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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA CASITA 1996

Queridas paisanas y paisanos:

Agradezco a vuestro Alcalde el que me haya ofrecido la oportunidad de encontrarme en público con vosotros.  Y digo vosotros, y no Ustedes, porque me considero entre familiares, amigos, antiguos vecinos y convecinos con los que siempre he tratado de tú.  Mis años de ausencia del pueblo no han cambiado mis usos ni sentimientos.
He hablado en lugares y países muy diversos.  Mi profesión me ha llevado a dirigirme a público muy variado –a veces, en otras lenguas–.  Pero nunca me he sentido tan emocionado e inseguro como hoy, cuando tengo la oportunidad de dirigirme en público a mis paisanas y paisanos en un pregón de fiestas.

Ya hace más de 25 siglos, los griegos de Atenas, los descubridores de la democracia, acuñaron una estructura del nombre personal en la que cada individuo era conocido por tres referencias: la de su nombre propio, la de la familia a la que pertenecía y, con un tercer elemento, el del nombre del pueblo donde nació y solía tener su domicilio.  Y ese uso, que siguió vigente en épocas romana y posteriores, ha dejado testimonios conmovedores de soldados, comerciantes o simples viajeros que gastaron su última fortuna en mandar hacer monumentos que les recordaran en sitios muy alejados de su lugar de nacimiento en los que se decía: soy fulano de tal, miembro de tal familia, pero también nacido en tal pueblo.  Así, un importante músico de la corte de Felipe II, nacido en este pueblo, fue conocido como Juan de Alaejos.
Y hablaban de su lugar de origen con orgullo.  Yo también puedo decir que no he olvidado nunca que nací y pasé muchos años de mi vida en Alaejos, pueblo con el que siempre estaré vinculado.

En el Programa de las Fiestas de este año, como suele ser una sana costumbre en los programas de años anteriores, se recuerdan retazos del pasado de Alaejos.  He comprobado que incluso se ha constituido una “Asociación Cultural” que contribuye a recuperar el pasado de nuestro pueblo.  Es una buena manifestación de cariño por todos nosotros el ayudarnos a recuperar nuestro pasado.  Un pueblo que no conozca su historia es como una persona desmemoriada, indefensa para abordar los retos del futuro.
Yo también podría contribuir con el recuerdo de miles de pequeñas historias del pueblo que yo conocí en mi infancia, en la infancia de mi generación: nuestra entrada en la escuela (la de Toño, Luis, Jose, Pedro, Pim y un sinfín de nombres) después de haber cantado el Cara al Sol o Montañas Nevadas, el momento de apogeo del Teatro Bernabé a donde, en sus inicios, había que llevarse la silla de casa para ver el cine (el famoso teatro que se insonorizó poniendo en el techo cartones de huevos), la mala cara de un amigo a quien los Reyes Magos habían regalado el tambor que el año anterior le habían traído a su hermano mayor, el pueblo que sólo conocía dos calles asfaltadas (la calle Zabacos y la calle La Cárcel),... etc.  Pero no es el momento de prolongarse en los recuerdos.  A pesar de todo, Alaejos era un pueblo donde los niños éramos felices.  Todo el pueblo era un enorme Parque Natural donde los niños teníamos libertad plena de movimientos: entrábamos en cualquier casa o en cualquier corral, como desaparecíamos para hacer escapadas a los pinares o a los melonares.
Miro ahora mi pueblo y me siento orgulloso de lo que ha cambiado, de lo que han mejorado sus condiciones urbanísticas, de lo que se va pareciendo a una ciudad, de lo mucho que habéis hecho por él los que aquí habéis estado siempre.  Pero las mejoras no son sólo el resultado del paso del tiempo.  Muchas sólo han sido posibles en el nuevo marco de nuestra joven democracia y en el de pertenecer a la Comunidad Europea.  La democracia ha sido y seguirá siendo una base imprescindible para la mejora de nuestro pueblo.  La rivalidad (no la enemistad) y la competencia de los partidos es buena para los ciudadanos.  Es beneficioso para los alaejanos el tener representantes de distintos partidos políticos en el Ayuntamiento: de la rivalidad de sus programas puede surgir la coincidencia en la búsqueda del interés común.

