JOSÉ LUIS PÉREZ MUÑOZ
El reloj de la villa. (2007)
Honores y distinciones. (2008)
Cambios en el callejero. (2009)
El Cuerpo de Bomberos. (2010)
[PÉREZ MUÑOZ, José Luis: "El reloj de la villa", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2007.]
EL RELOJ DE LA VILLA
A pesar de que ya llevaba algún tiempo sin funcionar, podemos tomar el 11 de noviembre de 2005 como la fecha en que el reloj de la Casa Consistorial dejó de marcar las horas, dando sus últimas campanadas, al ser sustituido por el reloj patrón PCTR/4, eléctrico y programable, instalado por la empresa palentina Campanas Quintana. En atención al ruego del Sr. Alcalde y para que sirva de homenaje al que fue testigo, a veces mudo -a su pesar, porque ¿qué sentido tiene un reloj que no marca el tiempo?-, de todo lo que ha acontecido en la villa de Alaejos en el último siglo, hemos indagado acerca de su origen y su devenir.
El 6 de febrero de 1904, siendo Alcalde de la villa D. Alfonso Mela Samaniego, se reunió el Pleno Municipal y se formó una Comisión integrada por el Primer Teniente de alcalde, Mariano González Santana, los regidores Ángel Santana González y Evaristo González Fernández, junto con el Secretario del Ayuntamiento Joaquín Herrero Alonso, para contratar un reloj, “visto que el de la torre no rige bien” y ante el ofrecimiento de un relojero para colocar uno. A los tres días se firmará el convenio con Heriberto Stolle Bueno y Benito Rodríguez Moyano, vecinos de la ciudad de Nava del Rey, por el que contratan “un reloj de los llamados campanarios modelo B de los comprendidos en el catálogo que se une” con el “reloj número dos de veinte y dos centímetros con campana de 100 quilos, ocho días cuerda, repetición de horas y dando las medias con esfera de cristal para poder ser iluminada por la noche. Tendrá así bien dos pesas y toda la maquinaria completa”. El catálogo que se une es de J. G. Girod, de 15 páginas y fechado el 1 de julio de 1902. Se hace referencia, con precios y a veces con dibujos, a relojes de castillo, a relojes de torre completos (de horas, medias y repetición), a relojes de torre de fabricación suiza, a campanarios, a aparatos para el alumbrado de las esferas de cristal, a relojes de todas clases para la vía pública, a campanas y a pararrayos. Ahora bien, este catálogo no se ajusta a lo definido y contratado ni en el numero del reloj, modelo o precio (completo o de componentes), por lo que seguramente el Ayuntamiento manejó otro catálogo para la elección del reloj.
Sería deseable y necesaria una cualificada descripción del reloj, que debiera hacer un relojero, de los que no van quedando. No obstante podemos apuntar que, al tener poco espacio (unos dos metros) para la caída de las pesas, al reloj había que darle cuerda todos los días (no duraba 24 horas): una para su movimiento y otra para la sonería. Tenía un péndulo, donde se regulaba el dispositivo para que atrasara o adelantara, según la necesidad. La esfera era de cristal de 90 cm. de diámetro y las manecillas de las horas y minutos medían 41 y 29 cm. respectivamente. La campana, “de buen sonido y que se oiga a larga distancia”, continúa en servicio con el nuevo reloj, es de tipo morez (de Morez du Jura, pueblo francés cercano a la frontera suiza, lugar de gran tradición en la fabricación de relojes y fundición de campanas) y no tiene badajo, sino que un martillo (ahora, un electromazo) la golpea por el exterior. Para ponerlo en hora había que desatornillar una tuerca del pequeño reloj situado al frente del mismo, y haciendo girar las manecillas de éste, se movían las manecillas del reloj exterior, el de la fachada.
El reloj fue obra de la fábrica de relojes del palentino Moisés Díez, considerado por algunos como uno de los mejores relojeros que ha habido en España, al igual que un excelente campanero. Relojes del mismo fabricante se pueden encontrar en el Ayuntamiento de Málaga, en Requena de Campos (Palencia), Cózar (Ciudad Real), Mieres, Trelles (Asturias) o Bullas (Murcia), etc. Campanas catalogadas como suyas las encontramos en la Iglesia-convento de San Pablo (antiguo alcázar de Alfonso X) en Peñafiel, en la Catedral de la Transfiguración de Señor en Zamora, en San Isidoro el Real en Oviedo, en el Ayuntamiento de Beniarjó (Valencia), por citar algunas.
En el Archivo Municipal se conserva parte de la correspondencia mantenida entre el fabricante, Stolle y el Ayuntamiento. Por ella, conocemos que hubo problemas para la instalación del reloj, estando ya firmado el convenio entre el Ayuntamiento y el Sr. Stolle, pues Moisés Díez escribe una carta el 28 de mayo a Stolle, en la que le pide actividad para la resolución del asunto antes de que “el Ayuntamiento se canse y desista de instalar el reloj”. Moisés Díez le propone que le ceda “la contrata mediante una indemnización o colocarle V. o ponerse de acuerdo V. con el Ayuntamiento para que me manden pasar ... y hacer nuevo contrato, lo que podría hacer con mucho gusto el domingo 5 de junio”. No se hizo nuevo contrato; además los pagos se harán a Stolle. Dos días más tarde, el 30 de mayo, de nuevo Moisés Díez le escribe a Stolle, en respuesta a una suya del día anterior, enterándonos que el Ayuntamiento ha garantizado el pago total, por lo que enviará el reloj. El 4 de junio, cuando Stolle conoce el presupuesto del reloj que le ha hecho Moisés Díez, y conociendo ya que le iba a quedar poca o ninguna ganancia, firma a renglón seguido del Convenio la cesión del primer plazo para que se pague directamente al constructor, lo que no se verificará, pues todos los pagos se harán a su nombre. En carta de Stolle a Moisés Díez, fechada en Nava del Rey el 2 de septiembre, sabemos que le ha devuelto una segunda letra al fabricante “por el motivo que el Ayuntamiento no me puede pagar por no tener fondos”, por lo que para su tranquilidad le remitirá el contrato para que el Ayuntamiento se lo abone directamente a Moisés Díez, quien en carta dirigida al Ayuntamiento de Alaejos, fechada el 12 de septiembre, pide que se le envíe copia del contrato para conocer las condiciones y concluye reconociendo que “enojosas son estas molestias y perjuicios que sufrimos ambas partes por la poca formalidad de un tercero, del que hace tiempo debíamos haber prescindido”
El reloj de la villa, según el Convenio firmado, tenía que estar colocado “a más tardar el primer día de Pascua de Resurrección”, pero fue un poco más tarde. La fecha exacta no la conocemos, pero sabemos que podría estar entre el 27 de junio (el Ayuntamiento adelanta a Stolle 100 pts. del segundo plazo para pagar los portes del reloj) y el 16 de julio (cuando se le adelantan otras 100 pts. del segundo plazo para pagar al montador del reloj que envió el fabricante; siendo muy comprensible que no se le diera este último adelanto hasta que el reloj funcionara). El 23 de julio está instalado y funcionando, por cuanto se da cuenta al Pleno Municipal del experimento que se ha hecho para iluminar la esfera del reloj y conocer lo que consumiría: 2 luces de petróleo con media cuartilla duran 5 horas.
Antes hemos apuntado que a Stolle no le quedaría mucha ganancia en el negocio. En la tabla nº 1 se da cuenta del presupuesto dado por el fabricante a Heriberto Stolle el 30 de mayo de 1904.
TABLA Nº 1. PRESUPUESTO DE MOISÉS DÍEZ A HERIBERTO STOLLE (30-05-1904) |
1 reloj nº 3; 8 días de cuerda, tocando horas, medias y repetición |
650,00 pts. |
Aumento por la repetición |
50,00 pts. |
1 esfera de cristal transparente con marco de hierro fundido de una sola pieza, de 1,00 metro de diámetro |
180,00 pts. |
1 minutería nº 2 |
60,00 pts. |
40 metros de cuerda metálica de 5 mm. a 0,80 |
32,00 pts. |
1 martillo de 3 kilos con armazón y muelle |
25,00 pts. |
200 kilos aproximadamente de pesas de hierro fundido a 0,33 pts. |
66,00 pts. |
2 barras para las pesas nº 2 |
4,00 pts. |
1 timbre de metal font de 207 kilos a 1,70 |
351,90 pts. |
1 campanario nº 2 C |
290,00 pts. |
TOTAL..... |
1.708,90 pts. |
Si se quería dotar al campanario de un pararrayos habría que aumentar el precio en 125 pts. más, pero sabemos que no se instaló. Además la instalación la debería realizar un obrero de la fábrica de Moisés Díez debiéndole pagar Stolle “el viaje de ida y vuelta [desde Palencia] en 3ª clase y 8 pesetas diarias durante los 5 o 6 días que se empleen para la instalación”; en contrapartida, Stolle, aun cuando le quedara menos ganancia, podría llevar “en la esfera su nombre... para que le sirva de reclamo para otros” .
