPROBUS

“¿Qué no vence el trabajo?  Doma el acero, ablanda el bronce, reduce a sutiles hojas el oro y labra la constancia de un diamante.  Lo frágil de una cuerda rompe, con la fricción, los mármoles de los brocales de los pozos...  Los muros más doblados y fuertes los derribó la obstinada porfía de una viga herrada, llamada ariete de los antiguos, porque su punta formaba la cabeza de un carnero.  Al ánimo constante ninguna dificultad embaraza...  El templo de la gloria no está en valle ameno ni en vega deliciosa, sino en la cumbre de un monte, a donde se sube por ásperos senderos entre abrojos y espinas...  Los templos dedicados a Minerva, a Marte y a Hércules no eran de labor coríntico (orden corintio), que consta de follajes y florones deliciosos, como los dedicados a Venus y a Flora, sino de orden dórico, tosco y rudo, sin apacibilidad a la vista.  Todas sus cornisas y frisos mostraban que los levantó el trabajo y no el regalo y ocio.  No llegó a ser constelación la nave de Argos estando varada en los arsenales, sino oponiéndose al viento y a las olas y venciendo dificultades y peligros...”

 

EMPRESA 89

LEMA

CONCORDIAE CEDUNT

“Crecen con la concordia las cosas pequeñas y sin ella caen las mayores.  Resisten unidas a cualquier fuerza las que divididas eran flacas e inútiles.  ¿Quién podrá, juntas las cerdas, arrancar la cola de un caballo o romper un manojo de saetas?  (Funiculus triplex difficile rumpitur).  Y cada una de por sí no es bastante a resistir la primer violencia.  Así dieron a entender Sertorio y Sciluro Scytha el valor de la concordia, que hace de muchas partes distintas un cuerpo unido y robusto... Todas las obras de la naturaleza se mantienen con la amistad y concordia y en faltando desfallecen y mueren... Así, pues, sucede en los pueblos: un consentimiento común los unió y un disentimiento de la mayor parte y de la más poderosa los perturba y destruye.  La ciudad que por la concordia era una ciudad, sin ella es dos y a veces tres o cuatro, faltándole el amor, que reducía en un cuerpo los ciudadanos, esta desunión engendra el odio, de quien nace luego la venganza y de esta el desprecio de las leyes sin cuyo respeto pierde la fuerza la justicia (Et justitiae legem in concordia disposuerunt) y sin esta se viene a las armas.  Y, encendida una guerra civil, cae fácilmente el orden, que consiste en la unidad.  En discordando las abejas entre sí, se acaba aquella colmena.  Los antiguos, para significar a la discordia pintaban a una mujer que se rasgaba sus vestidos (Et scissa gaudens vadit discordia palla), Virgilio”.

 

 

Zamora junio de 2001.

Adolfo M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "... Las sus villas de Coca y Alhaexos", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2002.]

"... LAS SUS VILLAS DE COCA Y ALHAEXOS"

 

Con esta expresión de castellano del siglo XV, se refería Don Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla y luego de Santiago de Compostela, a los Señoríos de que era titular cuando expiraba en Coca (Segovia) el año 1493 y que fueron heredados de su antepasado Don Hernando como merced otorgada por el Rey trastámara Enrique IV el Impotente, constituyendo mayorazgo de sus tierras, en premio a sus servicios a la Corona de Castilla.

 

Y ¿no sería interesante considerar, por quien corresponda, que ya que en la antigüedad estuvieron unidas ambas villas y otros lugares con vínculo señorial, personal, en la familia y estirpe de los Fonseca, pudieran declararse hermanadas en la actualidad?

Son bastantes cosas las que las une:

  1. Su categoría de Villa antiguamente arzobispal y ducal finalmente.
  2. El castillo señorial (para los alaejanos la fortaleza), que una conserva magnífico, imponente, estupendamente restaurado, de ladrillo y estilo mudéjar, del siglo XV, y la otra ¡ay! solamente el solar rodeado por lo que otrora fue la cárcava o foso y alguna ruina o vestigio de lienzo de muralla.  Aguantó asaltos, asedios y permaneció en pie, mal que bien, hasta casi el siglo XIX, arruinándole la incuria, el expolio y la iconoclastia tan arraigada en los españoles.  Hoy, la fortaleza en pie, sería un importante aliciente para nuestra villa.
  3. Su población parigual, aunque siempre a favor de Alaejos.
  4. La actividad agrícola como principal medio de vida y riqueza con importante acento forestal, maderero y turístico a favor de Coca.
  5. El folklore castellano, la gastronomía, la idiosincrasia y sobre todo la historia común de su pasado glorioso, etc. 

