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ANTONIO LUCAS VARELA

El pico del Arca Madre. (1997)

Las Cabañuelas. (1999)

¡Lagarto, lagarto! Supersticiones (I). (2003)

¡Lagarto, lagarto! Supersticiones (II). (2004)

Falafeios. (2007)

Cave canem. (2008)

Los animales en el refranero popular alejano. (2010)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[LUCAS VARELA, Antonio: "El pico del Arca Madre", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita, Ayuntamiento de Alaejos, 1997.]

EL PICO DEL ARCA MADRE

 

 

La fotografía que ilustra la portada del Programa de Fiestas que tiene usted en sus manos, reproduce el Arca Madre (la mayoría decimos Alcamadre).  Es una construcción del S. XVIII en ladrillo rojo en forma de pináculo y el sistema de recogida tiene gran semejanza con la foggara árabe estos fueron auténticos artistas en el dominio y la utilización del agua.

 

El Arca Madre es la acequia principal –Madre– que recoge aguas de distintos manantiales subterráneos y de la que parte, canalizada a otras arcas chicas, para llegar, Reguera abajo, hasta el lugar conocido como El Caño, donde ya se podía recoger en vasijas, normalmente, cántaros de barro de aproximadamente 16 litros.

Aunque muchas casas del pueblo tenían, en sus corrales, pozos, por lo común poco profundos –12 a 18 metros–, el agua de éstos era demasiado “dura” por lo que sólo se utilizaba para uso animal y “dar un ojo a la ropa”.

 

El agua de los manantiales del Arca Madre, que afloraba en El Caño, era un agua turbia, pero muy cochera, con un cierto sabor que los alaejanos aún conservamos en la memoria de nuestro paladar.  De suma importancia durante siglos, dado que la comida principal de este pueblo era el cocido, y este agua convertía en finos y cochos sus garbanzos.

Pocos alejanos se habrán librado del dudoso privilegio de ir una y otra vez a por cargas de agua, sobre todo en ciertas épocas en las que el buen agua era de suma necesidad: la matanza, la Casita...

 

¡Qué buen nombre: Arca Madre!  Arca, donde se guardaban las cosas valiosas; y Madre, ¡ay la Madre!, la que da a los hijos lo mejor de sí misma.

 

El Arca Madre nos ha dado, lenta y sumisamente, el valioso tesoro del agua en una tierra normalmente sedienta, y como buena madre, nunca falló.  Dulce, sabrosa y fresca, alivió la sed y convirtió a los humildes garbanzos en un plato exquisito, indispensable y cotidiano en nuestras mesas.  ¡Que viva el Arca Madre!

 

 Antonio Lucas Varela.

 

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[LUCAS VARELA, Antonio: "Las Cabañuelas", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1999.]

LAS CABAÑUELAS

 

Sabemos que las ciencias no son exactas y que grandes genios, como Galileo o Newton, mintieron con intención, cuando menos, dudosa, a sus contemporáneos sobre el resultado de algunos de sus experimentos.  De estas pequeñas mentiras surgieron grandes verdades consideradas, hoy día, pilares fundamentales de la ciencia moderna.

La meteorología, como ciencia, no escapa a la falsedad y el error.  Nuestro interés por el conocimiento del clima –a veces, ingenuamente, por su control– es tan antiguo como posiblemente lo sea el ser humano.  Con cierta seguridad, ese afán por adivinar el tiempo existió desde el descubrimiento de la agricultura por las sociedades neolíticas.  La multitud de refranes relativos al tiempo meteorológico, tan antiguos y erróneos como contradictorios, así lo atestiguan.

Pero, lo válido para un determinado lugar no lo es para otro; la generalización es el camino más corto hacia la equivocación.

 

Hoy les voy a hablar de las Cabañuelas, uno de los sistemas de predicción del tiempo meteorológico menos conocido y más misterioso.  Las Cabañuelas se pueden observar en dos épocas del año, en agosto, del uno al doce (o del dos al trece), y en Santa Lucía, del trece al veinticinco de diciembre.

En ambos casos, este enigmático procedimiento toma como referencia los citados doce días de agosto o de diciembre para predecir el tiempo de los doce meses del año siguiente (tabla 1).  Como para la explicación vale cualquiera de las dos opciones, elegimos la de agosto.  Tomamos como punto de partida el día uno de agosto, en el comienzo del día solar, es decir, las dos de la mañana, y observamos la evolución meteorológica durante las veinticuatro horas de ese día.  Estas veinticuatro horas del primero de agosto representan los 31 días del mes de enero próximo (tablas 2 y 3).  Las carencias tecnológicas y culturales de antaño se suplían con grandes dosis de ingenio y gran capacidad de observación.

Tabla I

DÍA DE LA CABAÑUELA

MES CORRESPONDIENTE

CABAÑUELAS DE AGOSTO

CABAÑUELAS DE STA. LUCÍA

1

13

Enero

2

14

Febrero

3

15

Marzo

4

16

Abril

5

17

Mayo

6

18

Junio

7

19

Julio

8

20

Agosto

9

21

Septiembre

10

22

Octubre

11

23

Noviembre

12

24

Diciembre

Tabla II

Correspondencia de la hora del día de la Cabañuela con el día del mes

Hora del día

0

a

1

1

a

2

2

a

3

3

a

4

4

a

5

5

a

6

6

a

7

7

a

8

8

a

9

9

a

10

10

a

11

11

a

12

12

a

13

13

a

14

14

a

15

15

a

16

16

a

17

17

a

18

18

a

19

19

a

20

20

a

21

21

a

22

22

a

23

23

a

24

Día del mes

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

14

15

16

17

18

19

20

21

22

23

24

25

26

27

28

29

30

Tabla III

CABAÑUELAS

CORRESPONDENCIA

HORAS

METEOROLOGÍA

DÍAS

METEROLOGÍA

De 0 a 8 hrs.

