Como ustedes saben, tengo una afición enorme a correr y en estos momentos, cuando subía las escaleras, recordaba los momentos previos a la carrera, cuando estás tras la línea de salida, los músculos en tensión, el corazón latiendo con más fuerza, rodeada de compañeras, levantas la vista y comienza la carrera, perdón, el pregón.
Si el sonido del disparo de los jueces, que indica el comienzo de las pruebas atléticas, convierte en rivales a las que hasta hace unos instantes eran tus compañeras, el sonido del chupinazo de las fiestas debe servir para convertir a los rivales y enfrentados en compañeros y amigos. Con el permiso de las reinas y de las autoridades presentes, declaramos hoy la villa de Alaejos como la villa de la concordia, de la armonía, el afecto, la tolerancia y la amistad.
Soy consciente de que los deportistas que destacamos en alguna disciplina somos un referente en el mundo del deporte, y también a nivel social, sobre todo para la juventud. Por ello no quiero dejar pasar esta ocasión para recordar a los más jóvenes que éstos, que son días de alegría y juerga, de jolgorios y jaranas, los tomen con moderación y corrección, dosificándolos como se hace con las fuerzas en una carrera, porque las fiestas no han hecho sino comenzar y aún queda mucha. Si se me permite, me gustaría decir alto y claro: Drogas No, Deporte Sí. Es de agradecer que un pueblo como Alaejos haya incluido en su programa de fiestas diversas manifestaciones deportivas como el cross, las carreras ciclistas y diversos campeonatos que se celebran en el nuevo Polideportivo. El apoyo al deporte base resulta fundamental para el desarrollo de los jóvenes como personas y para su devenir como futuros deportistas.
En el deporte es donde se experimentan intensas emociones, se potencia la amistad, pura y desinteresada, el compañerismo y la solidaridad; el deporte paraliza guerras y contiendas, acerca a los hombres e incluso a los gobiernos; el deporte es una cultura y acerca culturas; el deporte hace a las personas mejores, más sabias y más honestas.
Y poco a poco hemos recorrido la mitad de la carrera, todas juntas, en pelotón. Hemos pasado las diversas competiciones deportivas, el certamen literario, la tortilla española con el vinito en el día de nuestros mayores y comienzan las multitudinarias dianas, el desfile de peñas. La presencia y la participación de las peñas en las fiestas de cualquier pueblo es primordial para elaborar y calibrar el éxito de las mismas. A ellos también hay que recordarles que una de las premisas fundamentales para la convivencia durante los festejos es la consideración que nos debemos a nosotros mismos y hacia los demás, sobre todo a los más pequeños y a los mayores. Y corriendo, corriendo, llega el primer encierro, la romería en la ermita de la Casita, el típico baile y la tradicional siesta popular.
Nos vamos acercando a la parte más importante, la segunda mitad del recorrido, donde comienzan los nervios, los empujones y codazos para no quedarse encerrada, para no perder de vista a las rivales más directas. Aflora la inquietud, la alteración y la tensión porque intuyes que te vas a jugar toda la temporada en esta carrera, después del sacrificio de dietas y entrenamientos. También hay que recordar que todos alaejanos no podrán acercarse, por diversos motivos, a las fiestas de su pueblo. Otros no las podrán disfrutar porque tienen que trabajar o porque están enfermos. A todos ellos, nuestro saludo, consideración y respeto.
También sentirán tensión y nervios esos otros alaejanos que viven fuera cuando vienen a las fiestas, los que viniendo por donde vengan, verán de lejos la silueta del pueblo, con sus monumentales torres, la de San Pedro y Santa María, señas de identidad del municipio. Si bien, cuando las ves de cerca, sin ánimo de ofender, y sin perder un ápice de grandeza y espiritualidad ni desmerecer su monumentalidad, te das cuenta de que algunos arreglos las vendrían bien, del mismo modo que me consta que hacéis todo lo que podéis por defenderlos y conservarlos dignamente.
Y vas apretando en la última curva, porque sabes que al terminarla te quedarán unos pocos metros en los que finalmente se decide la carrera. Aprietas los dientes para sacar más fuerzas de donde ya no las hay. Ahí está el público al que oyes pero no ves, el que jalea y te empuja. Y esperas que esta sea tu mejor carrera, es decir, tu mejor pregón, el que nadie haya hecho, el que sea más original.
Ya han pasado las noches en vela jugando al tío maragato esperando que comience la diana (por cierto, que parece ser que aunque el tío maragato se inventó en otro pueblo, es Alaejos el lugar donde mejor se juega). Ya han pasado el encierro campero y la paella, ya han acabado los novillos y las verbenas y todos juntos caminamos, ya muy cansados, para observar la colección de fuegos artificiales, impresionante traca de fin de fiestas. Pero, como dicen por otros lares cuando acaban las fiestas, no deberemos estar tristes pues quedará menos para que comiencen las del año siguiente.
Ves la línea de llegada, das zancadas cada vez más largas y sacas el pecho todo lo que puedes porque la carrera se puede decidir por centésimas de segundo. Y cruzas la meta y la felicidad te invade. Te relajas, la sonrisa que esbozas no es digna de la inmensa felicidad que sientes. Te acuerdas de las personas a quienes quieres, de tu familia, de tu novio, de tu entrenador, que en algunos casos es la misma persona, de tus compañeros... te acuerdas de la enfermedad que superaste y la última lesión... te acuerdas de todo y de nada porque la felicidad y la satisfacción envuelven todo. Las que hace unos momentos eran rivales vuelven a ser compañeras y son las primeras en felicitarte y felicitarse por la carrera. Pero justo es reconocer el trabajo de todas las personas que te han ayudado en tus inicios como deportista, a superar los momentos malos de las lesiones, a perder y a ganar, porque esta diferencia en las carreras es tan liviana que por eso mismo tiene tanta importancia.
Y como este pregón está durando más que una carrera de 800, mi carrera, creo que va siendo hora de acabar.
Quiero agradecer al Ayuntamiento de Alaejos y a su alcaldesa, Cristina, en particular, la distinción que se me ha dispensado invitándome a pregonar las fiestas de Alaejos del año 2002 en honor, como siempre, de su patrona la Virgen de la Casita. Quiero también agradecer a los presentes, vecinos, reinas y autoridades, su asistencia, para que comencemos todos juntos las fiestas de este año, como debe hacerse, gritando al unísono: ¡Viva la virgen de la Casita! ¡Viva Alaejos!
Mayte Martínez