Según el Convenio “por el reloj con todos sus accesorios, colocación del mismo, portes y demás se les abonará a los señores Stolle y Rodríguez, mil setecientas setenta y cinco pesetas” , por lo que si sumamos al presupuesto, el dinero de los portes y el coste del obrero enviado por el fabricante, poca o ninguna ganancia les quedaba a nuestros vecinos de Nava de Rey.
El reloj tenía que pagarse en 4 plazos iguales, que vencían cada 30 de diciembre, desde 1904 hasta 1907. ¿Cuánto eran 1.775 pesetas del año 1904? Para hacernos una idea y para que sirva de comparación, en el Presupuesto de Gastos del Ayuntamiento de Alaejos de 1904 aparecen consignados los sueldos de los empleados municipales: el sueldo anual del Secretario era de 1.615 pts., el del Auxiliar era de 900, el del Escribiente era de 400, el del Alguacil-Carcelero era de 410,50 pts., el del Voz Pública de 183, los dos Médicos titulares cobraban 1.750, el Farmacéutico 1.000, los dos Practicantes 700, y el encargado del reloj 70 pts. La Cuenta de Gastos del año 1904 del Ayuntamiento de Alaejos ascendió a 31.922,17 pts.
En la tabla nº 2 se da cuenta de los pagos que fue realizando el Ayuntamiento al Sr. Stolle.
TABLA Nº 2. PAGOS REALIZADOS POR EL AYUNTAMIENTO |
FECHA |
CAPÍTULO |
DESCRIPCIÓN |
IMPORTE |
27-06-1904 |
Imprevistos |
Libramiento nº 30. A Eliberto Stolle a cuenta del 2º plazo del contrato para pagar los portes |
100,00 pts. |
16-07-1904 |
Imprevistos |
Libramiento nº 33. A Eliberto Stolle a cuenta del 2º plazo del contrato |
100,00 pts. |
02-09-1905 |
Obras de nueva construcción |
Libramiento nº 44. A Joaquín Herrero [Secretario del Ayuntamiento] para pagar el 1º plazo del reloj |
494,00 pts. |
19-07-1906 |
Obras de nueva construcción |
Libramiento nº 45. A Eliberto Stolle por cuenta del reloj |
300,00 pts. |
19-07-1906 |
Obras de nueva construcción |
Libramiento nº 46. A Eliberto Stolle por igual concepto |
100,00 pts. |
TOTAL........ |
1.094,00 pts. |
No queremos decir que no se pagara el resto del reloj hasta la cantidad convenida, pero en nada ayuda que en 1923 se de cuenta al Pleno Municipal de una carta de Moisés Díez reclamando 637 pts. “que se le adeudan como resto del reloj colocado en la casa consistorial”. El acuerdo del Ayuntamiento lo transcribimos a continuación: “Los asistentes enterados de la misma acuerdan por unanimidad que el Presidente [es decir, el Alcalde, D. Victoriano Nieto Santana] se dirija por carta a dicho Sr. manifestándole que ha prescrito la deuda, con arreglo a la Ley de contabilidad de la Hacienda en relación con los débitos de los Ayuntamientos, pero que si la superioridad lo ordena, se incluirá cantidad en el próximo presupuesto”. Mucho me temo que esa cantidad nunca fue incluida en ningún Presupuesto y da sentido a la vox populi con aquello de “quiero un reloj que de las horas y las medias, pero no los cuartos”.
Quiso el Ayuntamiento, para albergar el nuevo reloj, construir una caseta, encargando el Proyecto y el Presupuesto al maestro de obras Julián Carracedo, quien lo firma el 1 de marzo de 1904. Unos días después el Ayuntamiento formó las Bases para su contratación. El tipo para la subasta era de 200 pts. “que se pagarán una vez terminada la obra, la que principiará a los tres días de verificada la subasta y tendrá que darse terminada en el plazo de veinte días”. El acta de remate tiene lugar el día 8 de marzo, adjudicándose a Cecilio Santana Alonso por 200 pts., presentando como fiador a Juan Gallego. “Y como quiera que se hayan dado las voces reglamentarias y no se haya presentado ninguno que mejorara la postura, el Sr. Presidente hechó el buen provecho al citado Cecilio el que se ha comprometido a todas las condiciones estipuladas”. Las obras, por lo tanto, tenían que estar acabadas el 31 de marzo.
Hecha la nueva caseta, instalado el flamante reloj, era necesaria una persona encargada de la limpieza y mantenimiento de sus mecanismos, de engrasar la cuerda metálica, las poleas, los rozamientos, dientes, cojinetes, de dar cuerda, de ponerlo en hora, de ajustar la hora si adelanta o atrasa, etc. Se trata del encargado de regir el reloj, cargo que aparecía, ya como subalterno ya como funcionario, en la plantilla o relación de empleados del Ayuntamiento en los diversos Presupuestos municipales. En 1958 dejará de formar parte de la plantilla y en los Presupuestos municipales aparecerá consignada una cantidad como gratificación o asignación, para desaparecer en 1964.
Se tratara de sueldo o gratificación (véase la tabla nº 3), encontramos como encargado de regir al reloj municipal desde 1902 hasta 1959, con certeza, a Mauro Santana Portillo, excepto unos meses en 1936 cuando se le destituyó “por no conceptuarle apto para el desempeño del cargo”, nombrando en su lugar a Orencio Portillo Mangas. Si bien tanto el anterior Alguacil del Ayuntamiento, Abelardo Marcos Guerras, como yo mismo hemos dado cuerda al reloj -que no regir-, podríamos afirmar que el último encargado fue Benjamín Candela Vega, a quien en 1989 a ruego del Secretario del Ayuntamiento, José Álvarez de Paz, se le manifestó la gratitud de la Corporación “por su interés en atender el reloj de la villa a pesar de su avanzada edad y de hacerlo de forma desinteresada”.
TABLA Nº 3. ASIGNACIÓN DEL ENCARGADO DE REGIR EL RELOJ |
PERÍODO |
SUELDO O GRATIFICACIÓN |
Hasta 1921 |
70 pts. |
De 1922 a 1926 |
125 pts. |
De 1927 a 1943 |
250 pts. |
De 1944 a 1946 |
400 pts. |
De 1947 a 1963 |
500 pts. |
No quisiera dejar escapar la oportunidad de dar somera cuenta de algunos arreglos o pequeños ajustes que se debieron efectuar en el reloj para mantener sus mecanismos.
En 1908 se acordó que se pintaran los números de la esfera y que se pusieran en clase arábiga, lo que seguramente facilitaría su comprensión a todos los vecinos, pues los anteriores estaban en numeración romana. En 1910 se pagarían 15 pts. por los trabajos de pintar los números de la esfera; en 1920 se pagaron 53 pts. a Aquilino Casado por los materiales y arreglo de la esfera del reloj; y en 1932 se pagarían 30 pts. por el mismo concepto a Constantino García Moreti.
En 1914 el reloj se desniveló y se paró durante unos cuantos días. Además era preciso una limpieza del mismo y una pequeña compostura para que marchase con regularidad. Para ello se llamó al relojero José Torrero y se convino con él que lo arreglara por 75 pts. Si bien se acordó que su trabajo tuviera una garantía de 2 años y que cobraría al año siguiente, no hemos encontrado en los Diarios de Gastos ningún libramiento o mandamiento de pago por tal concepto, por lo que quizá no llegara a realizar su trabajo. Y lo mismo ocurrió en 1928 cuando se da cuenta de un presupuesto de Demetrio Gómez, vecino de Salamanca, para el arreglo del reloj de la villa por 500 pts. con garantía de 2 años. Quizá debió parecer caro, pues unos meses más tarde se pagaron al encargado del reloj, Mauro Santana, 100 pts. por su arreglo, limpieza y materiales. Al mismo, en 1936, le pagó el Ayuntamiento 21 pts. por la cuerda metálica del reloj. Desconocemos el arreglo que se hizo, pero en 1941 se pagaron 18 pts. a P. González.