La iglesia de Santa María la Mayor de Coca, que puede considerarse como El Escorial de los Fonseca, alberga en el presbiterio y ambas naves del Evangelio y Epístola y en el crucero, cuatro sepulcros con esculturas yacentes en mármol blanco de Carrara, bellísimas muestras de arte funerario, de miembros de tan ilustre familia a lo largo de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII.

También hay sepulturas a ras de suelo con su lápida marmórea sobre las que se han grabado en pomposo latín inscripciones laudatorias relativas al difunto que cubren.

Desde el primer Señor de Alaejos, el referido Don Hernando, Maestresala del Rey Don Juan II, los Fonseca son Señores de nuestra villa (y de Coca), por mucho tiempo, siendo el último Señor de ambas poblaciones (por sucesivos matrimonios, herencias, cruce de estirpes o entronques familiares), el Duque de Berwick y Alba, hasta comienzos del siglo XIX al entrar en vigor las leyes desvinculadoras y de abolición de los señoríos y mayorazgos (Decreto de las Cortes de 06-08-1811 y la ley aclaratoria de 08-05-1823).  La llamada confusión de Estados (estamentos sociales), se promulgaría hacia 1836.

 

Estas dos villas que estuvieron tan unidas en tiempos pretéritos deberían reanudar el tracto interrumpido.  Creo que sería provechoso y se enriquecerían mutuamente en los campos de la cultura, investigaciones genealógicas, sociales, familiares, históricas en suma, extrayendo enseñanzas de esa gran maestra de la vida que es la Historia, folklore, turismo (actividad que, si se me permite, recomiendo a los alaejanos hacia Coca), gastronomía, solidaridad, etc.

¿Se intentará la empresa?, “Audaces fortuna juvat”

 

 

Zamora, junio de 2002.

Adolfo M. Araújo y González.

 

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[ ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "En defensa del público reconocimiento del que fue ilustre hijo de la villa: Don Juan Fernández Vadillo", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2007.]

EN DEFENSA DEL PÚBLICO RECONOCIMIENTO DEL QUE FUE ILUSTRE HIJO DE LA VILLA :

DON JUAN FERNÁNDEZ VADILLO

 

Dice un refrán castellano que es de bien nacidos el ser agradecidos.

Así lo entendió en su día el Consistorio de Alaejos dando nombres de personas relacionadas con él a diversas calles del pueblo, vgr.: Gonzala Santana, Juan Méndez, Pero Giles, Hernández Morejón, Zabacos, Carranza….

Sin embargo, en mi opinión, aún no se ha hecho justicia en el sentido precedente, con uno de sus primeros, más filantrópicos y munificientes hijos: el obispo Don Juan Fernández Vadillo, cuya biografía, resumida, se transcribe a continuación.

 

“Nació este prelado en la villa de Alaejos, pertenecía a la abadía de Medina del Campo, en la diócesis de Salamanca.  En esta Universidad siguió los estudios desde su niñez, y cursados con notable aprovechamiento tres años de gramática, otros tres de artes liberales y cinco de teología, recibió los grados de bachiller y licenciado en la ciencia sagrada, y leyó por sustitución una cátedra de artes, y después la de teología a los religiosos de San Jerónimo.

Hizo oposición a una colegiatura del colegio mayor Santa Cruz de Valladolid y la obtuvo en 20 de septiembre de 1545, y nombrado rector del establecimiento más bien por sus dotes de gobierno que por su vasta ciencia, recibió la borla blanca (teología) con grande aplauso.

Vacó por este tiempo (en 1548) la canonjía magistral de Cuenca, por defunción del doctor Pedro Díaz, y oponiéndose a ella el doctor Vadillo, siendo de edad de 30 años, contra el doctor Alonso Martínez de Bergara, éste no solo llevó la prebenda sino que a más la totalidad de los votos, según refería con humildad y apacible donaire el señor Vadillo, siendo ya obispo de esta diócesis.

Mandadas establecer por el Concilio Tridentino las canonjías lectoral y penitenciaria en todas las catedrales, la de Palencia hizo convocatoria para la primera, y oponiéndose don Juan Fernández Vadillo, fue el primer canónigo lectoral de aquella Santa Iglesia.  También se opuso a un canonicato de la iglesia de Cartagena, y suscitado un pleito entre él y otro opositor, le ofrecieron 200 ducados de pensión para que cediese de su derecho; mas el señor Vadillo, que no conocía la codicia, lo renunció lisa y graciosamente y se volvió a Palencia, donde por muchos años estuvo dedicado a la enseñanza.