Tapado, revuelto

Del 1 al 10

Lluvia

De 9 a 16 hrs.

Raso, despejado

Del 11 al 20

Despejado

De 17 a 24 hrs.

Tapado, revuelto

Del 21 al 30

Lluvia

 

Supongamos, por ejemplo, que la observación nos proporciona los siguientes datos:

  • De 12 de la noche a 8 de la mañana, cielo cubierto y tiempo inestable.
  • De 9 de la mañana a 4 de la tarde, cielo raso y despejado.
  • De 5 de la tarde a 12 de la noche, cielo cubierto con lluvias débiles.

Aplicando las Cabañuelas, la predicción para enero, mes correspondiente al primer día de éstas, sería la siguiente:

  • Del 1 al 10 de enero, lluvioso e inestable.
  • Del 11 al 20 de enero, despejado y estable.
  • Del 21 al 30 de enero, lluvioso. 

Pasamos al día dos de agosto, segundo día de las Cabañuelas, que se corresponde con el mes de febrero y repetimos la observación, aplicando la predicción como antes.  De igual forma con el resto de los días de las Cabañuelas (ver tablas)

 

Pero el método no es tan simple como en principio pueda parecer, porque además de la observación directa del cielo, hay que tener en cuenta los vientos dominantes y las fases de la Luna.

En Alaejos (ver gráfico), los vientos dominantes son del norte, noroeste, sur y suroeste, siendo muy raros los vientos del este, noreste y sureste.  El frío viento del norte provoca heladas; el del noroeste, tiempo revuelto e inestable con chubascos; y, el del suroeste suele traer lluvias.

En  cuanto a las fases lunares, la revolución del tiempo se produce en el cambio de fase, siendo las lunas menguantes y las crecientes las más propicias para el tiempo inestable y lluvioso.

 

Aseguro que lo explicado es cierto (mientras no se demuestre lo contrario).  Un estudio largo y pormenorizado posiblemente nos diera respuestas sorprendentes que, a su vez, nos conducirían a otra mera verdad: la sucesión de años de vacas gordas y los de vacas flacas, es decir, los ciclos climáticos de siete años.  Pero..., es aventurarse mucho ya que nos enfrentaríamos al cabalístico número siete (demasiado presente en la simbología de la cultura cristiana occidental), aunque recientes estudios sobre las manchas solares y su evolución parecen dar credibilidad a la existencia de dichos ciclos.

 

Así son las Cabañuelas, si así os parecen, el viento de la sabiduría popular es variable y caprichoso, y no siempre sopla en la misma dirección.  Las interpretaciones pueden cambiar, porque el conocimiento ha llegado con los siglos por caminos tortuosos.

 

 

En Alaejos a viernes 6 de agosto de 1999.

Antonio Lucas Varela.

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[ LUCAS VARELA, Antonio: "¡Lagarto, lagarto! Supersticiones (I)", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2003.]

¡LAGARTO, LAGARTO!

Supersticiones. Primera parte

 

No es Castilla tierra tan propensa a supersticiones como Andalucía, Asturias o Galicia en las que el clima y la vegetación propician más este tipo de pensamientos naturales o de carácter religioso, pero haberlas “haylas” y muy arraigadas entre la población más desfavorecida culturalmente. Aunque es cierto lo anteriormente dicho, no lo es menos que también en círculos más cultos se dan este tipo de creencias y que posiblemente muchas de las soluciones de carácter científico aplicadas hoy a gran cantidad de problemas no fueran en su origen sino simples supersticiones.

Aunque nos cueste aceptarlo abiertamente todos somos supersticiosos y lo somos, en la mayor parte de los casos, por herencia cultural. La cultura clásica y judeocristiana que nos sustenta está originada en multitud de supersticiones de las que, en contadas ocasiones, podemos librarnos aunque lo neguemos. Las supersticiones tienen un origen ancestral y por tanto difícilmente pueden ser borradas del inconsciente colectivo.

El estudio de las mismas es una fuente inagotable para encontrar antiguos ritos y tradiciones, precristianas en gran medida, y por tanto muy mal interpretadas en el mundo de la fe. Un buen ejemplo lo tenemos en los presagios de los espejos rotos. Romper un espejo es causa de siete años de mala suerte. El origen de tal creencia se encuentra en que los espejos siempre fueron un instrumento de adivinación y romperlos equivale a destruir el medio de conocer la voluntad de los dioses.

 

La mayoría de los diccionarios consideran a la superstición como: “Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón”, y se la añade otra acepción más peyorativa aún: “Creencia ridícula y llevada al fanatismo sobre materias religiosas”.

Sin embargo estas definiciones no las recoge el diccionario de la RAE que la define como: “Propensión causada por temor o ignorancia, a atribuir carácter sobrenatural u oculto a determinados acontecimientos” y como: “Creencias de vanos presagios producidos por acontecimientos puramente fortuitos”. Obviando por tanto el matiz religioso que está presente en la mayoría de las definiciones.

 

Admitiendo que en la intimidad de nuestro yo caemos en algunas de estas prácticas describo las más comunes en esta nuestra tierra y más concretamente en nuestro pueblo. 

