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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA CASITA 1997

Alaejanos y visitantes, amigas y amigos.

Como hijo que soy de esta villa, es para mi un honor, además de un placer, dirigirme a vosotros para daros la bienvenida a estas Fiestas de la Virgen de la Casita de 1997.  Aunque no vuelvo a Alaejos con la frecuencia que me gustaría, he tratado siempre de mantener el contacto con mi pueblo, sobre todo a través de mi madrina, Encarnita, y otras personas, familiares y amigos (algunos de los cuales me transmitieron la amable propuesta de ser el pregonero de este año).  También mantengo el contacto con el pueblo, con sus costumbres y con el espíritu de sus fiestas a través de mi padre.  Como muchos de vosotros le conocéis más a él que a mí, sabéis mejor que yo cómo le gusta recordar el pueblo, y lo colorista que es cuando habla de la historia, las costumbres, los monumentos o las gentes de Alaejos.

Para nuestro pueblo, estas Fiestas patronales son algo muy querido y entrañable, y nos gustaría que todos los que nos visitáis con este motivo disfrutarais de las Fiestas con la misma ilusión que tenemos los que somos de aquí.  Por supuesto, el objetivo principal de las Fiestas es divertirnos sanamente, pasárnoslo bien.  Pero creo que hay algo más, y sin ese algo más no se entendería que, después de varios siglos, las Fiestas sigan siendo tan importantes para nuestro pueblo.

En otros tiempos, estas fechas –finales del verano– eran las más adecuadas para celebraciones y festejos en cualquier pueblo que, como el nuestro, ha dependido casi siempre del campo.  En estas fechas terminan las labores de la recolección y es tiempo apropiado para dar gracias a la Patrona si la cosecha ha sido buena, o para pedir mejor suerte para el año próximo, si no lo ha sido tanto.  Pero, de cualquier modo, era el mejor momento para que en cualquier pueblo o ciudad de Castilla se interrumpiera la rutina cotidiana y procurasen las gentes divertirse y descansar después de la dura faena.  Esto ha sido así hasta hace no muchos años, y si no, podemos preguntarles a los mayores del lugar, de los que siempre podremos aprender algo interesante sobre nuestra cultura propia.

Hoy en día las cosas son distintas.  Entre cuotas de producción, seguros combinados y subvenciones de la Unión Europea, hay que reconocer que el campo ha cambiado, y mucho.  Quizá no exista hoy en día la misma ilusión que tenían nuestros antepasados en su labor, y que ponían de manifiesto cuando celebraban cada año que la tierra siguiera dándoles sus frutos.  Pero es que, además, somos muchos los que, desde hace bastantes años y por diversas circunstancias, hemos ido dejando el pueblo y asentándonos en otros lugares.  La vida de todos nosotros, tanto de los que han permanecido aquí como de los que nos fuimos, ha cambiado mucho, y es muy distinta de la que nuestros antecesores vivieron.

Y si la economía y la vida cotidiana de Alaejos y de todos los alaejanos ha cambiado, no digamos nada de las formas de divertirse o de romper con la rutina diaria.  Uno puede preguntarse si en esta época –en que quien más, quien menos, tiene coche, televisión, video, etcétera, o cuando por no demasiado dinero uno puede pasarse una semanita en el Caribe– tiene sentido todavía que muchos pueblos, como el nuestro, celebren con tanta ilusión y tanta dedicación sus Fiestas.

Yo pienso que sí que tiene sentido.  Es cierto que hoy en día hay muchas más formas de divertirse que las que tenían las generaciones anteriores.  Pero ningún otro tipo de diversión o celebración permite, como unas Fiestas patronales, que alejanos de aquí, o esparcidos por el mundo, o que familiares, vecinos y amigos del pueblo o de lugares cercanos, nos encontremos unos con otros, e incluso que nos encontremos con nosotros mismos.

Las Fiestas de la Virgen de la Casita son algo nuestro, algo propio.  Creo que por esa razón las organizamos y celebramos cada año con ilusión renovada: no son sólo –aunque también– una ocasión para la diversión y el jolgorio.  Son también una excusa para recordarnos a nosotros mismos quiénes somos y a qué pertenecemos.  Estas Fiestas las han celebrado generaciones y generaciones de alejanos a lo largo de varios siglos.  Por eso, cuando nosotros también las celebramos estamos, en cierta forma, volviendo a nuestras raíces.

Hay que vivir en el momento presente.  Hay que estar atentos a los cambios que se producen en el mundo y que, queramos o no, nos afectan a todos.  Pero tampoco hay que perder la perspectiva de lo que nos es más propio.  Porque mientras existan tradiciones y costumbres propias de nuestro pueblo, que los alejanos nos empeñemos en conservar, podrá decirse que Alaejos sigue vivo, que Alaejos sigue siendo Alaejos.

Así pues, queridos paisanos, como pregonero os invito a vivir y disfrutar estas Fiestas en plenitud... En plenitud de convivencia amistosa, en plenitud de agradecimiento a nuestros mayores, en plenitud de simpatía con nuestros amigos, vecinos y visitantes.  Vaya nuestra admiración con la Reina de las Fiestas y su simpática corte; nuestro agradecimiento a todas las personas que han participado en la organización de las Fiestas, y que han aportado un esfuerzo a menudo inadvertido.  Agradecimiento también al Pleno del Ilustre Ayuntamiento, con su Alcalde al frente.  Admiración y advertencia prudente a los valientes toreros espontáneos y, en definitiva, agradecimiento a todo el pueblo, que es el principal protagonista de estos días que comienzan.

Por todo ello, en nombre de la Corporación municipal, declaro abiertas estas Fiestas patronales.  Ahora, a pasarlo bien.  Gracias.

Antonio Monsalvo García
31 de agosto de 1997.

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