Muerto el obispo don Gómez Zapata, el Rey don Felipe II proveyó la mitra conquense en Fray Miguel de Alaejos, prior del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, varón de gran humildad, como lo acreditó no aceptando el nombramiento y respondiendo al Monarca: “que le era suficiente ser fraile para poderse salvar, y que le rogaba no quisiese oprimir su conciencia con carga tan peligrosa como grave”.  Tres veces más le rogó, pero en balde Don Felipe II que aceptase este obispado, y no pudiendo vencer su humildad y constancia, le mandó diese por sí mismo la mitra de Cuenca.  Fray Miguel se limitó a proponer a su pariente el lectoral de Palencia, cuya sabiduría, piedad y grandes dotes de gobierno conocía, y Su Majestad hizo de él elección.

Traídas las bulas de Roma, tomó posesión por el doctor Fernández Vadillo su provisor el doctor don Juan Carrionero a 12 de septiembre de 1587 y dio la posesión de la mitra don Fernando de Escobar, arcediano de Alarcón y canónigo de esta Santa Iglesia.  En ella entró con solemne recepción del cabildo el prelado Vadillo, en sábado, día 3 de octubre del mismo año, y le recibió el juramento a las puertas principales de la misma don Francisco Suárez de Cañamares, abad de Santiago y canónigo.

Pasados algunos días, Su Señoría Ilustrísima visitó las parroquias y monasterios e hizo visita de los prebendados jurídicamente desde el deán hasta los capellanes, procediendo en todo con paternales entrañas.

Vivió en el obispado 7 años y 23 días con gran virtud y edificación. Dio muchas limosnas públicas y más todavía secretas en Alaejos, en Cuenca y en todo el obispado: al hospital de Santa Lucía dio 1.000 ducados; otros 1.000 para la redención de cautivos o 20.000 al cabildo de clérigos, para que perpetuamente impuestos en renta, socorran con los réditos a la gente honrada menesterosa y en su pueblo natal fundó un convento de monjas y le dotó con unas capellanías.

Tuvo sínodo en esta ciudad en 1592, y siendo muy devota de San Julián, acudió en unión con el deán y cabildo a Su Santidad Clemente VIII, para que concediese al santo patrono de la ciudad y obispado rezo propio.  Su solicitud fue bien acogida y llegada la bula, y hechos grandes gastos para solemnizar la fiesta antes de ver lo que tanto anhelo, fue arrebatado por la muerte en un viernes, día primero de septiembre de 1595 (el 1 de septiembre de 2005 se cumplió pues el 410 aniversario de dicho evento), entre tres y cuatro de la tarde.  Enterráronle al día siguiente entre los dos coros de la catedral, junto al sepulcro de don Lope Barrientos, celebrando el oficio funeral don Francisco Suárez de Cañamares, el mismo que, recibiéndole el juramento le introdujo en la iglesia.

El obispado estuvo vacante 23 meses y 12 días hasta el 12 de agosto de 1597”.

 

De este prelado aún se conserva, restaurada, su casa natal en cuya fachada campean las armas de su escudo episcopal, en la calle Fortaleza y Plaza.

 

Un retrato suyo al óleo de cuerpo entero, anónimo, se cuelga en la sacristía de la iglesia de San Pedro Apóstol, fundó un pósito de granos para evitar la usura en años de escasez a los labradores de su pueblo.  Regaló de su peculio el retablo del altar mayor así como el coro bajo de nogal con 20 sitiales a los pies del templo, de dicha iglesia así como numerosos ornamentos litúrgicos, abundante orfebrería de plata en su color y sobre dorada entre ellas el cáliz de estilo gótico flamígero de plata sobre dorada, una de las mejores piezas de la provincia de Valladolid, que según la tradición fue regalo suyo aunque yo discrepo de esa teoría pues recuerdo haber leído en algún documento antiguo que no me viene a la memoria, que el tal cáliz junto con una patena a juego de plata sobre dorada recamada en pedrería, (hoy desaparecida) había sido traído a San Pedro por los que tenían a su cargo el Castillo-fortaleza junto con otros objetos de su oratorio como cuadros al óleo, braseros, morteros, etc, visto el estado ruinoso de la fortaleza.

 

Así pues considerando los méritos del que fuera en nuestra villa nato, sería de estricta justicia, pienso yo, que su nombre honrase el callejero del municipio materializado en la colocación de la correspondiente placa alusiva, según lo acordase la Corporación Municipal.  Ello procede “a fortiori”, (habida cuenta del otorgamiento de nombres nuevos a nuevas vías de la localidad en expansión), como se decía antiguamente “ad perpetuam rei memoriam”.

Puestos a suponer bien pudo nuestro paisano acudir al primer verso de la última Oda del tercer libro de las Odas de Horacio y exclamar: “Exegi monumentum aere perennius” (he acabado un monumento más duradero que el bronce).

 

 

Zamora, julio de 2007.