  1. Para proteger los melonares. La noche mágica del 23 al 24 de junio, festividad de san Juan Bautista, es considerada la más adecuada para toda clase de hechizos y supersticiones. Aquí, en nuestro pueblo, se encendían hogueras en los melonares para que no cogieran melera, daño producido por el exceso de rocío, la lluvia o el granizo. 
  2. Para asegurar una buena incubación. Cuando se echaba una gallina clueca a incubar se colocaba el nido con un número impar de huevos, se hacía una cruz al fondo con palitos y se cubría con paja. Colocada a la gallina en el nido, se ponía un cribo sobre ella  para que no se moviera. Finalmente se la bendecía haciendo la señal de la cruz con las manos para asegurar una buena y completa incubación. 
  3. Para proteger la casa contra el fuego. Por san Lorenzo, día 10 de agosto, se colgaba un racimo de siete hojas de higuera dentro de las casas para protegerlas del fuego. El número siete representa a Dios en su suma de perfecciones y es el número sagrado por excelencia. San Lorenzo murió martirizado en una parrilla. 
  4. Para proteger las casas contra las tormentas, los rayos y el granizo se colocaba en las ventanas de las casas una cruz hecha con los palos de las ramas de laurel bendecido que se utilizaron para la procesión del domingo de Ramos. En la mitología griega el laurel era la planta de Apolo pues en ella quedó convertida la ninfa Dafne por rechazar los amores del dios, por eso en muchos lugares creen que el laurel tiene espíritu. El rayo acompañado del trueno es la muestra del poder y la ira de Júpiter por lo que se considera una señal divina ante la que hay que protegerse. Durante mucho tiempo se creyó que el sonido de las campanas partía las nubes y ahuyentaba las tormentas. También era costumbre dejar abierta una puerta de la casa para que saliera el rayo que entrara por la chimenea y para amainar los rayos y los truenos se invocaba a santa Bárbara o se encendían los cirios que habían estado en el Monumento al Santísimo el Jueves Santo.Para aliviar el miedo que a los niños les producen los truenos se les explicaba que eran los angelitos del cielo arrastrando carros cargados con piedras. 
  5. Para proteger la casa o el gallinero de moscas o piojos se colgaban racimos de mestranzos en las puertas de entrada. El llamado mestranzo (1) es una planta labiada, aromática y medicinal que crece junto a las corrientes de agua. También se la conoce como Hierbabuena de burro o Matapulgas. 
  6. Para librarse de las visitas inoportunas. La escoba es el medio de trasporte de las brujas para asistir a los aquelarres pero también es un recurso contra ellas. Colocar una escoba con el mango hacia abajo detrás de una puerta es muy eficaz contra la entrada de brujas en las casas y para que las visitas consideradas inoportunas se despidan cuanto antes. 
  7. Para asustar a los niños: ¡Que viene el COCO! Este coco, bicho malo e invisible, es un personaje muy popular que a todos, en mayor o menor medida, nos ha asustado en nuestra infancia. Dice Joan Corominas (2) que coco es vocablo perteneciente al lenguaje infantil con el significado de objeto esférico o cabeza y lo define como “fantasma que se figura para meter miedo a los niños”. Sigue Corominas señalando que es el fruto del cocotero y que debe su bautismo a los portugueses, compañeros de Vasco de Gama, que vieron en este fruto redondo con sus tres agujeros la imagen de una cabeza con su boca y sus ojos, igualita que el coco infantil en su representación más imaginativa. O lo que es lo mismo, primero fue el fantasma infantil y luego el fruto del cocotero. En 1611 Sebastián de Covarrubias (3) define así el vocablo: “ Coco: vale figura que causa espanto y ninguna tanto como las que están a lo oscuro o muestran color negro, de Cus, nombre propio de Can, que reinó en Etiopía, tierra de negros”.  Junto al Coco, como compañero de fechorías y primo suyo, está el Hombre del saco, tío grandullón, gigantón abominable que lleva un enorme saco donde mete a todo niño malo que se le pone por delante, para hacerse unas buenas sopas con ellos, y que en su loco recorrido nocturno los va perdiendo por el camino sin apenas importarle por el exceso de las ofertas que le llegan desde todos los rincones del mundo mundial.  Incansables en los asuntos de chupar la sangre de las personas, dar sustos de muerte, raptar niños y comérselos crudos, entre otras delicadezas por el estilo. Chicos, ni puñetero caso, ni cuando os canten eso de: Duérmete mi niño/ que viene el coco/ y se lleva a los niños/ que duermen poco. Lo que quiere tu mamá es que la dejes tranquila para ver la telenovela venezolana con Alberto Julio de protagonista  
  8. Para sanar de alguna enfermedad. Creencias sobre el Cristo de la Caridad de san Pedro y el Cristo de la Salud de santa María. Está muy arraigada entre la población la creencia de que el beber el vino rancio con el que se lava la imagen del Cristo de la Salud de santa María los enfermos sanarán y los sanos no enfermarán. También se cree que los alfileres que sujetan las vestiduras del Cristo de la Caridad de san Pedro son los más apropiados, por benditos, para sacar, sin infectar la herida, las espinas de las gatuñas que se quedan clavadas en los dedos de las manos. Al Cristo de la Caridad se le cambia la vestidura al llegar la Cuaresma y los alfileres que han sujetado la que ha tenido durante el resto del año litúrgico son empleados para tal fin. 
  9. Hechos y acciones de mal agüero  
    • Matar a una golondrina es de mal agüero y, además, un pecado contra Dios pues estas aves fueron las encargadas de arrancar las espinas de la cabeza de Nuestro Señor y la mancha roja de su cuello es la sangre de Cristo.
    • Pisar las yendas (4) entre las baldosas da mala suerte. Esta superstición se basa en el juego infantil de “Quien pisa raya pisa medalla”.
    • Si en el desarrollo de la ceremonia de una boda se caen las arras en signo de infortunio y pobreza para los desposados.
    • El arrancarse las canas es cosa de necios pues por cada una que te arranques te saldrán siete más.
    • Caerse el dedal al coser es causa de desgracias.
    • Una mujer menstruante no debe manipular ciertos alimentos como la mayonesa, pues se corta. Del mismo modo no debe lavarse la cabeza ni bañarse pues se le retira la regla.
    • Es creencia popular que si el Domingo de Ramos no se estrena algo (un vestido, abrigo o zapatos) nos cortarán las manos. Significa que no hemos trabajado y por tanto no disponemos del dinero necesario con el que comprar algún majo para festividad tan señalada.
    • El cantar mal, a gritos o desafinadamente, atrae la lluvia. En esta tierra nuestra en lugar de mandar callar a los que sólo tienen orejas debería premiárseles y si me apuran contratarlos y pagarlos bien pagados para evitar las pertinaces y malignas sequías.
    • El tener puertas y ventanas abiertas que produzcan corrientes de aire en la casa hace que se corte la mayonesa. 
  10.   Hechos y acciones de buen augurio  
    • Pisar una mierda (misgar-se), sin darse cuenta, es signo de buena suerte y quien lo hace debe rápidamente comprar lotería o hacer algo que no se atrevía a realizar.
    • Si zumban los oídos o se cae algo de las manos es que alguien que nos quiere se está acordando de nosotros en ese momento.
    • El derramar accidentalmente el vino sobre la mesa es señal de alegría y buena suerte.
    • El tener y encontrar un pelo sobre el hombro es señal de que pronto se va recibir carta de un ser muy querido.
    • Si una novia te regala un alfiler de su velo o una horquilla del pelo es señal de buena estrella y signo de casamiento cercano.
    • La presencia de la cigüeña y su nido en la torre es un símbolo del amor materno y de que los vecinos del pueblo gozarán de paz y buena fortuna.
    • Si se quiere encontrar con rapidez algún objeto perdido lo mejor es hacer una ofrenda a san Antonio o dar un pedazo de pan a un mendigo.
    • Para tener buena memoria y no olvidar ningún recado lo mejor es atar un nudo en el pañuelo.
    • Arrojar garbanzos al pozo además de dar buena suerte hace que si se tienen verrugas o clavos éstos desaparezcan de la noche a la mañana.
    • Si se quiere curar un orzuelo, considerado mal de los mentirosos, lo mejor es pasar un anillo de oro por él y sanará.
     

