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JESÚS MENÉNDEZ DE LUCAS

A los hombres de campo de Alaejos. (1969)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[MENÉNDEZ DE LUCAS, Jesús: "A los hombres de campo de Alaejos", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 1969.]

A LOS HOMBRES DE CAMPO DE ALAEJOS

 

A la sombra de nuestras torres, se han introducido los primeros brotes de una vida más cómoda, más ligera, una vida con ecos de pueblo acomodado.  Su abastecimiento de aguas, Instituto, mecanización y demás, van cambiando poco a poco su fisonomía.  Todo va adquiriendo un aire nuevo, menos rígido y triste, un aire que compagina el tractor y los estudios, el baile y la fiesta, la tasca y el bar elegante.

 

Es casi obligado, al llegar las fiestas, traer al recuerdo, desde el sueño perpetuo donde moran, la vida y acciones de los hombres que descollaron por una u otra razón.  Pero yo prefiero dejar durmiendo su muerte a tantos hijos ilustres.  En otras ocasiones hemos desempolvado su historia y hemos mostrado sus glorias.  Lo que no siempre se ha hecho ha sido desempolvar el recuerdo de un “hombre” de Alaejos, un hombre sencillo, sin estela de su paso por el firmamento de la vida.  No obstante, miles de estos hombres nacidos y  muertos bajo el sol y los fríos de Castilla, han sido artífices de este pueblo nuestro, los que han sembrado las semillas por sus campos, los que han labrado sus tierras, y los que han recogido sus cosechas.

 

Al correr del tiempo, estos hombres duros, incansables, y de corazón noble, se han ido sucediendo como las aguas de un río que fluye y fluye y nunca se agota.  A los padres suceden los hijos y a los hijos los nietos.  Es como una cadena de brazos, que se relevan en empuñar el arado o segar las mieses.

 

Los campos de estas hermosas tierras pardas que rodean nuestro pueblo, han sido regados por las lluvias, que de vez en cuando, nos envía el buen Dios, pero también por el sudor de muchos hombres que yacen ya en tierra, sin que su recuerdo figure en parte alguna.

 

En estas fiestas de la Casita, quiero tributar mi humilde y más sincero homenaje a nuestros hombres de campo de Alaejos, a unos en el recuerdo, pidiendo por ellos a nuestra Virgen, a otros deseándoles unos días alegres de esparcimiento, después de tan ardua tarea.

 

Quiero hacer llegar hasta ellos mi saludo y mi admiración por su saber popular y por su corazón sencillo.

 

Quiero decirles que, muertos o vivos, se han hecho acreedores de que alguien, sin aspavientos hipócritas, les dé las gracias y felicite por su labor.

 

 

Jesús Menéndez de Lucas

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