Adolfo M. Araújo y González.

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Abundando en los Fonseca", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita, Ayuntamiento de Alaejos, 2008]

 

ABUNDANDO EN LOS FONSECA

 

            En el anterior programa de fiestas patronales (año 2007), se trataba documentada y pormenorizadamente de dos miembros de la numerosa y esclarecida prole de la familia que tanto tuvo que ver con la historia del régimen señorial de nuestra villa, nuestra propia historia.

            Con los comentarios que siguen se intenta, si cabe, que los alaejanos y cuantos tengan curiosidad sobre el particular, puedan disponer de los datos y antecedentes que se ofrecen, noticia en suma, del devenir de Alaejos.

 

1.- Breve semblanza de don Alonso I de Fonseca, constructor del castillo-fortaleza de Alaejos.

 

            Alonso I de Fonseca, arcediano y deán de Salnés, Obispo de Ávila, Arzobispo de Sevilla, llega a la sede Compostelana en 1460, reincorporándose nuevamente a su primitivo destino de Sevilla en 1463.

            Según fray Felipe de la Gándara en su libro “Armas y triunfos de Galicia” editado en 1661, cap. XXVI, nos dice de los Fonseca tienen su origen en dos hermanos, caballeros de sangre real de Hungría, que vinieron a España en época de Alfonso VI, y que Pierres heredó la Quintana de Fuenteseca de donde tomó el apellido.  Del primero del que hay noticias fidedignas es de Men Gonçalez de Fonseca, señor de Quintana de Fonseca, tierras situadas entre el Miño y el Duero y que participa en la conquista de Toledo.

            De este desciende Don Pedro Rodríguez de Fonseca que casó con Inés Botello a quien Fernando de Portugal dio como dote la fortaleza de Olivenza y el Señorío de Las Villas de Castel-Rodrigo, Mira y otras además de las tercias de Badajoz y casas principales de Toro, por cuanto sus descendientes adquirirían el patronato de su Iglesia Mayor.  Don Pedro desciende de Beatriz Rodríguez de Fonseca que casó con el Doctor Juan Alonso de Ulloa a la que Baltasar de Zúñiga llama “Santa Madre Iglesia, por aver sido ermana madre i abuela de muchos insignes Prelados destos Reinos i proceden deste matrimonio los Señores de Coca, Alaejos…”.

            Hay una cierta confusión entre Alonso I y Alonso II, ya que entre ambos se produjo una doble permuta en las Sedes Compostelana e Hispalense y también entre sus armas.  Los avatares de la sede Compostelana con sangrientos hechos entre la nobleza, clero y monarquía están documentados en la “Historia de la Iglesia de Santiago” de Celso Emilio Ferreiro y “Galicia en tiempos de los Fonseca” de Salustiano Portela.

            En los “Claros Varones de España” de Hernando del Pulgar, coetáneo de Alonso I de Fonseca, Arzobispo de Sevilla encontramos un retrato perfecto del clérigo cuando dice que era un hombre de mediana estatura, bien parecido, hijo del Doctor Juan de Ulloa del linaje de hidalgos del Reino de Galicia, natural de la ciudad de Toro y que tomó el apellido de su madre, era poseedor de un agudo ingenio, además de tener una gran inteligencia y ser muy instruido por su condición de eclesiástico.  “El sentido de la vista tenía muy ávido y coddicioso, mas que ningún otro de los sentidos y siguiendo esta su inclinación placíale tener piedras preciosas y joyas de oro y de plata y otras cosas fermosas”.  Con respecto a las cosas a su servicio las quería de gran perfección y se deleitaba en ello.  “Era assi mismo muy limpio en su persona y en sus vestiduras y trajes y muy ordenado en sus gastos”.

            Entró al servicio del Rey Don Enrique cuando era Príncipe del que fue Capellán Mayor y promovido por su intercesión como Obispo de Ávila y posteriormente Arzobispo de Sevilla ocupando un lugar relevante en los Consejos de los Reyes Don Juan y Don Enrique considerándosele muy astuto y justiciero, prestando grandes y leales servicios a la Corona por lo que Don Juan le hizo merced del Señorío de Coca y de Halaejos (sic), donde edificó una fortaleza, por permiso real según se transcribe, y otros mayorazgos: “Yo el rrey: por quanto vos el reverendo padre Don Alfonso de Fonseca Obispo de Avyla my oydor e del my consejo me fesysteis rrelacion que a my merced plasyendo e con my licencia e mandamiento entendedes faser una fortaleza en la vuestra villa de Alaejos et me suplicasteis e pedisteis por merced que para ello vos mandase dar e dyese my licencia e facultad e los muchos e buenos servicios que me avedes fecho e fasedes de cada dia tove lo por bien et por la presente vos do licencia e facultad para que syn pena ny calupnia alguna podades faser e fagades qualquier fortaleza en la dicha vuestra villa de Alahejos non embargante cualesquier leyes e derechos en contrario de esto sean los cuales yo por la presente de my propio motivo e cierta ciencia e poderio rreal assoluto de que quiero usar e uso en esta presente abrrogo e derogo en quanto a este atañen o atañer pueden de lo cual vos mande dar esta my carta firmada de my nombre fecha en la my villa de Escalona quinse dias de julio año del nascimiento de nuestro señor IHOXPO de mill e quatro cientos e cinquenta e tres. yo el rrey, yo el dottor Fernando Dias de Toledo por su mandado del rrey lo fise escribir”.