A. Lucas Varela

Alaejos, julio 2003

(1) Mentha rotundifolia

(2) Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, tomo II, pág. 111.

(3) Tesoro de la lengua castellana o española, s.d.

(4) Juntas de separación entre las baldosas.

 

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[ LUCAS VARELA, Antonio: "¡Lagarto, lagarto! Supersticiones (II)" Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2004.]

¡LAGARTO, LAGARTO!

Supersticiones- Segunda parte

 

En verdad son terribles la incredulidad y el desprecio por las cosas divinas, pero también resulta igualmente terrible la superstición, que al igual que el agua siempre se encamina hacia lo más bajo" (1). Al hilo del pensamiento de Plutarco,las supersticiones que se detallan quizás se encuentren en una fase recesiva y sean, incluso, poco conocidas por las capas más jóvenes de la población  que están viviendo uno de los cambios más sustanciales de la sociedad moderna en los últimos años. Sin embargo, no significa que las supersticiones hayan desaparecido sino que están siendo sustituidas por otras menos relacionadas con el mundo greco-romano y con la religión judeo-cristiana, dado el progresivo desprecio por la cultura y el abandono de la práctica religiosa.  Sea como fuere, aquí se resaltan aquellas que junto a las publicadas el pasado año, eran las más frecuentes.

 