Cuando los sociólogos hacen distinciones de fiestas o de rituales, hablan de fiestas de contemplación en las que uno o unos pocos actúan y los demás miran, y de fiestas de participación, en las que los oficiantes son todos los que participan.  Estas últimas han sido y van a ser las Fiestas Patronales de Alaejos: se participa colectivamente en la plaza, en las peñas, en los bailes, en los concursos... y siempre con el rasgo acogedor y familiar de los alaejanos.
Y se participa en septiembre como corresponde a un pueblo que acaba de terminar las duras faenas de la recolección.  Cualquier explicación sobre el origen de nuestras fiestas se remontaría a épocas muy antiguas, anteriores al cristianismo, cuando se agradecía a los dioses el resultado de la cosecha.  Terminaron siendo las Fiestas de la Virgen de la Casita.  Y habéis sabido conservar la tradición y, sin perder lo antiguo, darles también otro significado: las habéis convertido en las fiestas del reencuentro con otros alaejanos que se fueron, que nos fuimos.  Una gran alegría de los reencuentros en estas Fiestas reside en poder comprobar que los alaejanos no han olvidado su historia, incluso sus pequeñas e íntimas historias, pero también el constatar que los alaejanos han sabido conectar con las nuevas exigencias de una España democrática y de la Europa actual en la que están inmersos.  Y por ello os felicito, por los muchos logros conseguidos en tan poco tiempo.

Como miembro de este colectivo que nos llamamos alaejanos, permitidme que, en público, ante unas fiestas patronales de la Virgen de la Casita, haga, en voz alta, tres breves reflexiones que siempre me han preocupado sobre el presente y futuro de nuestro pueblo.

Primera.  Hemos hecho la entrada política y administrativa en la Comunidad Europea, pero, a este país, le falta entrar con todas las consecuencias.  Como muchos sabréis, nuestro país sigue siendo uno de los que menos leen y de los que más televisión contemplan. ¡Es tan relajante tumbarse a ver lo que a uno le echen!.
Pero, por desgracia, la cultura rara vez se adquiere con muchas horas de televisión.  Las Bibliotecas Populares, las Asociaciones Culturales, los Ciclos de Conferencias, los Museos, el número de periódicos y de libros leídos... son el mejor indicio de que un país o un pueblo ha entrado plenamente en Europa.  ¿Sabéis que nuestro país está en los límites de la incultura con escasamente 100 periódicos por cada 1.000 habitantes?
Suecia, a comienzos de este siglo, era un país pobre y lleno de analfabetos.  Su prosperidad económica actual es conocida.  Pero también debe decirse que hoy se pueden encontrar allí museos y centros culturales hasta en pueblos de 1.000-2.000 habitantes.
El reto de elevar la cultura es el reto de elevar la libertad de un pueblo.  Y un pueblo, culto y libre, está más preparado para afrontar los desafíos de una Europa, de un mundo cada día más interrelacionado.
Felicitémonos por contar ya con una Asociación Cultural en el pueblo, pero potenciemos esa y otras iniciativas semejantes.  ¿Por qué?
España ha quedado dentro de la Comunidad Europea destinada a cubrir muchos servicios, ante todo destinada a cubrir muchos servicios del tiempo de ocio.  Y nuestra aportación cultural será uno de los productos que mejor podremos ofrecer, vender.  Tenemos unas espléndidas iglesias, una ermita con más antigüedad aún de la que se cree, restos de unas importantes casas señoriales, una magnífica fachada del Ayuntamiento, etc.  Alegrémonos por ese legado de nuestros antepasados, pero no nos contentemos sólo con eso por importante que sea; no olvidemos otro legado de enorme interés que se está perdiendo con demasiada rapidez.  Resulta tan evidente que apenas se le da importancia.
Contamos con una larga tradición agrícola y con un excepcional testimonio de lo que fue la industrialización de este pueblo, la Fundición.  Y eso también es parte de nuestra cultura.
Os sugiero que nos demos prisa en recuperar esa otra parte de nuestro pasado cultural.  ¿Hay proyectos de hacer un Museo Etnológico en Alaejos?  Ese Museo que podría exponer desde todo tipo de útiles agrarios con su uso antiguo y su rendimiento económico, hasta trajes y restos de materiales de la antigua vida doméstica.  Es un proyecto barato y de gran rendimiento económico.  Puede ser un proyecto que abra las puertas a la colaboración de los alaejanos de aquí y de los alaejanos que nos fuimos.
Y en la misma línea cultural, busquemos la forma de recuperar el Castillo, de excavarlo y de hacer del conjunto un vivo recuerdo material de las condiciones de vida de su época.  Trabajar por la recuperación histórica y cultural de Alaejos es atender a una demanda europea, pero es trabajar también por el futuro económico de este pueblo.  Vivimos en una sociedad en la que cada día ocupa más espacio el tiempo de ocio.  Un Museo Etnológico en Alaejos sería un centro obligado de visitas de miles de habitantes de las ciudades que desean conocer mejor sus orígenes.