 

2.- En torno a un capitel armero fonsequino.

 

            Con motivo de acompañar a su última morada a una persona amiga fallecida, me acerqué a rezar una oración a mi panteón familiar y al regreso para salir del camposanto me llamó la atención lo que parecía y era un capitel armero, de mármol blanco, invertido, en su día remate del fuste de una columna, que servía a modo de peana a una cruz de hierro colocada en la cabecera de una sepultura, pudiendo comprobar que fina y artísticamente talladas estaban las armas de un Arzobispo que podrían pertenecer, “prima facie”, a Alonso Ulloa Fonseca (1418-1473), Arzobispo de Sevilla, Señor de Coca, o a Alonso Fonseca, Obispo de Osma, Cuenca y Ávila o a Alonso Acevedo Fonseca, Arzobispo de Santiago, Patriarca de Alejandría.

            Como armas de los Fonseca se conocen las que campean en el colegio Fonseca de Santiago de Compostela (Alonso III), o las de la sepultura de Alonso II en la iglesia de Santa Úrsula de Salamanca, o en el Pazo de Ulloa de Cambados: “DE ORO CINCO ESTRELLAS DE GULES EN SOTUER”.

            Las armas del capitel de Alaejos se blasonan a continuación: escudo rectangular cuadrilongo redondeado en su parte inferior, cuartelado en cruz.

1º.- Cinco estrellas pentapuntadas en sotuer que corresponden al apellido Fonseca. (En algunas representaciones aparecen sexti u octipuntadas).

2º.-  Dos cánidos (¿lebreles?) en palo.  Bordura de sotuer.

3º.- Ajedrezado, que corresponde al apellido Ulloa.

4º.- Las figuras aparecen actualmente muy erosionadas aunque todavía pueden apreciarse dos cuadrúpedos (bóvidos, plantígrados, équidos, etc.), en palo.

            Del jefe del escudo sale, acolado, un báculo episcopal, debajo del capelo arzobispal.

 

SIGNOS EXTERIORES DEL ESCUDO

            Timbrado de capelo (sombrero) del que salen a ambos lados cordones con cuatro órdenes de borlas en 1, 2, 3 y 4.

            Las armas blasonadas corresponden a la dignidad arzobispal por el número de borlas (10) y su propietario ejerció jurisdicción eclesiástica (báculo).

            A la vista de lo que antecede y salvo mejor criterio, estimo que en el capitel armero se representan las armas de Don Alonso Ulloa Fonseca (1418-1473) o de Don Alonso Fonseca (m. 1505).  Menos probable es que sean de Don Alonso Acevedo Fonseca (1475-1507), Arzobispo de Santiago, Patriarca de Alejandría pues en vez de báculo tendría acolada una cruz patriarcal o del “bastardo” Don Alonso Acevedo Ulloa, Arzobispo de Santiago.

            El estado de conservación de la pieza no es bueno ya que aparte de la mutilación sufrida al haber sido separado con fuerza de su fuste, se ha maltratado la parte opuesta, que probablemente llevase también las armas arzobispales descritas.

            Se trata de una labra artística y finamente ejecutada de las representaciones y elementos exteriores (capelo, borlas, báculo), adornándose a modo de volutas de flores de cuatro pétalos.  ¿Influencias italianizantes del Cinquecento?

            A falta de datos facilitados por la propiedad sobre cómo llegó a ella el capitel, que algo facilitaría su “iter”, considero que, salvo datos histórico-artísticos y heráldico-genealógicos más precisos, a los que me someto, quizá formara parte de la columna de algún claustro, corredor o galería interior del castillo hoy derruido o de alguna edificación de la época desaparecida y merecería que el mismo, tal como el que suscribe puso en conocimiento del Ayuntamiento de Alaejos en escrito de 20-08-2007, figurase inventariado en el acervo cultural de la villa bajo el título jurídico-administrativo pertinente como “reliquia” de la época señorial del municipio.

