Alaejos en texto
Alaejos en imágenes
La res pública
et cetera
Colaboraciones
Contacto
yo, mi, me, conmigo
Patrocinadores
Aviso
Inicio

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA CASITA 2009 

 

Veis que vengo sin papeles para hablar de corazón a corazón, pues en los sitios donde nos queremos sobra el traer papeles y hay que hablar de lo que sale del alma, del corazón.

Fijaos.  Hay cosas –están todos los chavalitos del equipo ciclista aquí– que dejan en la vida huellas, marcas y este es un momento, sin lugar a dudas, que en mi persona, y los que me conocéis lo sabéis, me deja marca.

 

Quería empezar este pregón de 2009, en estas fiestas de vuestra patrona la Virgen de la Casita, saludando primero al párroco, don José Guerra; a don Luis Argüello, rector del Seminario vicario episcopal, que también ha venido en representación de la Diócesis; a todos mis alcaldes –Maxi no ha podido venir–, Jaime, Alfredo; alcalde de Nava, de Torrecilla; a los Srs. Diputados; y a todos vosotros; y a mis amigos y a mis amigas; y a todos mis chavalitos que están por aquí desperdigados; y gente que ha venido de todos mis pueblos, por supuesto, donde estoy de párroco.

 

Fijaos bien.  Hoy voy a empezar por deciros algo que no he dicho nunca.  Cuando a mí me comunica –y hablo con el corazón– el obispo don Braulio, que está ahora de primado en Toledo, que mi destino va a ser Carpio, Bobadilla y Brahojos –porque yo no había hablado a la gente de allí de cosas de aquí, de Don Búho; hablaba de otras cosas, pero no de esto– pensé: “¿qué pinto yo en esos pueblos, qué se me ha perdido?”.  Y os digo una cosa que es cierta.  Yo voy y vengo por la carretera donde hacía el trayecto para venir cuando tenía aquí el negocio y cuando veo aparecer vuestra ermita de la Virgen de la Casita, Santa María, San Pedro –yo era parroquiano de San Pedro, por eso dije aquí mi primera misa como sacerdote, en San Pedro– dije: “aquí me trae la Virgen de la Casita”.  Y por eso lo primero que hice cuando tomé posesión de mis tres pueblos fue ponerlos bajo la protección de la Santísima Virgen.  Eso es algo que quiero que sepáis.  Bueno, y ahora, dicho esto, pasamos a lo divertido porque estamos en fiestas.

 

Fijaos.  En febrero de 1976, ha llovido ya años, empezamos la construcción, la remodelación –se ve desde aquí, tengo unos recuerdos preciosos, me emociono mirando para esta calle– de ese salón que había, de ese gran cine que hizo Bernabé, esa gran persona.  Se lo cogimos para hacer la transformación en discoteca y la intención era inaugurarla la víspera de la Virgen de la Casita, el nueve de mayo.  Pero ¿qué ocurre?  Las obras.  Cogimos todos los oficios de aquí, del pueblo: la cuadrilla de Colás –no sé si estará Colás; si está Colás, un abrazo desde aquí– con Amali, con toda la cuadrilla de albañiles, cogimos al carpintero también.  Todos los oficios los cogimos de aquí, la electricidad –Roberto–, y empezamos a hacer lo que es la discoteca.  Pero, claro, en las obras surgieron muchos imprevistos, no voy a contarlos ahora, algunos sobresaltos.  Llegaba el día nueve y estaba la discoteca para inaugurar pero nos faltaban los permisos oficiales.  En aquella época, tener una discoteca en el año 1976 era lo más atractivo para toda la gente joven y atractivo para este pueblo, pero para los que estaban en la burocracia no era agradable tener discoteca porque era un sitio, por lo visto, problemático.  Entonces nos retrasaban los permisos.  Yo me dejé caer por el Ayuntamiento, que estaba Maíto –tu padre, Jesús, te acordarás de esto; Jesús, el primer presidente del equipo de Don Búho–.  Le dije a Maíto –pensad que todavía no había habido elecciones para elegir nuevos alcaldes; luego ya saldría Adelio:

–Oye, Maíto, no voy a poder abrir la discoteca el día que tenemos previsto porque los permisos me lo están retrasando.

–De eso me encargo yo, –dijo Maíto.  La discoteca se abre el día nueve de mayo ocurra lo que ocurra.  Me encargo yo, tú tranquilo.

Se fue a Valladolid, movió lo que tuvo que mover, volvió y dice:

–He hablado con el Gobernador Civil  –de quien dependían estas cosas.  La discoteca se inaugura, bajo mi responsabilidad, el día nueve de mayo del año 1976.

Y así ocurrió.  Es una cosa que quería agradecer a tu padre –Jesús– porque era un hombre de mucha casta y que supo hacer muy bien la transición del Ayuntamiento hacia la Democracia.  Y se inauguró.