Ya en 1960, siendo Alcalde D. Pedro Abad Martín Santana, se pide presupuesto a dos relojeros que había en la villa, Francisco Gay y Benjamín Candela, pues el reloj llevaba bastante tiempo que no funcionaba. Benjamín Candela presentó un presupuesto de 1.500 pts. y garantía de 5 años por su trabajo, excepto roturas. Se lo adjudicaron, por ser la proposición más ventajosa, a Francisco Gay que presentó un presupuesto de 1.200 pts. dando además facilidades en el pago (600 pts. al comienzo de los trabajos y las otras 600 a los tres meses de comprobar su buena marcha).
Tras varios años de inactividad, en 1999, siendo Alcaldesa Dña. María Cristina Aguado Lucas, después de una limpieza y una puesta a punto, lo puso en funcionamiento el profesor Ramiro Merino de la Fuente, del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid.
A la hora de escribir estas líneas, tengo conocimiento de que el actual Alcalde, D. Carlos Mangas Nieto, tiene la intención de exponer la maquinaria del reloj dentro de una urna de cristal, que situará en la planta baja de la Casa Consistorial (Ayuntamientos como Iscar o Alba de Tormes han hecho lo propio). Con ello daría cumplimiento a la base 1ª de las que rigen en la convocatoria que hizo la Diputación Provincial para la concesión de ayudas a los Municipios y Entidades Locales Menores de la Provincia de Valladolid para la reposición o arreglo de relojes en edificios públicos y a la que el de Alaejos acudió en 2004 para instalar el nuevo reloj electrónico: “En caso de sustitución completa del reloj el Ayuntamiento vendrá obligado a guardar y exponer el antiguo en alguna dependencia del Ayuntamiento”. Pero, sobre todo, con ello rinde homenaje a quien ha visto pasar la historia de la villa durante la última centuria.
Personalmente, no sé si la sustitución del reloj de la villa por uno electrónico fue o no la mejor opción. La restauración del reloj centenario de Moisés Díez habría resultado muy cara (el desmontaje de la maquinaria para el traslado al taller, limpieza, posiblemente la fabricación de alguna pieza por desgaste de las originales, montarlo de nuevo, ajustarlo, contrato de mantenimiento, etc.), añadiéndose la dificultad de que no hay muchas empresas que se dediquen a la restauración. En todo caso, el reloj de la villa forma parte del patrimonio municipal, del común de vecinos, y en él se mezclan sentimientos encontrados: para algunos, la alegría del fácil acceso que cualquier persona tendrá para admirarlo y estudiarlo, y para otros, la tristeza de observar al que ha dejado de contabilizar, en su urna de cristal, con sus centenarios mecanismos, el inexorable paso del tiempo.
José Luis Pérez Muñoz
[PÉREZ MUÑOZ, José Luis: “Honores y distinciones”, Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita, Ayuntamiento de Alaejos, 2008]
HONORES Y DISTINCIONES
Una de las facultades que las leyes reconocen a todos los municipios es la de premiar merecimientos especiales o servicios prestados por personas, colectivos, empresas, entidades o instituciones. Aun careciendo de una regulación expresa, el Ayuntamiento de la villa ha venido otorgando diversos honores y distinciones que a continuación enumeramos.
I. HIJOS ADOPTIVOS O PREDILECTOS
La distinción de hijo predilecto es la que se concede a alguien que ha nacido en Alaejos, mientras que la de hijo adoptivo se concede a alguien nacido fuera de nuestro ámbito territorial. Posiblemente estos títulos constituyen la mayor distinción concedida por el Ayuntamiento de Alaejos.
A don Juan Muñoz y Vargas se le nombró hijo adoptivo el 9 de noviembre de 1877 “por los servicios especialísimos que constantemente ha benido prestando a esta localidad y muy particularmente por la inesperada condonación de la contribución y empréstito forzoso, correspondiente al año economico de mil ochocientos setenta y tres a setenta y cuatro, conseguidos por su constante actibidad y buen deseo”. Juan Muñoz y Vargas (1835-1919), adscrito al Partido Liberal, fue Diputado a Cortes por el distrito de Nava del Rey (Valladolid) y por Segorbe y Lucena del Cid (Castellón). Fue general de división y llegó a actuar como ministro de Ultramar, en ausencia del titular, en 1891, durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena.
A don Luis González se le nombró hijo predilecto el 21 de abril de 1926 “por el acto generoso y altruista realizado por la entrega en metálico al Sr. Presidente [el alcalde don Aurelio-Martín Hernández Monge] para la compra de la casa que se destinará a Cuartel de la Guardia Civil”. Serían 20.000 pesetas las pagadas por el Ayuntamiento a doña Dionisia Sánchez Rodríguez, vecina de Siete Iglesias, el 7 de junio del mismo año por el inmueble donde hoy se encuentra el Centro Cívico, el edificio de Cruz Roja y una vivienda municipal. Luis-Alejandro González Santana (1851-1928) desempeñó el cargo de primer teniente alcalde desde julio de 1909 hasta que fue elegido alcalde de la villa, cargo que ocuparía de 1910 a 1913.
A don Miguel Primo de Rivera se le nombró hijo adoptivo el 29 de enero de 1927 “para dar una pequeña satisfacción al incansable caudillo e insigne gobernante (...) que se ha sacrificado enormemente por la paz y progreso de España, tanto interior como exteriormente”. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (1870-1930) ingresó muy joven en el ejército y desarrollo su carrera militar, sobre todo, destinado en colonias españolas. En la península fue capitán general de Valencia, Madrid y Barcelona. Contando con la anuencia del ejército y del rey Alfonso XIII dio un golpe de estado en 1923, durante el que se suspendió la vigencia de la Constitución de 1876, se censuró a la prensa y se disolvió el Parlamento, implantando una dictadura que duraría hasta 1930, cuando presentó su renuncia al rey.
A don Eduardo Callejo se le nombró hijo adoptivo el 28 de noviembre de 1929, siendo ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Llama la atención que no aparezca en el acuerdo del Pleno ninguna circunstancia que motive la distinción. Posiblemente el nombramiento estaría relacionado con la aprobación de los proyectos para construir en Alaejos dos edificios de nueva planta con destino a Escuelas graduadas con cuatro secciones cada una, cuyo decreto se publicó en la Gaceta de Madrid de 12 de marzo de 1929, ascendiendo el presupuesto del edificio de niñas a 118.750,94 pesetas y el de niños a 125.368,91. Al igual que ocurre en la actualidad las subvenciones no financian completamente las inversiones, sino que una parte debió salir de las arcas municipales (en este caso el 30% fue la aportación municipal). Eduardo Callejo de la Cuesta (1875-1950) como ministro redujo la duración del bachillerato a seis años, estableció los niveles de bachillerato elemental y superior y las modalidades de Ciencias y Letras; en el ámbito universitario estableció asignaturas obligatorias y optativas y un sistema de titulación uniforme para todo el país. Era catedrático de Filosofía del Derecho y, tras su etapa al frente del ministerio, volvió al magisterio en la Universidad de Valladolid. Después del golpe de estado del general Franco fue nombrado consejero permanente del Consejo de Estado, del que sería su presidente desde 1946 hasta su muerte.
A don Adelio Castaño Casquero (n. 1950) se le nombró hijo adoptivo el 30 de junio de 1983 no sólo por “las obras realizadas (...) sino el difícil momento en que se hizo cargo de la Alcaldía, la preparación y cultura (...) sus atenciones para con todos fueran o no de su partido”. Maestro en el Colegio Nacional Mixto de Alaejos, del que más tarde ocuparía el cargo de director, y primer alcalde de la villa (1979-1983) en el actual período constitucional.
A don José Guerra Guerra (n. 1934), cura-párroco de la villa desde el año 1981, se le nombró hijo adoptivo el 28 de septiembre de 2007 por “su amor y entrega a toda la comunidad vecinal”.
II. ALCALDE/-ESA HONORARIO/-A
A Sus Majestades los reyes don Alfonso XIII y doña María Victoria Eugenia se les nombró alcalde y alcaldesa honorarios de la villa el 16 de enero de 1925. Los concejales Fernando Lucas González, Simeón Lucas Alonso y Miguel Caballero González fueron designados para trasladarse a Madrid el día 21 del mismo mes y entregar a los reyes las insignias del nombramiento; el viaje y la estancia, que pagó el Ayuntamiento, costaron 355 pesetas.