  1. Para tener el sueño apacible. El aullido del viento y los crujidos y ruidos sin identificar son considerados como señales de las ánimas de los difuntos que nos solicitan misas y oraciones para salir del Purgatorio lo antes posible. Es costumbre antes de acostarse rezar por las ánimas y hacer la señal de la cruz para que nos dejen en paz durante el sueño.
  2. Sobre el embarazo y la maternidad. En torno al embarazo existen multitud de supersticiones. Veamos. La mujer embarazada debe cumplir una serie de normas y reglas muy estrictas pues de su comportamiento depende la vida del hijo que lleva en sus entrañas. Los deseos o antojos de una mujer en estado deben cumplirse siempre si no se quiere que la criatura sufra consecuencias tales como manchas en la piel o malformaciones. Si la mujer gestante canta a su futuro hijo es posible que el niño nazca de pie, signo considerado de buena estrella para toda la vida. Si tiene la barriga redonda es señal de que nacerá una niña, si es picuda un niño. Si tiene ardor de estómago será niño y además muy peludo. Si ha sido concebido durante el cuarto creciente será niño, si la concepción ha tenido lugar en cuarto menguante será niña.
  3. Para desear buena salud. Cuando alguien estornuda es costumbre muy arraigada y, si me apuran, signo de buena educación, exclamar: ¡Jesús! Pues bien, esta costumbre de nuestro subconsciente ya la recoge Plinio el Viejo (2): “¿Por qué decimos ¡Salud! al que estornuda? Esta es una costumbre que hasta Tiberio César, según se dice, el más insociable de todos los hombres, solía exigir aún cuando fuese montado en un carruaje, y algunos creen que produce mayor efecto añadir al saludo el nombre del que estornuda”. Con la llegada del cristianismo la expresión ¡Salud! fue sustituida por el nombre de ¡Jesús! o ¡Dios te bendiga! Parece que surgió en el año 70, siendo Papa san Gregorio III, cuando el aire estaba tan contaminado que quien estornudaba tenía mucho riesgo de morir por aspirar gran cantidad de aire antes del estornudo propiamente dicho. Por ello el Papa estableció esta forma de rezo: Que Dios te ayude o te bendiga. También hay quien cree que la expresión impedía que al estornudar el diablo pudiera entrar en el cuerpo a través de la boca.
  4. Para evitar la enfermedad. Para los romanos el nogal era un árbol tenebroso y maldito por estar dedicado a Proserpina, compañera de Plutón y, como éste, divinidad del inframundo. Hoy genera desconfianza pues se considera que quien descanse bajo su fría sombra se levantará enfermo, con fiebre y toda clase de molestias.
  5. Para pedir una buena cosecha: Se recogen las espigas más granadas de los campos y se conservan hasta el Jueves del Corpus. Ese día, al paso de la procesión y de la Custodia, se arrojan en ofrenda al Santísimo y se implora por una buena cosecha.
  6. Supersticiones sobre animales. Entre todos ellos sobresale la serpiente, considerada encarnación del diablo, es un animal maligno, de ella nació el pecado, la enfermedad y la muerte. Es, además, animal que suscita repulsión o atracción casi a partes iguales, sensaciones ambas de carácter supersticioso. Al hablar de ellas se cita a los Bastardos,(3) que son capaces de ponerse casi de pie sobre su cabeza, blandiendo la cola como un látigo contra el humano que le amenace. Su astucia es tal, que por las noches se cuela en la cama de las recién paridas y, apartando a los bebes, les mama la leche a las madres. Esta ladina culebra, a la vez que succiona la leche de la madre, introduce la cola en la boca del bebé, a modo de chupete, para que no se despierte llorando y alerte a su madre que, placidamente dormida, no se percata hasta que, notando la pérdida de peso del niño, descubre el engaño de la “bastarda” y extrema las precauciones ante tan golosa culebra, cerrando puertas y ventanas, aún en las noches más calurosas.  Para exterminarla se busca el escondrijo a través del rastro que deja semejante animalucho. Para tal fin se coloca un plato con leche tibia a la entrada de la guarida para cuando, al olor de la suculenta bebida, asome la cabeza, aprovechar el momento para matarla. Al hilo del asunto, el herpes zóster torácico recibe el nombre de “culebrón” por la similitud que tiene esta erupción cutánea con el rastro de una culebra, llegando la imaginación popular a afirmar que si ésta rodea el cuerpo del enfermo puede ocasionarle la muerte por asfixia.
  7. Señales sobre el devenir de la existencia y sus circunstancias.
    • Si un recién nacido tiene en la cabeza un remolino de pelo indica que será un niño inquieto y trasto. Si tiene dos es señal de suma inteligencia.
    • El tener manchas blancas (4) en la raíz de las uñas es señal de personas mentirosas.

 

Antonio Lucas Varela.

 

(1) Plutarco, Vidas paralelas, Alejandro y César, Madrid, Alianza, 2003, pág. 140.

(2) Plinio Secundo, Gayo: Historia Natural, (ed. Josefa Cantó), Cátedra, Madrid, 2002, libro XXVIII, pág. 467

(3) Malpolon  Monspessulanus

(4) Popularmente se las llama mentiras

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[LUCAS VARELA, Antonio: "Falafeios", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2007.]

FALAFEIOS

 

El origen del topónimo Alaejos, nombre actual de nuestro pueblo, ha sido y sigue siendo un misterio que, posiblemente, pueda resolverse con el tiempo y la ayuda de estudiosos y expertos en la materia. Para un primer estudio es obligado acudir a nuestro paisano José Ojeda (1) que señala la existencia de dos fuentes documentales que demuestran la existencia de una villa medieval con este topónimo.

En la primera de ellas se identifica a Alaejos como el Falafeios que aparece en un documento de cesión de 1185.

Del mismo modo señala que para otros autores Alaejos aparece un siglo antes, entre las conquistas que Alfonso VI realiza en su expansión hacia Toledo en el 1085 y convienen en señalar un lugar llamado Alaeth (2) como el Alaejos actual.

En ambos casos obvia dar explicaciones sobre el origen y la etimología del topónimo. Personalmente me inclino a pensar que el origen del mismo hay que buscarlo en el dialecto galaico-leonés. Me baso en los conocimientos que poseemos sobre la repoblación de la Extremadura castellano-leonesa y en el hecho histórico de que la villa perteneció al reino de León antes de la unificación con Castilla y que ocupaba una zona fronteriza entre ambos reinos, lo que explicaría, por otra parte, la proliferación de construcciones defensivas militares a lo largo del curso del Trabancos.

Sebastián de Covarrubias en su “Tesoro de la lengua castellana o española” recoge y define Alaexos como: Villa ilustre, nombrada entre otras razones por el buen vino que en ella se hace y en Coca. Dice el padre Guadix que vale en lengua arábiga tanto como “peregrinos”; y será sí (si así es) por acudir muchos forasteros a la fama del buen vino o porque los naturales lo traigan y se hacen peregrinos, yendo a otras tierras con ello.

Esta conjetura del padre Guadix peca de popular, simplista y anacrónica. Popular y simplista por atribuir un origen árabe a la villa y su topónimo, sin dar explicación histórica ni etimológica alguna y anacrónica porque su vino no alcanza renombre hasta el siglo XVI. 

Eufemio Lorenzo,(3) con las reservas oportunas, lanza la hipótesis de que Falafeios, poblado documentado ya en 1180, puede ser un diminutivo de Falafes o Alafes, topónimo, este último, que se encuentra en la zona de Benavente. Alafes puede ser un plural colectivo de Alafa, forma atestiguada en portugués para alfalfa y para una variedad de esparto. Según esta hipótesis Falafeios sería un fitotopónimo con el significado de alfalfar o espartal, es decir, lugar abundante en alfalfa o esparto. Por tanto, el origen de la aldea y su topónimo se debería a repobladores portugueses.

En este estado de la cuestión voy a exponer mi propia hipótesis, aún sabiendo que el campo de la etimología es resbaladizo y propenso a explicaciones en exceso simplistas o, en su defecto, exageradamente eruditas.