            Finalmente quiero invitar a redescubrir lo que nos han dejado en herencia, pues de lo contrario quién sabe si a nuestra casa otros vendrán y, como dice bien el adagio, de ella nos echarán.

            Sustraída esta singular pieza en el mes de enero de 2008,  el hecho fue denunciado a la Guardia Civil por el Sr. Alcalde-Presidente de la villa en dicho mes.

            En consecuencia, el patrimonio histórico-artístico de Alaejos queda desgraciadamente empobrecido por la delictuosa acción de desalmados, a los que desde aquí profundamente desprecio, y por último con impotencia y abatimiento invoco el brocardo del Derecho Romano clásico: “RES CLAMAT DOMINO”.

 

 

Zamora, año 2008

Adolfo M. Araujo González. 

 

P.S. Corrigenda: En el anterior programa de fiestas de 2007, y respecto al cáliz gótico de plata sobredorada de la Iglesia de San Pedro, opinaba que a pesar de que la tradición oral le atribuía al Obispo de Cuenca Doctor Fernández Vadillo, el mismo había sido llevado a dicha iglesia por los que tenían a su cargo el castillo de la villa.  Pues bien, he comprobado en documento de 13 de abril de 1730 que el cáliz que estos entregaron en San Pedro no era todo él de plata sobredorada sino “de alquimia con la patena y copa de plata en blanco que era del Oratorio del Castillo de esta Villa….”, mientras que el tenido como del Obispo Fernández Vadillo efectivamente es de dicho Prelado que adquiriría o mandaría hacer a sus expensas: “Un cáliz de plata labrado a buril, sobredorado con su patena de plata sobredorada, con una cruz en medio, que dio el Obispo de Cuenca.”

 

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[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Significado del cuartelado de Castilla y León, su presencia en las armas de España", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2009.]

SIGNIFICADO DEL CUARTELADO DE CASTILLA Y LEÓN, SU PRESENCIA EN LAS ARMAS DE ESPAÑA

 

 

Desde siempre ondea permanentemente en la balconada del Ayuntamiento de esta villa la gloriosa Enseña Nacional rojigualda y a su lado la bandera de Castilla y León.  Vamos a intentar explicar su significado e historia, sin otra pretensión que no sea la divulgativa.

 

Hay que remontarse a Fernando III el Santo, quien siendo rey de Castilla solamente, traía en sus blasones las armas de León; solo cuando fue rey también de León usó en primer lugar las armas de Castilla.

En sus sellos de 1224 a 1225, como rey de Castilla, se le representaba a caballo embrazando un escudo con el león, sus armas paternas; en el reverso la señal del reino, un castillo ocupa todo el campo. Después de 1230, reunidas ambas coronas, aparece ya en los sellos llevando un escudo cuartelado: 1º y 4º de Castilla; 2º y 3º de León.

 

Es comúnmente aceptado que la primera combinación en cuartelado fue la que usara San Fernando para combinar dos armas.  Esta técnica llegó a extenderse tanto que a mediados del siglo XIII ya cuartelaba sus armas el rey de Aragón y Sicilia.  A fines del mismo siglo los condes de Foix ( Francia) y el duque de Brabante.  En el siglo XIV lo adoptaron los Perigord, Cominges, Armagnac (nobles franceses), los reyes de Bohemia, Navarra e Inglaterra.  A últimos de dicho siglo la moda llega a Polonia y Lituania y a primeros del siglo XV alcanza a Suecia.  De la intensidad de su uso en Castilla da idea el que en el armorial ecuestre de la Cofradía de Santiago de la Fuente de Burgos, de 222 armerías pintadas entre los años 1338 y 1500, 126 son de forma de cuartelado alternado.

 

Las armas cuarteladas son usadas continua y exclusivamente por los reyes de Castilla y León (“rey de España” como le llama en el siglo XIV el armorial de Gelre), tanto los efectivos como los pretendientes, solas estas armas, hasta Isabel la Católica y luego combinadas con otras.

Como es sabido, el cuartelado de Castilla y León, propio de Isabel la Católica, se une con las armas de Don Fernando de Aragón (su esposo) utilizando también el sistema de cuartelado.  Nuevamente se recurre a esta forma tan española, muy adecuada también entonces porque significaba la igualdad en preeminencia de ambos monarcas subrayada por el “Tanto monta” cuya repetición invertida “Monta tanto” evoca el ritmo de repetición del cuartelado alternado.

Doña Juana I de Castilla y de España hija de los Reyes Católicos, tan malograda por su locura, nuevamente cuartela este conjunto de castillo y león con las armas de su marido Felipe el Hermoso.

Es interesante observar que estas armas que incluían bajo su soberanía Estados de medio mundo, es precisamente el cuartelado de Castilla y León el elemento que mayor respeto inspira y el único que nunca osan tomar los bastardos.