A propuesta de la Junta de la Ermita, la Virgen de la Casita fue nombrada alcaldesa de honor de la villa el 27 de abril de 2000, invistiéndola con la vara de dicho cargo el 10 de mayo del mismo año. Este mismo nombramiento, a propuesta de la Asociación Amigos del Patrimonio Cultural de Alaejos, se desestimó por el Pleno municipal en 1990, fecha del V Centenario de la aparición mariana, al considerar que ese título casi la rebajaría, pues ya ostentaba “el título de Patrona de Alaejos [que] es el mayor título de honor”
III. INSIGNIA CON EL ESCUDO DE ALAEJOS
Es una insignia que reproduce el escudo de la villa de Alaejos y parece ser que tiene, por la costumbre, el carácter de condecoración en su grado más elevado de medalla de honor, debiendo ser acordada para cada caso por el pleno del Ayuntamiento y entregada a autoridades que nos visiten o a los miembros de la propia Corporación, aunque la lista es más extensa.
En 1983 se entregó a don Gregorio Peces-Barba Martínez, Presidente del Congreso de los Diputados, que nos visitó el 15 de enero; a don Francisco Delgado Marqués, Presidente de la Diputación Provincial de Valladolid, que nos visitó el 3 de abril de 1984; a don José Constantino Nalda, Consejero de Presidencia y Administración Territorial de la Junta de Castilla y León, que visitó Alaejos el 27 de diciembre de 1984; a don Dionisio Llamazares Fernández, Presidente de las Cortes de Castilla y León, con motivo de la visita que hizo el 29 de marzo de 1985; el mismo año, a los empleados municipales que llevaran en propiedad en la plaza o puesto de trabajo al menos un año, es decir, doña Ana-Isabel Crespo Martín, don Isidoro Hernández Nieto, don Abelardo Marcos Guerras y don Jesús-Vicente Buitrón Antón “en atención a su entrega al trabajo”; a don Fernando Zamácola Garrido, Consejero de Agricultura de la Junta de Castilla y León, que visitó la villa el 5 de septiembre de 1987 con motivo de dar el pregón de las fiestas; en 1988 a don Federico Pastor López, auxiliar técnico sanitario, “practicante” en Alaejos durante más de treinta años y con motivo de su jubilación; a don Godofredo Garabito Gregorio, académico de Bellas Artes, poeta, con motivo de pronunciar el pregón de fiestas de 1988; a don César Otero Villoria, Secretario General de la Diputación Provincial de Valladolid, con motivo de pronunciar el pregón de fiestas de 1989; a don Roberto Domínguez Díaz, vallisoletano y máxima figura del toreo, en su visita a la villa en 1989; a don Celso Vázquez Gallego, periodista de Televisión Española, con motivo de pronunciar el pregón de fiestas de 1990; a doña María-Dolores Ortega Peinado, Diputada a Cortes por Valladolid, con motivo de pronunciar el pregón de fiestas de 1991; a doña Carmen Lucas Lucas, Directora General de Administración Territorial de la Junta de Castilla y León, con motivo de pronunciar el pregón de fiestas de 1992; a don Juan-Antonio García Calvo, Presidente de la Diputación Provincial de Valladolid, con motivo de la visita que realizó a la villa el 28 de octubre de 1992; a don Francisco González, Director de los Servicios informativos de Radio Nacional de España en Castilla y León, con motivo de pronunciar el pregón de fiestas de 1993; en el mismo año a don José Álvarez de Paz, secretario del Ayuntamiento, tras muchos años de servicio, con motivo de su nuevo destino en la Junta de Castilla y León; a don Juan Colino Salamanca, Diputado del Parlamento europeo, con motivo de pronunciar el pregón de fiestas de 1994; a don José-Antonio Ortega Fernández, componente del grupo de música Candeal, con motivo de pronunciar el pregón de fiestas de 1995; a don Abelardo Marcos Guerra, alguacil del Ayuntamiento, con motivo de su jubilación en 1996; en el mismo año, a don Julio Mangas Manjarrés, catedrático de Historia antigua de la Universidad Complutense de Madrid, con motivo de pronunciar el pregón de las fiestas patronales; a don Antonio Monsalvo García, con motivo de pronunciar el pregón de las fiestas de 1997; a D. Javier Solana Sedeño, periodista de La Voz de Medina, con motivo de pronunciar el pregón de las fiestas de 1998; a doña Leire Pajín Iraola, Diputada en el Congreso, con motivo de pronunciar el pregón de las fiestas de 2000; a don Jesús Quijano González, Procurador de las Cortes de Castilla y León, con motivo de pronunciar el pregón de las fiestas de 2001; en 2008 se le ha concedido a don José-Alfonso Ballesteros Fernández, Presidente de la Real Academia de Medicina de Islas Baleares, por concurrir los méritos de ensalzar la figura del insigne médico don Antonio Hernández Morejón, con la inauguración del aula que lleva el nombre del alaejano en el Hospital Illa del Rei de Menorca; también ha quedado constancia escrita de la entrega de la insignia honorífica a los miembros del Ayuntamiento que lo eran en 1984 y a los concejales que tomaron posesión en 2007 y no la tenían.
En los últimos años la insignia ha sido revestida de mayor distinción al entregarla, en algún caso, en oro. Así, a don Adelio Castaño Casquero, primer alcalde del actual período constitucional y maestro que fue en la villa, se le concedió la insignia honorífica de oro de la Corporación Municipal con motivo de pronunciar el pregón de las fiestas patronales de 2007, valorando “su conducta ejemplar en todo momento, de acuerdo con valores como la tolerancia, la libertad y el amor a la tierra”; y a don José Guerra Guerra, cura-párroco de la villa durante veintiséis años, se le concedió con motivo de su nombramiento como hijo adoptivo.
IV. ROTULACIÓN DE CALLES, PARQUES, EDIFICIOS.
Son diversos los nombres de personas ilustres, alaejanas o no, que figuran en el callejero de la villa, destacando la marcada tendencia en los últimos años a señalar calles con el nombre de escritores: Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, Miguel Delibes, Antonio Machado, García Lorca, etc.
En 1939, siendo alcalde de la villa don Primitivo Baena Cuadrado, el Pleno municipal aprobó por unanimidad dar nombre a los dos grupos escolares: “Calvo Sotelo al de niñas [actual edificio de la plaza Hernández Morejón] y de José Antonio Primo de Rivera al de niños [actual edificio de la calle Ronda del Castillo]”. En 1981, a propuesta del alcalde y maestro en dichas escuelas don Adelio Castaño Casquero, que fue aceptada por unanimidad, se les dio el nombre de Miguel de Cervantes, “por su vinculación a Valladolid y porque en alguna de sus obras se cita a Alaejos y sus vinos”.
En 1986, a propuesta del alcalde don Emilio Frutos Monsalvo, se aprobó por unanimidad dar el nombre de Grupo de Viviendas Comunidad de Castilla y León a las viviendas de protección oficial que se acababan de construir.
En 2002, siendo alcaldesa doña María-Cristina Aguado Lucas, se puso el nombre de Hernández Puertas al terreno de juego, destinado a campo de fútbol, situado en la zona deportiva, en atención a la Fundación Familia Hernández Puertas, benefactora de la villa; y al parque situado en la calle Huerta Grande, en 2004, el nombre de otra gran benefactora del patrimonio histórico artístico de este municipio, María Teresa Villanueva.
V. PLACAS CONMEMORATIVAS
En 1943, siendo alcalde don Agustín Alonso Portillo, el Pleno municipal acordó por unanimidad “encargar dos lápidas una por cada parroquia en las que se inscribirán los nombres de los caídos en la Santa Cruzada de esta villa”, siendo el orden en que debían figurar “por fechas de fallecimiento ocupando primeros lugares los Jefes y oficiales”. Las dos placas, en mármol blanco, con los escudos, letras grabadas y pintadas y los cuatro clavos decorativos fueron realizadas por el marmolista-cantero vallisoletano Agapito Conde; costaron al Ayuntamiento un total de 1.520,40 pesetas y se inauguraron, tras la misa para los caídos, el domingo 13 de febrero de 1944, siendo descubiertas por cada párroco: don Antonio Lorenzo Santos en Santa María y don Antonino Díaz Ramos en San Pedro.