 

Fijaos bien.  Alaejos me ha enseñado muchas cosas, pero una de las cosas principales que me ha enseñado Alaejos, y que ahora como sacerdote lo estoy llevando a efecto, es que cuando llegas a un sitio –porque yo era forastero, claro– y haces a la gente feliz, me he dado cuenta de que no te olvidan.  Porque yo luego no he sido de volver por aquí mucho, prácticamente nada.  Cuando la gente de aquí se entera de que me voy a hacer cura y aparecen en mi ordenación con aquel regalo, con un montón de firmas, digo: “¿pero qué pasa en Alaejos que se acuerdan todavía de mí?”  Yo me quedé asustado.  Y cuando vine a San Pedro –José Guerra se acordará– y dije la misa, estaba la iglesia que se salía.  ¡Madre mía!  Me vi desbordado.  Y he aprendido eso y ahora soy consciente.

Pues bien, inauguramos la discoteca, que fue algo más que una discoteca, fue algo más que un revulsivo.  Y os voy a decir el porqué –las reinas y las princesas me están mirando diciendo qué dirá este cura: porque se abordaron tres campos que eran cruciales en aquella época.  Alaejos era un pueblo muy cerrado en sí mismo –estamos hablando del año 1976– y la discoteca fue un revulsivo total porque abrió puertas hacia otros pueblos.  Concretamente donde iba nuestro autobús Don Búho, que lo llevaba Carlos, el hermano de Gena –hoy he comido precisamente en casa de Gena, con Esperanza, que estarán por aquí también.  Ese autobús iba por Siete Iglesias, iba por Castronuño, iba por Castrillo, iba por Vadillo... iba por una serie de pueblos.  Las familias de entonces no dejaban ir a las niñas en cualquier coche como ahora y ese autobús se encargaba de llevar y traer a todas las chicas gratis; los chicos tenían que pagar la entrada, porque si no los chicos se nos escapaban a otro lado y no había manera de que estuvieran aquí.  Mezcló gente joven de todos los pueblos, respetando la Nava –se lo estaba diciendo al alcalde de Nava.  Nava la respetábamos porque tenía su personalidad.  Siempre ha habido mucha rivalidad entre Nava y Alaejos porque han sido dos pueblos muy, muy, muy a la par y se le respetaba.  A nivel deportivo ha sido una rivalidad total; Nava siempre ha sido muy buena a nivel deportivo.  Luego venía gente del pueblo de don José, de Bóveda de Toro, por supuesto.  Eso fue algo importantísimo.

 

Pero fijaos bien.  Luego abarcamos también otro tema que era también muy importante, que era el tema cultural.  Nos dimos cuenta de que había también un vacío a diario y metimos el cine Don Búho.  Os acordaréis que había cine los miércoles y los viernes y que se daban sesiones de películas y ciclos muy bonitos y muy divertidos, cine para todos los gustos.  En fiestas, me dejaba Mayito y luego Adelio también, el Salón Social, que no estaba como está ahora, reformado, y poníamos cine para la gente mayor, para que fueran.  En realidad se creó un ambiente muy abierto, muy bonito, donde mezclamos gente de todos los pueblos de alrededor.  Y entre las nuevas generaciones no hubo nunca mal rollo.

 

Claro, la parte deportiva estaba obligada, como he hecho ahora en mis parroquias.  Amali estaba en la Junta del club de fútbol, que presidía Jesús, el hijo de Mayito, que está aquí, delante de mí, que hacía que no veía cuarenta años.  Hicimos la primera Junta Directiva.  No teníamos campo de fútbol ni teníamos nada y el Ayuntamiento cedió unos terrenos que estaban en la carretera de CastronuñoM.  Entre toda la peña que se formó en el bar La Frontera –os acordaréis, la Junta Directiva con Amali, Carlos Mangas– se hizo un campo de fútbol y se hicieron las casetas para que se vistieran los jugadores.  Pensad que en aquella época –chicos, jóvenes, los que estáis en el equipo- eso era entonces ser héroes, porque no había dinero.  Todo eso la discoteca lo costeó y el Ayuntamiento lo facilitó.  El equipo Club de Fútbol Don Búho fue un equipazo porque era de los pocos equipos que llegaba a jugar en un autobús.  Entonces un autobús era como llegar el Real Madrid o el Barça a los pueblos a jugar.  Cuando hice la exposición habéis visto qué pedazo de equipo formamos.  Luego, a los pocos años, el pueblo –esto hay que contarlo también, fue una cosa muy curiosa– decía que por qué el equipo se tenía que llamar Club de Fútbol Don Búho y no Alaejos.  Claro, porque yo lo patrocinaba y poníamos el dinero, todas cosas costaban un dinero.  Entonces, antes de crear problemas –os acordaréis– junté a todos los del pueblo y les dije: “vamos a someter a votación si el equipo sigue en manos de la discoteca o se le entrega al pueblo”.  Lo que se trataba era de que la gente fuera feliz.  ¿Y qué ocurrió?  Se entregó, con todo y sin problemas, el equipo al pueblo.  Y el equipo siguió funcionando, sin problemas, federado, por supuesto, se entregó al pueblo.  Luego yo ya me desconecté un poco porque, si sigues conectado, parece que sigues queriendo mangonear las cosas.  Yo ya me desconecté y el equipo siguió con el pueblo y bien.