El vocablo Falafeios evoluciona trasformándose las efes en haches mudas, que terminan desapareciendo, y las íes en jotas; de forma que el proceso evolutivo del vocablo sería el siguiente: Falafeios< Halaheyos< Alaexos< Alaejos.

En castellano antiguo y en gallego existen topónimos descriptivos relacionados con los sauces y los saúcos, es decir, fitotopónimos tales como saducedo, salgueiro y falgueiro (en este caso sería falagueiro) con lo que Falafeios sería un fitotopónimo relacionado con la abundancia de sauces o saúcos, árboles, por otra parte, profusos en la zona como lo atestiguan otros topónimos muy cercanos como Fuentesaúco.

Pero esta hipótesis quiere ir un poco más allá. Sin duda hay que relacionarla con el proceso de repoblación de la Extremadura castellano-leonesa en el siglo XII y con los grupos humanos que se asentaron en ella tras las razias de Almanzor en el último tercio del siglo X.

Salvador de Moxó (4) afirma que tras el avance de Alfonso VI hacia Toledo y su conquista en 1085, “se repoblaron de forma bastante espontánea las villas cercanas a las márgenes del Duero, en su zona central, como Olmedo, Medina, Coca, Íscar o Cuellar. Mayor enjundia, por lo que suponía una planificación meditada, tuvo la repoblación de Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora pues estas ciudades estaban concebidas como centros o polos de colonización, de los que emanarían los medios adecuados para la repoblación del campo circundante. Los repobladores procedían del interior del reino de Castilla y León: burgaleses, riojanos, serranos, vascos, leoneses, palentinos, portugueses y gallegos y otros procedentes de otros reinos peninsulares como navarros, aragoneses y francos, así como mozárabes. Más tarde llegarían judíos y mudéjares.

Estos grupos humanos se agruparon de acuerdo con su origen y dieron lugar a la proliferación de pequeñas aldeas (más de mil) predominando el tapial en la construcción de las casas y las cubiertas de teja”.

Con estos datos y a falta de un estudio documentado de la repoblación por pequeñas comarcas, reto que Salvador de Moxó lanza a los estudiosos del tema, me inclino por defender la hipótesis de que la zona de Alaejos fue repoblada por portugueses, gallegos, leoneses y mozárabes que se sirvieron de la Vía de la Plata como camino de penetración hacia las tierras del interior de la Extremadura castellana. Concretando aún más, señalaría a los gallegos como la base fundamental de dicha repoblación y quienes dieron el nombre de Falafeios a la primitiva aldea. J. Ojeda (5) recuerda que la tendencia migratoria de estos hacia Castilla perdura en el s. XVI.

Para demostrar esta posibilidad es determinante el estudio con detalle de los topónimos y sobre todo de los antropónimos predominantes en la localidad, algo que desgraciadamente es muy difícil por la inexistencia o escasez de fuentes documentales. Los libros de bautismo de Santa María (6) comienzan en 1552, fecha muy tardía para lo que nos interesa.

Además de los gallegos, que como he apuntado darían nombre a la localidad, hay indicios de que un grupo de la primitiva población fuera mozárabe como lo atestiguan la pervivencia de vocablos como: josa, alcacer, Barragán, chacho, chiches, galbana, maimón, arrecájel, almocafre, alcabuz, algarroba, la Atalaya..., así como la existencia de la morería perpetuada hasta hoy con los topónimos de Saltalperro, el Morisquillo y Perromoro, en clara referencia despectiva hacia estos; del judeo español conservamos uno de los vocablos más característicos y específicos de la localidad: cocho, la existencia de una judería está atestiguada aunque se desconoce su ubicación en la localidad. (7)

            Finalizamos esta teoría con los repobladores leoneses de los que tenemos, como base significativa, para fundamentar su presencia, la nutrida pervivencia en el s. XVI de antropónimos de origen godo como Hernando, Francisco, Rodrigo, Alonso, Bernaldo, y de patronímicos como González, Alonso, Álvarez, Hernández, Fernández, Rodríguez, que podrían  pertenecer a la población visigoda que se refugió en Galicia, a raíz de la despoblación de los páramos leoneses, ocasionando en aquella una casi insoportable densidad demográfica que, más tarde, sería determinante en el proceso de la repoblación de la Extremadura castellana, por lo que se reforzaría la hipótesis de que los repobladores del primitivo Falafeios fueran galaico-leoneses.

            Cabe una ¿última? posibilidad, que no me atrevo a catalogarla aún de hipótesis, la de que estemos ante uno de los ejemplos más significativos del legado cultural oral. Siempre se ha conocido y aplicado a Alaejos el apelativo de “tierra de garbanzos”, mucho más que el de “tierra de pan llevar”. Pues bien, existe en la actualidad un vocablo, falafes, que designa una especie de panecillo relleno de garbanzos fritos o puré de garbanzos muy típico de países árabes cono Siria y Jordania. Esta posibilidad conlleva la revisión del estudio hecho sobre la repoblación de la Extremadura castellano leonesa y potenciar la posibilidad de que esta zona fuera repoblada principalmente por mozárabes, fundamentándolo en la pervivencia de los vocablos ut supra señalados.  Falafeios, tierra de garbanzos, ¿Porqué no?

No es mi intención polemizar con estas teorías. Soy consciente de que tendrán cualificados detractores y que la única defensa llegará con los estudios comarcales que aporten las bases documentales imprescindibles para fundamentarlas.

                                                                                   

A. Lucas Varela

Asociación cultural Falafeios

Julio 2007

 

Ojeda Nieto, José: Alaejos, un pueblo de Castilla la Vieja en la España del siglo XVI. Valladolid, Editora Provincial, 1989, pág. 49, nota 1.