En el año 1988, siendo alcalde don Armando Caballero Morante, se concedió una placa a las personas mayores de noventa años, nacidas en Alaejos; desde entonces, convertida ya en costumbre de consideración y respeto hacia nuestros mayores, se ha ido disminuyendo la edad de los homenajeados hasta quedar fijada en los ochenta años, distinguiéndose también a las personas que, aunque no hayan nacido en Alaejos, llevan toda la vida viviendo aquí. En 1996 se concedió una placa conmemorativa al alguacil municipal, don Abelardo Marcos Guerra, con motivo de su jubilación; en 2008 se ha entregado una placa conmemorativa al Col-legi Oficial de Metges Illes Balears por la labor divulgadora que hace del ilustre médico alaejano don Antonio Hernández Morejón. (El Ministerio de Defensa editará, posiblemente en 2009, un libro sobre el ilustre alaejano escrito por don Alejandro Belaústegui).
VI. OTRAS DISTINCIONES
Existen varios acuerdos tomados por el Pleno municipal, la mayor parte de agradecimiento o felicitación, entre los que destacamos los siguientes: en 1991 se propone a don Florentino Corrales Caballero como eco-consejero municipal “por el interés mostrado en la plantación y conservación de los árboles en Alaejos”; en 1993 se felicita al caballero legionario paracaidista don Fernando Casado Casado, voluntario en la Agrupación Madrid, por encontrarse en Bosnia “prestando servicios humanitarios como casco azul de la O.N.U.”; en el mismo año también se felicita al Secretario del Ayuntamiento, don José Álvarez de Paz, por haber desempeñado su cargo “con especial dedicación y con indudable independencia profesional”, con motivo de su traslado a la Junta de Castilla y León; en 2001 se agradecen a don Adolfo Araújo González “los trabajos de restauración del bastón de Alcaldía existente así como del regalo de uno nuevo”; y en 2003 se reconoce a la Asociación Mujeres de Alaejos “la realización desinteresada y gratuita de los trabajos de confección de cortinas para el despacho de la Alcaldía”.
Alaejos ha dado a lo largo de la historia muchas personas ilustres, pero sólo algunas han sido reconocidas como tal por el Ayuntamiento. Una de las circunstancias más destacables es el poco número de féminas que aparecen en la nómina; otra, desde mi punto de vista, es la carencia de un reglamento que unifique el procedimiento para la concesión de las distinciones; una tercera, y última, es que son todos los que están, pero no están todos los que son. La nómina de los homenajeados está integrada exclusivamente por los distinguidos de los que ha quedado constancia escrita, de ahí la importancia de abrir un libro registro donde se anoten las concesiones conferidas, con indicación de los nombres, circunstancias, méritos, fecha de concesión, etc.
Al margen de circunstancias políticas, todas las personas citadas debieron ser, en su momento y bajo la perspectiva institucional imperante, acreedores de los honores y títulos otorgados. Por ello, consciente de que la historia de un pueblo no se puede trocear, olvidar o manipular, hemos querido ofrecer una relación de las personas honradas o distinguidas por el Ayuntamiento de Alaejos, estemos o no de acuerdo, con una clara vocación integradora y de respeto a la pluralidad ideológica.
José Luis Pérez Muñoz
[PÉREZ MUÑOZ, José Luis: "Cambios en el callejero", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2009.]
CAMBIOS EN EL CALLEJERO
Nominar una calle supone singularizarla del resto, dándole un nombre diferente de las demás y, en su aspecto físico, acotándola desde su inicio a su final, numerando los inmuebles que la conforman. Es una potestad de los ayuntamientos dar nombre a calles, plazas, edificios o espacios públicos de su ámbito territorial, que muy bien puede ser a propuesta de cualquier persona, cualquier entidad de carácter público o privado, asociación o, como suele suceder habitualmente, a propuesta del propio Ayuntamiento.
El 2 de enero de 1858, para dar cumplimiento a la ley de reemplazos del ejército, se procede en Alaejos a realizar el padrón general de vecindario que comprende “a todas las personas de ambos sexos que en él tengan su residencia, o en los caseríos, huertas, haciendas o cualquiera otra habitación de su término, con inclusión de los que se hallen accidentalmente ausentes, cualquiera que sea el motivo de la ausencia y el punto donde se encuentren dentro o fuera del reino”. La formación de este padrón, uno de los primeros que se conservan en el Archivo Municipal, la realizan los regidores –concejales– del Ayuntamiento, distribuyéndose entre ellos las calles: Carranza, Fortaleza, Lucas Martín, Gargantilla, Ronda, Zabacos, Juan Méndez y Pastores.
Las calles que aparecen en el padrón que se formó el año siguiente triplican su número: Ronda del Castillo, Carranza, La Vera, Peñaranda, Fortaleza, Gargantilla, Arrabal, Casas Nuevas, La Casita, Las Huertas, Los Tejares, Zabacos, Atrio, Santa María, Tejedores, Pozo, Juan Méndez, Las Conchas, Lucas Martín, Perogiles, Pastores, Prado, Arrabal del Cristo y Arrabal del Toril. Si tomamos estos nombres de las calles de Alaejos como los antiguos, históricos, populares o tradicionales, observaremos que en el pasado siglo muchas de ellas fueron objeto de diversos cambios en sus denominaciones –también en su aspecto físico, pero eso excede ahora de nuestras pretensiones–, renombrándose al compás marcado por los acontecimientos político-sociales del siglo XX.
En 1911 el ayuntamiento presidido por don Luis González Santana, a propuesta del primer teniente de alcalde, don José Hernández Monge, cambió el nombre de la calle de las Conchas por calle de Gonzala Santana, en atención a los actos caritativos que realizaba la llamada madre de los pobres o pollita de oro. En 1912 se reciben las placas para la calle y se decide que el 5 de mayo se coloquen, celebrando una misa en la ermita de la Casita e invitando a la homenajeada para que asista. Doña Gonzala Santana Delgado (Salamanca, 1844-1926), era la segunda hija del alaejano José Santana y de Petra Delgado. Vivió en el inmueble que en la actualidad lleva el número 5 de la calle Gonzala Santana.
Entre sus actos caritativos o benéficos destacan las 100.000 pesetas que donó para ayuda de la construcción del colegio María Auxiliadora en Salamanca; la donación de la carroza donde la cofradía de la Santa Cruz del Redentor de Salamanca porta en procesión a la Virgen de los Dolores durante la Semana Santa; la contribución de 5.000 pesetas para adquirir un aeroplano destinado al ejército de operaciones en África en 1921; la educación –instrucción, alimentación y vestido– que recibían en el Colegio Salesiano 36 niños pobres, entre ellos parece ser que 6 de Alaejos; los 80 duros (o 400 pesetas) de limosna que repartía entre los pobres todos los sábados; o aquel ofrecimiento de las llaves de sus paneras al alcalde (sin documentar a qué alcalde de qué población) para que todo el trigo que tenía en ellas fuera distribuido entre los pobres, si lo consideraba necesario.
En Salamanca, por iniciativa del obrero Ignacio Vaquero, se le rindió homenaje el domingo 21 de junio de 1915 por los actos filantrópicos, altruistas y caritativos que venía realizando desde hacia años en favor de los más pobres, descubriendo don Julián de Diego y Alcolea, obispo de Salamanca, al son de la marcha real, una placa, que aún existe, en la Plaza de Monterrey, donde vivía. En la placa puede leerse: “Eterno recuerdo de agradecimiento que los hijos de esta capital y su provincia dedican a su caritativa y predilecta hermana, doña Gonzala Santana Delgado, por su generosidad con los necesitados y enfermos, los que siempre rogarán por tan bondadosa señora. 1 de mayo de 1915. La Comisión”. Al acto no acudió la homenajeada, pero sí numerosos salmantinos y diversas personalidades que dieron discursos de agradecimiento: el obispo, alcalde y gobernador civil de Salamanca, el diputado provincial de Salamanca y catedrático Esteban Jiménez, el catedrático universitario Sr. Elorrieta, el Sr. Santa Cecilia presidente del Centro Obrero.
