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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA CASITA 2004

Amigos y Amigas:

Es para mi un gran honor sustituir durante unos breves minutos a una figura que durante años estuvo muy unida al transcurrir diario de las poblaciones de nuestro país: el pregonero.
Seguramente llevaría gorra de plato y haría sonar una especie de cornetín o trompetilla para que le escucharan recitar noticias de interés para conocimiento de todos.  Además de ser un incansable comunicador de lo bueno y de lo malo.

Con el paso de los años los pregones han ido adquiriendo un carácter costumbrista, manteniendo una tradición oral que une retórica, historia y fiesta, y que sobre todo es una invitación a disfrutar de la vida.

Hoy, los pregoneros han perdido su oficio.  El paso del tiempo y los avances tecnológicos han hecho desaparecer muchas profesiones, entrañables, y él, en su momento, cedió los trastos a personas que una vez al año le homenajean prologando los actos festivos de una localidad.

Hay un dicho que dice “pregona más que vende” y siéndole fiel, debo este 5 de septiembre continuar manteniendo viva, aunque sea solo por un día, la tradición de pregonar las fiestas en honor de la Virgen de la Casita.  Y es lo que a continuación voy a hacer.  Sin un cornetín y sin una voz poderosa pero con toda la ilusión que me produce estar en este balcón.

Soy una persona que he estado vinculada al deporte toda mi vida, corta o larga según para quién.  He mantenido una estrecha relación con una actividad que sobre todo me ha reportado una enorme satisfacción personal y el conocimiento de una actividad noble muy alejada de las disputas diarias y del, a veces ingrato, quehacer laboral.  El deporte ante todo es una fiesta, un espectáculo destinado al disfrute del que participa y del que lo ve.

Fiesta y deporte deben significar lo mismo.  Vosotros iniciáis unos días en los que buscáis el deleite del cuerpo y la mente, la necesaria diversión que aleje los fantasmas de los problemas y que acerque y una a los vecinos en la mejora de la convivencia.
La fiesta debe ser para todos: para aquellos que se la tomen como deportistas olímpicos y decidan batir records del mundo en especialidades todavía no reconocidas como los bailes de verbena, el levantamiento de porrón o el empacho de cagadas de gato.
Y también para otros que prefieran observar y disfrutar de forma menos competitiva del riesgo que asumen los corredores de los encierros y del resto de un programa en el que todos pueden y deben tener cabida.
Por ello no debéis olvidaros de los niños que también tienen su derecho a pasarlo bien y que son parte muy importante, cada vez más, del desarrollo de nuestro pueblo, ni de los mayores de los que tanto tenemos que aprender.

Es importante que en estos días aparquemos las pequeñas diferencias con el vecino que a veces nos producen más mal que bien y relegar todo aquello que nos preocupa y necesitamos olvidar.
Conocidos y desconocidos buscaremos reconfortar la mente con el recreo que proporciona la diversión en la que mucho tendrá que ver el estado de forma de cada uno.

Y aunque la función del pregonero del siglo XXI es animar al goce y disfrute de la fiesta, también lo es ensalzar y reivindicar las virtudes de Alaejos.
Es por ello que es una obligación de todos recordar continuamente la historia y la cultura, saber de dónde venimos para valorar lo que tenemos.
Debemos saber que en esta villa hubo un castillo y una muralla, una dama encerrada y una historia de amor que al conocerla es capaz de transportarte a una época llena de disputas y desengaños, de luchas de poder y de vasallajes.  Y todo sucedió aquí.
Que la arquitectura civil y religiosa y el arte expuesto en su interior demuestran el esplendor que durante muchos años tuvo esta villa, y que tiene que ser motivo de orgullo para los alaejanos y también para los que no lo son, ya que la cultura y la historia es patrimonio de todos.
Las ermitas de Santa Ana y de Nuestra Señora de la Casita, las iglesias de Santa María y San Pedro y el conjunto urbano de Alaejos con sus numerosas casas nobles debe ser motivo más que suficiente para acercarse a esta villa y deleitarse con la mezcla de pasado y presente.

Descubro con sorpresa las numerosas referencias que Anastasio Rojo en su libro “Fiestas y comedias de Valladolid” hace de personajes que tuvieron relación con Alaejos: toros, danzas y comedias fueron habituales durante los siglos XVI y XVII, demostrando la importancia que el ocio ha tenido en el pasado y la necesidad del esparcimiento en la mejora de la calidad de vida, antes y ahora.

Para terminar este breve pregón quisiera expresar mi anhelo porque el mundo rural recobre su importancia en la sociedad actual.  Es una necesidad de todos, jóvenes y mayores, instituciones públicas y privadas, que apuesten por mejorar los equipamientos y servicios sociales, potencien la cultura y las tradiciones, la riqueza del paisaje y conseguir un desarrollo que ayude a afrontar el futuro con optimismo.

Pero eso hoy no toca.  Ahora a disfrutar.

Álvaro Abril Aparicio

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