Crónica de Pelayo de Oviedo. Eludo dar explicaciones relacionadas con la historia mágica que ya han sido expuestas en otras publicaciones locales.

Lorenzo Sanz, Eufemio: Historia de Medina del Campo y su Tierra. Valladolid, Medina del Campo et alt. vol. I, pág. 196.

Moxó, Salvador de: Repoblación y sociedad en la España cristiana medieval. Madrid, Rialp, 1979, pág. 201 y ss.

Alaejos, un pueblo de Castilla la Vieja en la España del siglo XVI, op. cit., pág. 93.

Ibídem, pág. 75.

J. Ojeda. Alaejos, apuntes histórico-artísticos. Valladolid, Editora provincial, 1991, pág. 16.

 

 

 

 

 

 

[LUCAS VARELA, Antonio: “Cave canem”,  Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita, Ayuntamiento de Alaejos, 2008]

 

 

 

CAVE CANEM

(Cuidado con el perro)

 

 

 

Lo que sigue es una historia personal, un trocito del rescaño de mi infancia. Es posible que haya quien se identifique con ella, es parte del juego y uno de los objetivos de estas líneas.

La infancia es la etapa de la vida a la que acudimos a menudo en busca de recuerdos felices. Y no suele fallar. Pero a veces, al rebuscar, encontramos recuerdos antipáticos. Aquellos que la vivimos al comienzo de la segunda mitad del pasado siglo tenemos en el sobrao de la cabeza algún episodio aislado al  que mejor no quitarle el polvo, mejor abandonarlo con sus telarañas en el rincón del olvido. Hoy es otro camino  el que voy a patear.

Los infantes éramos felices por el simple hecho de ser niños. Pero hay una característica que parece ser inherente a la infancia, al menos a la mía, y no es otra que el miedo. Cuando niños tenemos miedo, más aún, miedos, en plural, a la oscuridad, a la soledad, a las tormentas, a los perros. Un servidor tenía y mantiene un irracional recelo a los perros. Y había muchos perros. Eso era lo peor. Perros callejeros, sin amo, perros callejeros con amo, galgos con tanganillo o sin él, perros de caza, ratoneros, pequeñitos pero matones, perros pastores, celosos hasta el hastío de su profesión, perros guardianes, grandotes y con porte de seriedad, que imponían un respeto tremebundo.

No les voy a cansar pero a mí  esos bichos me parecían fieros, negros zainos, bragaos y meanos.

El caso es que los chicos, por ser chicos, a menudo jugábamos con el miedo. Y, cómo no, con los perros. Toma del frasco, Toñito. Pero era cosa  buena, sí señor. El miedo, qué digo, los perros, te aceleraban el corazón y las piernas. Ahora, tras largos años de profundas y serias reflexiones, entiendo por qué corríamos tan rápido.

Porque tenía la vida mucho de rutina, rutina sólo alterada por el ciclo estacional. La primavera y el verano eran estaciones infantiles, el clima y los días largos hacían de estas épocas el festival de juegos que sólo la llegada de la noche interrumpía. Y la plaza. La gran plaza alejana, con la solitaria farola en medio, solitaria pero la más abrazada que he conocido, llena de chicos y chicas (prometo no volver a repetir el femenino, por éstas, mua), alboroto y alborozo, griterío, alegría y  Canuchi, una ricura de perro, alguien había ido a pincharlo y ya estaba en el albero. ¡Leñe!. Yo no encontraba donde subirme, la farola parecía un racimo de chicos, los columnas del soportal también, así que, ya saben, si en un pinar no encuentras pino donde subirte, sal a espeta perros y a correr como alma que lleva el diablo.

Pero esto no era lo peor. Faltaba la vuelta a casa. ¿Por dónde? Si por la bajada al Arrabal, el ladrido largo y profundo de Leguas, mastín leonés, que, al rececho tras la verja del portal, esperaba a los niños miedosos, aceleraba, aún más, mis piernas y mi corazón.  Si por las cuatro calles, primero Jon, mala leche tenía el jodío perrito, luego, sentados a la puerta de la casa, un montón de hermanos que, sabedores de mi terror, me zumbaban los galgos. Hoy sé que no me corrían, pero es igual, no me hubieran pillado, bueno iba yo pa casa.

Y al día siguiente otra vez la escuela. La escuela no estaba mal. Algún cachete que otro por aquí, un mimbrazo por allá. Lo normal, tampoco es para quejarse. Lo malo el recreo. El recreo y Jumillano, un perrolobo de mucho cuidado. Siempre había quien le hacía rabiar.  Hay más de una nalga y algún que otro trasero con las marcas de sus colmillos. Os aseguro que el mío no.

Otra cosa era Estrella, perrita ratonera con residencia frente a la escuela, que parecía una fiera bragada pero que sólo quería jugar; corría tras uno, luego tras otro, siempre tras de todos. Se lo pasaba genial y mis amigos también. No quería repetirlo, pero qué le vamos a hacer, yo no.

Y los domingos, se me olvidaban los domingos y la misa, bueno, la misa como misa no,  sino el llegar a la iglesia, a Santa María. Tenía que sortear a un piazo de animal de presa que pa qué, para más señas atendía al nombre de Bocanegra, le venía al pelo el nombrecito. 

 

Qué más quieren que les cuente. Únicamente decirles que los perros nombrados tenían amos buenos. Personas a las que desde aquí quiero honrar en su memoria, con alguna de  ellas mantuve una amistad cordial a pesar de la diferencia de edad. Vayan por tanto estas líneas en honor y en recuerdo de D. Teodoro Castander, D. Miguel Caballero, D. Ángel López, D. Felipe Pérez, D. Ramón Mangas, Dª Josefa Rodríguez y D. César Buenaposada.