Gonzala Santana siempre aparecía en la lista de los mayores accionistas del Banco de España, legando a su muerte 500 de estas acciones (1.565.000 pesetas de la época) para la educación y cultura de niños pobres de Salamanca y 12 de Alaejos para ser útiles a sí mismos y a la sociedad, a través de la obra pía Fundación Gonzala Santana, clasificada como de beneficencia particular docente. También estipuló que si algún hijo de sus sirvientes estuviera cursando alguna carrera, se le abonaran los gastos hasta su terminación. En el caso de que esto no pudiera cumplirse, quedó mandado que el Patronato repartiera las rentas entre los pobres de Salamanca y Alaejos e instituciones benéficas de ambas localidades. Nombró patronos de la fundación a sus albaceas testamentarios y a otros familiares, dejando mandado que a su muerte fueran sustituidos por el Obispo de Salamanca, el cura de la Purísima de Salamanca y los curas párrocos de Santa María de Alaejos. Nombró patrono administrador de los bienes a su sobrino Fernando García Sánchez (sustituido al morir por su hijo José-María García Delgado).
Cuando el Ayuntamiento de Alaejos supo de la muerte de doña Gonzala, siendo conscientes de que “esta virtuosa Señora viene distinguiéndose en esta localidad con la realización de actos de caridad socorriendo anualmente a los vecinos necesitados así como contribuyendo con metálico a obras de restauración de edificios públicos”, acordó que una comisión, formada por los concejales Inocencio Santana Casado y Eloy Castander Alonso, se trasladara a Salamanca (el viaje costó 96 pesetas) para dar el pésame a su familia y mandó que en Alaejos se celebraran funerales, publicando un bando para que asistiera el vecindario.
En 1923 el ayuntamiento presidido por don Nicolás Martín Alonso pondría el nombre de calle Doctor Ramón y Cajal a la calle Zabacos. Aunque el mismo año, tras la visita del Alcalde y de Antonio Lorenzo Santos –párroco de Santa María– al Archivo de Simancas para encontrar datos sobre el apellido Zabaco, se decidió poner ese título a una calle que no indicara nombre propio; sería la antigua calle Gargantilla la que a partir de entonces cambiaría su nombre por el del premio Nobel. El viaje a Simancas costó 51 pesetas y se pagaron 73,75 pesetas a Antonio González Santana por la nueva placa, portes incluidos. Don Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1906 por sus investigaciones sobre el sistema nervioso. No es de extrañar que fuera el médico de Alaejos, don Nemesio Buitrón Andrés, quien solicitara al Ayuntamiento el nombre de tan ilustre médico para nominar alguna calle del municipio.
En 1925 el ayuntamiento presidido por don Aurelio-Martín Hernández Monge acordó cambiar el nombre de la calle Arrabal por el de Avenida de Alfonso XIII. Se pagarían 49,21 pesetas, incluidos los portes, a la casa valenciana de Manuel Alepuz por 4 placas de esmalte de 35x20 cm., dos de la avenida dedicada al rey y otras dos para la calle Primo de Rivera (desconozco a qué calle iban destinadas estas últimas).
En 1936 el ayuntamiento presidido por don Antonio Losada Martín, acordó cambiar el nombre de varias calles del pueblo: la Plaza Mayor pasaría a denominarse Plaza de la República; la calle Zabacos pasaría a calle Francisco Largo Caballero; la calle Fortaleza y Plaza se llamaría Manuel Azaña y Díaz; la Ronda del Castillo pasaría a denominarse Avenida de Pablo Iglesias; la calle Carranza pasó a tener un nombre compartido y se llamó calle Fermín Galán y García Hernández; la calle Casita cambió su nombre por el de calle Isidoro Vergara Castrillón; la calle Perogiles pasó a ser Ramón González Peña; y finalmente la calle Casas Nuevas se renombró como calle Ángel Pestaña. Las ocho placas de 24x40 cm. fueron realizadas por la casa de cerámica artística de Juan Ruiz de Luna, de Talavera de la Reina (Toledo), siendo su coste de 119,50 pesetas, portes incluidos.
Ese mismo año se pagaron 50,25 pesetas por el traslado en taxi del diputado socialista por Valladolid don Federico Landrove López el día 22 de junio con motivo de “la colocación de la placa que da su nombre a una calle” (desconozco a qué calle), a las que hay que añadir 149,25 pesetas por gastos originados.
En 1938 la Comisión Gestora que presidía don Primitivo Baena Cuadrado acordó “dar el nombre oficial y nuevo a las plazas y calles viejas de esta población”. Supuso una redenominación global de casi todo el callejero de nuestro pueblo, que borró en la práctica todos los recién instaurados y casi todos los nombres viejos, sirviendo para recordar a los vencidos durante mucho tiempo quiénes eran los vencedores. Así, la Plaza Mayor pasaría a llamarse Plaza del Generalísimo Franco; la calle Fortaleza y Plaza se llamaría del Excmo. Sr. D. José Calvo Sotelo; la calle Perogiles se cambió por calle del Excmo. Sr. D. José Sanjurjo Sacanell; la calle Pastores pasó a llamarse calle de los defensores de España, caídos del frente; la calle Pozo pasó a ser la del Excmo. Sr. General D. Emilio Mola Vidal; la calle Peñaranda se llamó del Excmo. Sr. General D. Gonzalo Queipo de Llano; el Arrabal se cambió por calle de José Antonio Primo de Rivera; la calle Casas Nuevas pasaría a llamarse de Onésimo Redondo; la de Vera se cambiaría por travesía del Matadero y otra travesía de Carranza; la de Vera quedó igual; la tercera de la Vera pasó a ser calle de la Legión; la del Matadero cambiaría por Héroes del Alto de los Leones; la calle Conventillo pasó a ser de Millán Astray; la del Arrabal se cambió por la del Excmo. Sr. General Yagüe; la calle Tejares se cambió por calle de los Flechas; la del confitero (Zabacos) pasó a ser calle de Honorio Maura; otra calleja de Zabacos pasó a ser calle de Benuza; otra de Zabacos (Teatro) se cambiaría por calle del Tío Rucho; la Plazuela de Santa María pasó a ser Plaza del Atrio; la calle de Santa María (Sarratea) cambió su nombre por el de calle del Toro; una calleja de Pastores se puso como travesía de Pastores; de la calle Pastores a la del Prado cambiaría por calle del Excmo. Sr. General Varela; la travesía de Macario Losa pasó a ser calle de Héroes del Alcázar; la calle de Gonzala Santana llega hasta la de Luis Vadillo; la del cuartel de la Guardia Civil se nominó como calle del 18 de julio de 1936; la calle donde vive Lanceros se llamaría calle del Excmo. Sr. General Aranda; y la calleja de Ronda a Vera se cambió por calle de Falange. Como puede comprobarse, es difícil verificar fehacientemente qué calles son las afectadas por algunos cambios.
El acuerdo fue previo a que Ramón Serrano Suñer, Ministro de Interior, prohibiera en el mes de abril de 1938 a las Comisiones Gestoras Municipales “acordar revisiones generales de los nombres de vías y plazas públicas”. Fuera o no por la prohibición, lo cierto es que no todo el acuerdo se llevó a efecto, pues no se cambiaron todos los nombres (sólo se verificó en las ocho primeras calles). En un principio se acordó invitar a la inauguración a Su Excelencia El Generalísimo –el general Franco– pero, ya fuera por la avalancha de placas con su nombre por todo el país, ya porque las placas no llegaron a nuestro pueblo hasta el mes de octubre, finalmente se descubrieron el domingo 7 de mayo de 1939, acabada ya la guerra (in)civil, desconociendo las autoridades que asistieron al acto. Se pagarían 240,29 pesetas a la fábrica de mármoles de Francisco Sabán Gil, de Zafra (Badajoz) por la “adquisición de placas con nombre de héroes y personas ilustres para colocarlas en las calles de la población y portes de las mismas”.
En 1993 el ayuntamiento presidido por don Emilio Frutos Monsalvo tomó el acuerdo de cambiar el nombre de varias calles, lo que suponía recuperar los nombres previos a la dictadura del general Franco y a la II República, “siendo los nuevos nombres los usados en siglos pasados”: se recuperó Plaza Mayor (en vez de Plaza del Generalísimo), calle Fortaleza y Plaza (en vez de Calvo Sotelo), calle Arrabal (en vez de José Antonio), calle Pastores (en vez de Caídos por España), calle Pozo (en vez de General Mola), calle Casas Nuevas (en vez de Onésimo Redondo), calle Perogiles (en vez de General Sanjurjo) y calle Conchas (en vez de Queipo de Llano). Advertido error en esta última nominación, finalmente la calle Queipo de Llano se cambió por el originario de calle Peñaranda, pero nada se dijo de la que era la antigua calle de las Conchas.