Segunda.  Va pasando el tiempo en que uno de los mayores contrastes entre Europa y nuestro país era la diferencia que se advertía entre los pueblos y las ciudades de España.  Al fin, nuestro pueblo se va pareciendo también a una ciudad, al menos en su apariencia externa.
Pero no seamos muy rígidos copiando los modelos de las ciudades.  Muchas de ellas no sirven de modelo; así, no tomemos como modelo a nuestra capital provincial, la ciudad que muchos arquitectos ponen como ejemplo de lo que no se debe hacer: la ciudad donde se han cometido los mayores atropellos urbanísticos hasta que llegó la democracia.
Yo no dudo de que los alcaldes de este pueblo tengan los mejores deseos y los mejores asesoramientos para saber combinar la tradición urbanística con las necesarias innovaciones.  La corta existencia de planes urbanísticos en nuestro país exige una doble atención.  Yo no soy la persona indicada ni éste es el momento para hacer sugerencias concretas ni para valorar el desarrollo urbanístico de este pueblo en los últimos decenios.  Pero partamos de la idea de que la casa es de cada cual de puertas adentro, pero las fachadas y las calles son patrimonio común.  Y, conforme a ella, preguntémonos si la expansión y reconstrucción de Alaejos se está haciendo conforme a criterios urbanísticos racionales.  Si fuera así, que Europa nos imite; de lo contrario, reflexionemos sobre cómo ganar el futuro.

Tercera.  Permitidme una tercera reflexión.  Permitidme que os diga que sigue siendo excepcional y sobrecogedor el contemplar el contraste entre nuestra dura y recia meseta y el aire de los pueblos europeos.  No es sólo que allí llueva más.  Todos sabemos que hay árboles que necesitan poco agua.  Y muchos saben que, en este pueblo y en su término municipal, había antes más árboles.  Europa no pide que seamos más verdes, que seamos más ecologistas, que saquemos el máximo rendimiento a nuestros recursos naturales del medio ambiente.  No olvidemos que la humanidad del futuro o es ecologista o tendrá penosas condiciones de vida.  No siempre el paso del tiempo conduce a las mejoras.  Se puede ir a peor, y se irá, si no comenzamos ya a asumir comportamientos ecologistas.
Ese sería el otro logro de mejora para nuestro pueblo.  Últimamente, hasta nos invitan (nos ayudan de algún modo) a conservar y a plantar árboles.  ¿Verdad que Alaejos puede ser más bello con más parques y más vegetación?
Esos tres retos para conquistar el futuro nos está pidiendo la Comunidad Europea, nos está pidiendo el futuro: el cultural, el urbanístico y el ecológico.  Son tres retos que mejorarán la economía y también las condiciones de vida de los alaejanos.

Por lo mucho que habéis hecho, por todos los logros conseguidos por los que estáis siempre aquí, os felicito.  Me alegro de formar parte de este colectivo que nos llamamos alaejanos.  Pero ganar el futuro cultural, urbanístico y ecológico para este pueblo exige mucho empeño.  Yo, como otros muchos que nos fuimos, os agradecemos vuestros esfuerzos.  Pero no olvidéis que habéis hecho de estas Fiestas Patronales también fiestas del reencuentro.  Por lo mismo, pueden ser una buena ocasión para que los que estáis aquí nos comprometáis a los que nos fuimos a colaborar para ganar ese futuro.  Yo no dudo que este pueblo lo conseguirá, pero lo conseguirá antes si los objetivos son de todos los alaejanos, de los que se quedan y de los que venimos a recibir vuestra hospitalidad.  ¡Felices fiestas de La Casita democráticas, europeas y alaejanas!

Julio Mangas Manjarrés
Catedrático de Historia Antigua.  Universidad Complutense. 

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