El primer embate a esta forma de construcción heráldica alternando en cuarteles castillo y león data de Felipe II que la sustituye por el cuartelado de Castilla y León, partido de Aragón y Aragón y Sicilia, entado de Granada (la granada símbolo del último reino moro conquistado por Isabel y Fernando figura en la punta del escudo), todo ello cortado de las armas austriaco-borgoñonas.  Con el primer Borbón de la dinastía Felipe V cambia ligeramente la posición de Granada para dar cabida a la brisura de Francia impuesta por su abuelo Luis XIV correspondiente al ducado que había dejado en Francia.  Así llegan a Carlos III.  Este rey destruye la ordenación histórica pero salvando el cuartelado de Castilla y León con el entado en punta de Granada y cargado del escusón de su casa, la de Anjou, (3 flores de lis bien ordenadas).  El cuartelado de Castilla y León con el entado en punta de Granada había seguido usándose como armas abreviadas desde la época del Emperador Carlos V, tanto en los reversos de los sellos reales como en las monedas, ya ocupando todo el campo circular, cuartelado por la cruz opuesta de la cara.

 

Así continuarán las cosas hasta el fín del reinado de Isabel II con el paréntesis del rey intruso José (vulgarmente llamado por nuestros compatriotas de entonces Pepe Botella, aunque al ser abstemio, se dice no bebía) que adoptó como escudo: 1º Castilla; 2º León; 3º Aragón; 4º Navarra; 5º Granada; 6º las Indias, todo ello cargado con el águila napoleónica copia del escusón ovalado con las flores de lis que venían usando los Borbones.

 

Llega el año 1868 y España se quedó sin reina (Isabel II, la de los tristes destinos, bien intencionada pero mal aconsejada) y sin armería (escudo de armas). Por cierto, en la fachada del Ayuntamiento hay una lápida de mármol que recuerda el destronamiento y la Constitución republicana de 1868.  Los más progresistas, nunca faltan, comenzaron a pensar para símbolo nacional, en matronas con más o menos ramos y laureles, hojarascas y leones con inspiración romana, pero los tradicionales cuarteles españoles pasaron para continuar su vida heráldica.

 

La historia posterior es bien conocida: Monarquía de D. Amadeo de Saboya, República de 1873, Restauración de 1876 con Alfonso XII, Alfonso XIII, República de 1931, Estado Nacional, se quitan y se ponen coronas reales, republicanas o murales, escusones de Anjou, Bonaparte, Aosta.

 

Actualmente forma parte del nuevo escudo de España el castillo y el león. En el año 1938, (Gobierno del Generalísimo Franco), el cuartelado ideado por el rey San Fernando es restablecido en el lugar principal de las armas de España, la combinación tan española en cuartelado vuelve a ser utilizada nuevamente para unirlo con Aragón y Navarra.  La disposición en cuartelado de Castilla y León estuvo 700 años en nuestras armas, es una forma heráldica netamente española desde el siglo XIII, luchemos porque no desaparezca nunca de nuestra historia, es nuestra Tradición y nuestras raíces.

 

 

Alaejos, agosto de 2009.

Adolfo M. Araujo y González.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[ARAÚJO Y GONZÁLEZ, Adolfo-M.: "Significado del cuartelado de Castilla y León, su presencia en las armas de España", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2009.]

 NUESTRAS PIEDRAS LABRADAS ARTÍSTICAMENTE

 

   Aunque nuestra villa carece de canteras, como muchos municipios de la zona y las más cercanas están a bastante distancia, sin embargo, aún se conservan piedras traídas de fuera para diversos usos relacionados generalmente con la agricultura, la ganadería de vacuno, ovino y caprino, animales de tiro y carga, vitivinicultura, lo religioso, ornamental, etc.

   Me refiero naturalmente a las “piedras humanizadas”,  es decir, labradas con cierto arte o simplemente marcadas por los canteros como los sillares perfectamente escuadrados de la cámara acorazada en la base de la torre-campanario de Sta. María donde se custodia la rica orfebrería sacra del museo interparroquial. 

   En Alaejos hay piedras labradas que pasan desapercibidas de tanto verlas pero que tienen su importancia como vestigios de otro tiempo.

   Me alegraría comprobar que tanto autoridades como particulares se fueran sensibilizando en relación con el valor de nuestras piedras y en este sentido constato que hay vecinos que al reformar sus casas colocan en las esquinas de las mismas las piedras de los antiguos lagares de viga sobre las que giraba el husillo y sin que se dificulte la circulación de vehículos.