En las calles del Alaejos antiguo, parece que figuran los prohombres ricos, ilustres o importantes de la villa, el desempeño de oficios o direcciones locales. El Alaejos republicano se llenó de nombres de políticos y de dirigentes obreros. El Alaejos de posguerra se llenó de nombres de militares, hazañas y héroes franquistas. Con la llegada de la Democracia sólo fue un espacio público el que se llenaría de plena identidad política (Jardines de la Constitución de 1978). En los años 90 se recuperaron los nombres que tradicionalmente se habían usado y se borraron los nombres franquistas sin esperar ninguna Ley de Memoria Histórica que mandara “la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura” (artº 15 de la Ley 52/2007). En el Alaejos del siglo XXI, ganarían y convencerían los nombres de escritores que habían nombrado Alaejos en sus obras (Miguel de Cervantes y Francisco de Quevedo), la de escritores perdedores y olvidados tras la guerra (in)civil (Antonio Machado, Federico García Lorca, Miguel Hernández o Rafael Alberti; la última incorporación es también de un escritor, el vallisoletano Miguel Delibes) o la de benefactores originarios de la villa (Teresa Villanueva o Hernández Puertas).
A pesar de todos los cambios realizados, existen dos nombres –De las Conchas y Gargantilla– que no han sido recuperados (tampoco el Arrabal del Toril, hoy callejón de San Pedro). Sin obviar que no es una cuestión imperiosa ni necesaria y que puede contribuir a diversos inconvenientes a los vecinos de las mismas, ¿debería plantearse su recuperación? Y ello a pesar de reconocer que el callejero de Alaejos se nutre fundamentalmente de nombres de hombres y que eliminar el de Gonzala Santana supondría eliminar una de las pocas referencias femeninas (sólo otras dos más: el parque Teresa Villanueva y el nombre de Santa María con su triple vial de plaza, calle y atrio).
En cualquier caso, si convenimos en que los símbolos públicos deben ser ocasión y motivo de encuentro y no de enfrentamiento, ofensa o agravio y si tenemos en cuenta que el nombre de una calle es un componente fundamental de su identidad, cualquier debate, si es que llegara a plantearse, debiera dirigirse hacia el nombre que queremos dar a nuestros espacios públicos –calles, plazas, parques, edificios, etc. –, hacia lo que sea un ejemplo sin discusión para nuestras generaciones futuras, haciendo uso incluso de consultas vecinales para que los nombres propuestos no puedan provocar ira, rechazo o desencuentro.
José Luis Pérez Muñoz.
[PÉREZ MUÑOZ, José Luis: "El Cuerpo de Bomberos", Programa de Fiestas de Nuestra Señora de la Casita , Ayuntamiento de Alaejos, 2010.]
EL CUERPO DE BOMBEROS
Como homenaje “a los empleados municipales del Servicio de Aguas” el Ayuntamiento instaló en noviembre de 2009 un carro con una bomba de incendios sobre un pedestal en el parque donde confluyen las calles Calvario, Miguel de Cervantes y Francisco de Quevedo. La bomba lleva la inscripción “Rumsey &Co, Seneca Falls N.Y. 12” y la típica águila calva americana grabada. Es de la casa Rumsey & Company, en Seneca Falls (Nueva York); sería posiblemente la bomba nº 12 de su catálogo y su fabricación dataría del último cuarto del siglo XIX. Es una bomba manual, montada dentro de un depósito sobre un carro para facilitar su transporte. La bomba posee un tubo de succión dentro del depósito y una boca de expulsión en el exterior, donde se acoplaba la manga. Se adquirió en 1888 por 709,25 pts., siendo alcalde Florencio Pérez Rodríguez, cuando se mandó al maestro de obras Julián Carracedo Zapatero para que fuera a Madrid a “elegir la bomba para incendios que crea mas conveniente y necesaria para esta poblacion”, pagándole 40 pesetas por los gastos de viaje. Otra bomba de incendios se halla en el zaguán de la Sala de Exposiciones municipal. En 1922 el Ayuntamiento acordó adquirir por 3.300 pts. la bomba de incendios ofertada por José Goegana [¿Goenaga?], de Bilbao. Fuera o no la ofertada, por la bomba de incendios con sus accesorios y los portes del ferrocarril se pagaron 2.423,27 pts. en el año 1923.
En la actualidad poco conocemos sobre la organización, dispositivos y materiales que se usaban en Alaejos para apagar los incendios, pero sin lugar a dudas el auxilio de los vecinos, como en la actualidad, constituiría la base fundamental para combatirlos, ya fueran en el mismo pueblo o en las tierras de labor. Los vecinos, avisados del incendio –generalmente, por el toque de campana de cada parroquia o por las voces de los afectados solicitando ayuda– acudían para lanzar el agua sobre las llamas, pasándose de unos a otros las vasijas de barro del Ayuntamiento u otros recipientes propios.
Los materiales y sistemas de construcción utilizados en las edificaciones (carpinterías interiores y exteriores, vigas y quinzales en tejados y techos, bardo o ripia en los tejados, todo ello fácilmente inflamable), un deficiente mantenimiento de hogares y chimeneas, junto a los escasos medios para sofocar los incendios contribuían a su propagación con gran rapidez, llegando en algún caso poco menos que a arrasar una calle, como ocurriría con la calle Casas Nuevas en 1926.
Hasta la adquisición de la bomba de incendios el agua se arrojaba directamente de las vasijas a las llamas. Esto entrañaba cierto peligro al tener que acercarse en exceso a las llamas para arrojar el agua, además de suponer un gran esfuerzo físico y un elevado coste económico. Después de cada incendio el Ayuntamiento tenía que adquirir –vgr. a Victoriano Frutos, Manuel García, Hilario Pérez, Hilario García, Vicente Frutos...– nuevas vasijas de barro para renovar el retén de las mismas, por la gran cantidad de ellas que se rompían. Así, por ejemplo, en 1889 se adquieren 76 vasijas al alfarero Felipe Frutos Cimarra por 22,75 pts. Las vasijas de barro “no daban resultado y proporcionaban un gasto considerable”, por lo que ese mismo año se saca a subasta pública la construcción de 50 vasijas de hoja de lata bajo el tipo de 1 pta. por cada vasija. Las vasijas, ya fueran de barro o de hojalata (más resistentes, pero más caras), eran necesarias incluso con la bomba de incendios pues había que llenar de agua el depósito. Para una mejor distribución entre los vecinos, el almacenamiento de las vasijas se había establecido por mitades en la Casa Consistorial y en el Hospital del Buen Pastor, custodiándolas el alguacil carcelero y el enfermero, respectivamente.
La extinción de los incendios no podía basarse ni depender exclusivamente de la buena voluntad de los alaejanos, por lo que el Ayuntamiento puso en nómina a un encargado de la limpieza y funcionamiento de la bomba. La tenía que limpiar todos los meses y en caso necesario engrasarla; hacer simulacros y probarla cada dos meses; acudir a la Casa Consistorial, donde estaba almacenada la bomba, para asistir a su traslado hasta el lugar del incendio y allí componerla para su funcionamiento; volverla a llevar otra vez al almacén quedándola en perfecto estado, en prevención de otro siniestro; no podía ausentarse del pueblo sin dejar a otra persona encargada, dando cuenta al Alcalde. En 1902 fue nombrado Mariano Martín Bermejo, con una paga de 50 pts. y 5 pts. más por cada incendio; Francisco Manjarrés Muñiz lo fue entre 1903 y 1906; Lorenzo Rodríguez Aguilar entre 1906 y 1908. Entre 1908 y 1912 se suprimió la plaza, encargándose de la bomba el alguacil. Entre 1912 y 1919, por 75 pts. anuales y 5 pts. más por cada incendio que ocurriera, con la obligación de estar desde el comienzo al final del mismo, serían nombrados Vicente Beltrán Carracedo, León Viviano Puertas y Eustaquio Puertas.
Que en cualquier incendio existe un peligro físico para las personas que pretenden extinguirlo parece algo realmente innegable. En 1907, ayudando en la extinción de un incendio en la calle Zabacos, Lorenzo Parrado Martín hubo de irse a curar a Salamanca al resultar herido en una pierna, gratificándole el Ayuntamiento con 25 pts. al no poder trabajar. El peligro que suponía participar en la extinción de los incendios seguramente resultó decisivo para que el Ayuntamiento decidiera el 19 de junio de 1922 la creación de un Cuerpo de Bomberos con la finalidad de “atender con la puntualidad debida a los siniestros” con una dotación económica anual de 1.000 pts. (750 para el personal y 250 para materiales), como también tendría algo que ver el incendio ocurrido unos días antes en la casa de Doroteo Santos Parrado, reprochando el Ayuntamiento “la apatía del vecindario que no presta auxilio”.