 

 

Antonio Lucas Varela

Alaejos, julio 2008.                                                 

                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[LUCAS VARELA, Antonio: “Los animales en el refranero popular alejano”,  Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita, Ayuntamiento de Alaejos, 2010] 

 

LOS ANIMALES EN EL REFRANERO POPULAR ALEJANO

 

 

 

Los animales fascinan por su belleza y sus cualidades. Asombra la fuerza física del toro y la quebrada carrera de la liebre, la agudeza visual del halcón y el silencioso vuelo del búho, el sigilo de la serpiente y el incansable aleteo del cerramícalo, la mansedumbre del cordero y el vuelo cortante del arrecájel, la parsimonia del asno y la elegancia del caballo, la astucia del zorro o la majestuosidad del águila. Y siempre ha sido así, desde que hombres y animales convivimos y compartimos el espacio natural que llamamos Tierra.

Pero la convivencia no ha sido pacífica. Dicen, quienes saben, que primero los cazábamos para comérnoslos y luego los domesticamos para sacarlos más provecho. Los pueblos primitivos los admiraban o temían, según fuera el caso. El hombre se ha nutrido de un sentimiento peculiar hacia los animales, se podría decir que un sentimiento familiar, casi fraternal, pues hemos coincidido con ellos y les hemos mitificado hasta el punto de crear seres mitológicos tan singulares como las sirenas o los centauros. En determinadas culturas, incluso, se cree que las almas de los muertos vuelven a la tierra en forma de animal.

 Con ellos personalizamos las cualidades antes señaladas, atributos que los humanos primitivos ya admiraron, razón por la que los convirtieron en sus tótems, en protectores del grupo, del clan o de la tribu y, en ocasiones, incluso, los adoraron como a dioses. Los cananeos, por señalar sólo unos ejemplos, adoraban al toro, los egipcios al halcón y los chibchas al mono.

Estas manifestaciones terminaron por germinar en el ámbito del lenguaje y su  simbología. Parece que con el cambio climático de hace 12.000 años, los hombres comenzamos a cultivar tierras y animales, fue un gran avance, la gran revolución neolítica. Oveja, cabra, perro, vaca y caballo, más o menos por este orden comenzó la domesticación y desde entonces no nos han abandonado, nos han acompañado en los penosos tiempos de duros trabajos y sacrificios, han colaborado, ayudado, servido, trabajado y muerto para la egoísta supervivencia humana. En ese largo camino compartido han dejado su huella y su impronta en la historia y en multitud de manifestaciones culturales relacionadas con la pintura, la literatura y el lenguaje llano y popular en forma de cuentos, leyendas, fábulas, proverbios, sentencias y refranes.

A voleo les recuerdo unos cuantos, sobre todo el caballo, animal con gran peso histórico: Babieca, Bucéfalo, Strategos, Genitor, Incitatus, Marengo, todos reales y famosos, lo mismo que las representaciones pictóricas de multitud de ciervos, gamos, uros, caballos, bisontes, mamuts de las cuevas cántabro pirenaicas; en la ficción: Pegaso, Janto, Rocinante, Tornado, Plata; Rintintín, los tres cerditos, el lobo de Caperucita roja, la Gallina de los huevos de oro, el Gato con botas, el Patito feo, el ratoncito Pérez,  Platero, y todos los que aparecen como modelos en las fábulas de Esopo, Samaniego e Iriarte, zorros, gallinas, cigarras, hormigas, lobos, águilas, liebres y un largo etcétera.

Entre los refranes, muy utilizados en el lenguaje coloquial y cotidiano, posiblemente demasiado (se lo afeaba Don Quijote a Sancho) les voy a recordar media docena de los muchos que hay, a mi parecer los más significativos.

Darse más pisto que un pollo en una mierda. Este dicho, que es ejemplo de plasticidad y concisión, alude a la persona importanciera y presumida, en extremo, sin razón ni argumento válido que justifique esa actitud. Se elige a tal fin el pollo o el gallo, que para el caso es lo mismo, por ser animales machos, uno para muchas, orgullosos en su palenque desde donde cantan y controlan el gallinero, pero en ese caso con la sorna escatológica y el equívoco del lugar en el que se le describe para definir a la vanidad como fata e irrisoria.

Hacer mas trilla que un galgo en un mondongo. Al galgo, can estilizado y rápido, al que se le suele alimentar poco para acentuar su instinto cazador, imagínenle en medio de barreños llenos de longanizas y potas con el adobo. Destrozo asegurado y aforismo explicado.

Muchos lobos a un pan mala vida le dan. Tiene mala fama el lobo entre pastores y ganaderos por la gran mortandad que origina en los rebaños. Cazan en manada y devoran a sus presas con avidez y celeridad. El refrán señala, de forma figurada, que la colaboración aligera el trabajo y se acaba antes la tarea.

Si quieres ver a tu burro andar párate a mear. En este caso se elige al burro por ser animal lento y parsimonioso para señalar que es más útil la perseverancia que la prisa. Apliquen y pongan en práctica el dicho y verán lo certero de la apreciación.

¡Señora! Un hombre es un hombre y un gato es un bicho. La importancia de las cosas debe tener un orden que dependerá del cristal por el que se mire y de quien lo establezca. Para el hombre él es más importante que un gato pero el gato se creerá más importante que el ratón. En un mundo en el que la escala de valores, y por tanto la importancia de las cosas está invertida (no quiero poner ejemplos) éste axioma, que lo es, valora más al ser humano que al animal porque lo establece precisamente el ser humano y si no que se lo pregunte al albañil al que una señora le mandó que salvara a su gato arriesgando su vida. La respuesta es antológica.

Felices fiestas de la Casita y ¡Que sean corderas!

 

A. Lucas Varela

Junio 2010

 

 

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