   Al ser Alaejos villa quizá hubiese tenido picota o rollo de justicia ¿dónde estaría ubicado? ¿en la plaza o cerca del castillo-fortaleza? ¿habrá algún resto en algún corral?, yo he conocido como alféizar de una ventana ¡un relieve de alabastro inglés policromado precioso y deteriorándose!...triste fin.

   Como es sabido la picota era una columna de piedra más o menos adornada artísticamente, ordinariamente rematada por una cruz, que originariamente era señal de jurisdicción y autoridad del Rey o de un Señor. El rollo de Villalón es paradigmático.

    Soy, pues, de la opinión de que como regla de oro, toda piedra que haya sido grabada o labrada que se posea o que se encuentre, debe ser protegida y si es posible que se reutilice.

   Enumero, sin ánimo de ser exhaustivo y arriesgándome a dejar alguna en el tintero, a modo de inventario las siguientes:

  •  Piedras cilíndricas donde se encajaba el husillo en los lagares de viga que, por otra parte, eran numerosos en Alaejos. En la ermita de Ntra. Sra. de la Casita hay varias de esquina y en el teatro municipal así como en casas del casco urbano.
  •  Cruceros, humilladeros o restos de calvarios (Carrezamora, Arrabal, con peana e inscripción ilegible, Carretera de Salamanca, este como estela funeraria conmemorativa).
  •  Columnas del atrio de Sta. María con capitel rematado en bola y santoral de la fachada.
  •  Columnas dóricas del tejadillo a tres aguas de la entrada principal del Hospital del Buen Pastor aledaño.
  •  Peana sita en el referido atrio con inscripción legible del SºXVI: “Esta cruz es de Garcí Álvarez. Año 1558”.
  •  Bolas de adorno de ambas torres-campanario y cementerio (puertas principales).
  •  Pilas bautismales, del agua bendita, lavatorios de las sacristías y ambos altares mayores así como escaleras de caracol de las torres. Ventana norte renacentista del primer cuerpo de la torre de Sta. María.
  •  Pilas o pilones y brocales de los pozos abrevaderos del campo ¿se acabarán ya los robos, hurtos, daños, etc. de estos elementos vgr: Gran pila del pozo de La Argentina, del pozo de la Casita?
  •  Remates del frontispicio del Caño.
  •  Pilas de corrales de casas particulares.
  •  Labras heráldicas históricas cuyo inventario realizó el que suscribe con fotografía “ad hoc” en el año 1980.
  •  Labras heráldicas modernas de nueva creación, ya bastante numerosas. Ninguna debería salir en el futuro de nuestra villa.
  •  Laudas y lápidas sepulcrales de ambos templos y ermita (la de Catalina de la Cruz con inscripción en letra gótica teutónica, de mármol blanco en el presbiterio).
  •  Columnas dóricas de piedra de soportales de la plaza mayor, de Campaspero o Velilla, y la fuente ornamental.
  •  Piedras labradas usadas como poyos adheridos a fachadas que pudieran proceder de los matacanes o barbacanas del castillo.
  •  Claustro interior de la llamada Casa del Inquisidor en la C/ Ramón y Cajal.
  •  Sillares de algunas fachadas del caserío municipal y ermita, los dos relojes de sol, etc.
   En consecuencia cabe preguntarse: ¿Sería posible hacer un museo lapidario en algún jardín de la villa?, resultaría instructivo y protector.

   Finalmente ya que hablamos de piedras, (¿se acuerdan Vds. de aquel magnífico programa histórico de televisión de los años 60 ó 70 “Si las piedras hablaran”?), permítanme relatar la siguiente anécdota: Transcurrían los primeros años del Sº XIX, siendo todavía soberanos los Estados Pontificios y quedó vacante la Sede Apostólica. Convocados los cardenales a Cónclave “In Summo Pontifice eligendo” y tras las votaciones canónicas resultó elegido un cardenal al que se le concedían pocas posibilidades como papable. Prestada la obediencia por los electores besando la sagrada babucha del electo, al hacerlo el perdedor, el ya papa sibilinamente y con caridad cristiana, en latín, (¡ah mi añorado y elegante latín, nuestra lengua matriz!), le susurró citando las Sagradas Escrituras: “Lapidem, quem reprobaverunt aedificantes, hic factus est in caput anguli”; contestando el cardenal rápido de reflejos, completando la cita, dando a entender que fue elegido milagrosamente no por su valía personal: “A Domino factum est istud, et est mirabile in oculis nostris”. Lo que podría traducirse por: La piedra que desecharon los arquitectos (los constructores), esa misma es la clave del ángulo (la piedra angular). Es el Señor el que lo ha hecho, es un milagro patente.

  “E se non è vero, è ben trovato”, que dicen los italianos.

 

 Adolfo M. Araújo y González

Año 2010

 

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