La Ley Municipal de 1877, además de enumerar las competencias municipales, cuando trata del contenido de las partidas de los presupuestos ordinarios atribuye a los ayuntamientos un listado de gastos, que merecerían la calificación de obligaciones municipales, donde se incluyen los “medios preventivos y de socorro contra incendios”. El Ayuntamiento había asegurado –con la compañía La Urbana– por primera vez en 1892 los edificios municipales Casa Ayuntamiento, Matadero Público y Hospital del Buen Pastor para “evitar toda clase de perjuicios que a consecuencia de causas imprevistas pudiera sobrevenir a los intereses comunales”. Además, con la adquisición de las bombas de incendios y la creación del Cuerpo de Bomberos, el Ayuntamiento manifestaba claramente su apuesta por la lucha contra el fuego y dejaba patente su contribución a la defensa de las propiedades públicas y privadas de las llamas.
El “Reglamento que se forma por el Ayuntamiento de esta localidad en virtud del acuerdo de la Corporación fecha 19 del actual [junio de 1922] que comprenda los derechos y obligaciones del cuerpo de bomberos de esta villa” consta de diez artículos y en él se abordan sus obligaciones, sueldo, premios y multas, materiales, etc.
El Cuerpo de Bomberos se componía de diez personas residentes en Alaejos. Entre ellas debería de haber técnicos en el “manejo o funcionamiento de la bomba o bombas” y “maestros albañiles o subalternos de estos” por tener costumbre de subir a los tejados, andar por ellos y conocer su estructura. Una de sus obligaciones consistía en hacer ensayos con la bomba cuantas veces lo creyeran procedente hasta asegurarse de su buen estado y funcionamiento. Los bomberos tenían que trabajar hasta que el incendio quedara totalmente extinguido y auxiliar a las personas que lo requirieran.
El Ayuntamiento pagaba el 1 de septiembre a los bomberos 750 pts. por año. Además, declarado un incendio, el primer bombero que llegara al depósito donde se guardaban la bomba y los materiales tenía un premio de 5 pts. adicionales. Esa misma cantidad se imponía como multa al bombero que no asistiera a un siniestro sin causa justificada.
Si en acto de servicio un bombero se lesionara “inmediatamente se reunirá la Corporación y acordará la indemnización que ha de dársele, sin sujeción a la Ley de accidentes del Trabajo”.
El Alcalde podía ordenarles que acudieran a algún pueblo cercano que pidiera ayuda ante un incendio importante, a cuenta de llevarles hasta el pueblo y de abonarles el jornal que, en su caso, perdieran. La colaboración era mutua: la bomba de Torrecilla de la Orden ayudó a sofocar el gran incendio que hubo en la víspera de las fiestas de septiembre de 1915 en la casa de José Vallecillo Luis y que afectó a inmuebles de las calles Zabacos, Pozo y Plaza Mayor.
El reglamento preveía también la compra de “escaleras, picos, hachas y demás necesario, así como su reposición y el de la bomba”.
Los integrantes del Cuerpo de Bomberos fueron León Viviano Puertas, Casimiro Beltrán Mangas, Práxedes Ojeda Baraja, Pedro Gallego López, Eustaquio Puertas Albertos, Benigno Aguado Rodríguez, Genaro Parrado Sanjuán, José Ojeda García, José Gallego López y Justo Cesteros. Estos dos últimos serían sustituidos en 1924 por Manuel Belloso Manjarrés y Bernabé Ojeda García. Éste, a su vez, fue sustituido en 1927 por Raimundo Lucas Pérez. Benigno Aguado sería sustituido en 1925, cuando falleció, por Gabriel Losa Santana.
Los vecinos que tenían contratado un seguro de incendios, cuando sufrían un siniestro en sus inmuebles, comparecían ante el Juez municipal o el Alcalde para que se levantara un acta que aportaban a su compañía aseguradora y así podían obtener una indemnización por los daños ocasionados. De esta forma conocemos el número de incendios al que probablemente acudieron los bomberos de Alaejos para su extinción:

El número de incendios y el de inmuebles afectados quizá fuera más amplio porque probablemente no todos los afectados por un incendio tuvieran seguro contratado. Otro dato que conocemos a través de las anteriores comparecencias se refiere a las compañías en las que estaban asegurados los edificios siniestrados; sería La Unión y el Fénix Español la compañía que más siniestros afrontó durante esos años:

Habitualmente los vecinos declaraban que desconocían o ignoraban las causas del incendio. En algún caso –los menos– se señala el origen: prolongación de las llamas del hogar, gatos en la lumbre, hollín de la chimenea, chispas que saltan de la lumbre, braseros, candiles, planchas, velas... El lugar más común en el inicio de los fuegos es el hogar, donde se pone la lumbre, que sirve de cocina, de sistema de calefacción, para secar la ropa, de lugar de reunión y tertulia, etc., por lo que no es de extrañar que sean numerosos los incendios que se producen en las chimeneas. Para apagar este tipo de incendios se procuraba cortar la respiración, el tiro o la corriente de aire de la chimenea, es decir, evitar el oxígeno mediante la colocación de dos mantas (generalmente de Palencia o de Bernardos) empapadas en agua: una en el hogar y la otra en la parte alta de la chimenea.
Los bomberos tuvieron que enfrentarse a grandes incendios; quizá ninguno de ellos fuera como el ocurrido el 15 de agosto de 1881 en las eras conocidas como Las Grandes (uno de los mayores ocurridos en Alaejos de los que se tenga noticia, tanto por el número de afectados como por las cuantiosas pérdidas económicas, pero también por la solidaridad manifestada por las organismos públicos, convecinos y pueblos circundantes).
El 12 de junio de 1922 a las 23:00 horas se declaró un gran incendio que comenzó en la casa del comerciante Doroteo Santos Parrado, en la calle Fortaleza y Plaza, propagándose a otras tres viviendas contiguas. El corresponsal de El Norte de Castilla en Alaejos, Pedro Morante, dejaba de manifiesto en su crónica la colaboración entre las autoridades y el vecindario en la extinción del fuego, así como que “se ignoran las causas que motivaron el siniestro, y se dice que todos los edificios estaban asegurados, debiendo advertir que todos los siniestrados son familias pobres”. Los mayores daños del siniestro fueron los que sufrió Doroteo –en el edificio, los muebles, las ropas y en los efectos de su negocio– que ascendieron a 6.745 pts. Las valoraciones de daños presentadas por los otros vecinos para reclamar a sus compañías aseguradoras y así obtener la indemnización oportuna ascendió a 1.492 pts. Todos los afectados ponían de manifiesto que contribuyeron a apagar el incendio la ayuda de los vecinos llevando agua, la bomba de incendios y los trabajos efectuados por los bomberos.
El 22 de agosto de 1926 a las 22:00 horas se inició en la casa de Raimunda Raposo Moya un gran siniestro que se propagó rápidamente a las casas contiguas, afectando a diversos inmuebles entre los números 34 y 64 de la calle Casas Nuevas. Tras los grandes esfuerzos realizados para apagar el incendio por los bomberos, vecinos y Guardia Civil, el Alcalde mandó que se quedara un retén del Cuerpo de Bomberos acompañado de 32 obreros para impedir que se reprodujera. Los vecinos que tenían póliza de seguros contratada reclamaron una indemnización por valor de 13.810 pts., inferior a las 30.000 pts. en que se calculaban los daños; diferencia que posiblemente implicaría la existencia de casas siniestradas sin seguro de incendio. Varios diarios de información de la época se hicieron eco de un rumor popular que aseguraba que el origen del incendio estuvo en “un aerolito que cayó sobre la casa”.
El Cuerpo de Bomberos se suprimiría en 1930 por resultar gravoso a los fondos municipales y no haber obtenido unos resultados que fueran considerados, a juicio de la Corporación, satisfactorios. Se nombraría una comisión del Ayuntamiento para redactar unas bases que permitieran arrendar el servicio de incendios, con lo que pasaría a privatizarse, adjudicándose al mejor postor, a quien menos cantidad cobrara.
José-Luis Pérez Muñoz