Eso es en síntesis mi entrada en Alaejos.

 

Y ahora os voy a decir más cosas a todos los que estáis aquí.  Me decía Carlos, me decían los del Ayuntamiento, que es la primera vez que viene un cura a decir un pregón.  ¿Qué hace un cura dando un pregón de fiestas?  Pues, entre otras cosas, los curas somos gente muy normal, que la Iglesia está hecha por gente igual a vosotros.  Todo el mundo me tiene identificado con una serie de esquemas y he sido muy feliz en la época anterior y en la época actual, por supuesto; eso se me nota.

Fijaos bien.  Hay algo que yo quiero agradecer a este Ayuntamiento porque cuando vuelves después de muchísimos años te das cuenta que tienes a todos tus amigos, que están todos generalmente muy bien.  Hoy he estado visitando, antes de comer, a Isaac “el chispas”, que está el pobre tetrapléjico.  No sé si habrá venido porque quería ver al Valladolid que lo televisaban.  He ido a visitarle porque era uno de los chicos que tuve muchísimo cariño y afecto porque era el que solucionaba todos los problemas de electricidad que tenía la discoteca cuando había imprevistos.  Empezábamos el cine, porque claro yo metí una máquina entonces muy moderna, de xenón, de las que se utilizan ahora; fui muy adelantado, funcionaba no ya como funcionaba el cine antiguo con alto voltaje, sino que tenía que llegar la electricidad muy bien.  A veces no se encendía la máquina y siempre estaba disponible para todo lo que necesitaba; muy buen futbolista; es uno de los chavales que me impresionó muchísimo lo que le ocurrió.  Y digo desde aquí a Isaac que tiene ganado el cielo con creces, por el martirio que está pasando en vida y la resignación con que lo lleva.  Un recuerdo desde aquí, como es obligado.

 

Ahora viene la segunda parte, porque no me quiero alargar.  Me han dicho que veinte minutos, pues veinte minutos estamos, pero felices.

 

Fijaos bien.  Cuando yo desembarco de párroco en los pueblos de aquí alrededor, vivo aquí porque allí se va a hacer la casa parroquial y todavía no hay vivienda fija, comienza a fluir la gente de Alaejos y nos reencontramos todos en el cuerpo a cuerpo, todos los que éramos amigos y a mucha gente que no conocía.  Una de las cosas que me impresionaba muchísimo era no sólo algunas bodas de gente muy conocida, sino cuando me avisan para las cosas de los quintos, el aniversario de los quintos del año tal.  Y aparece toda la gente que teníamos en la discoteca, casados y con hijos.  Claro, pensad vosotras, reinas y princesas, que vuestros padres iban por la discoteca.  Cuando estaba sentado con el alcalde y con Sandra les decía quién es ésta o aquélla; y claro, todos son conocidos.  Y estamos en esta Plaza Mayor de Alaejos todos los que tenemos que estar.

 

Y para terminar voy a decir algo muy importante.

Fijaos bien y tenedlo en cuenta todos los de Alaejos.  En Alaejos hay algo que no podéis olvidar y que Dios, por capricho suyo, ha dispuesto: la que transmite la fe, la que os transmite la fe es la Virgen de la Casita.  De eso no hay duda –lo hablaba yo con vuestro párroco– no hay duda, vayáis o no vayáis a misa, pero ¿quién de los que hay aquí no ha estado en la romería o se ha sentando en las andas de la Virgen de la Casita?  Ninguno, ninguno, todos habéis pasado y estáis bajo el manto de la Virgen de la Casita.  Algo muy importante, padres y abuelos, tenemos: “lo que se mama, en la tumba se derrama”.  Eso no hay que olvidarlo.  En estos pueblos, estos pueblos de casta, donde yo os quiero con locura y yo sé lo que me queréis a mí, porque está claro, no podemos olvidar transmitir estos valores a las nuevas generaciones –Mariano Rubio, te estoy viendo ahí con tu mujer, Tere.  Tomad nota, no podemos olvidar estos valores.  Y estos valores son los valores de las cosas buenas que hemos mamado; estos valores no tienen colores políticos ni nada, eso son mamoneos.  Y los valores de aquí, la fe, os la transmite la Virgen de la Casita.  No hay ninguna noche, os lo digo de corazón, que no rece mirando a vuestra Virgen y pidiendo por todos vosotros, amén de mis pueblos, por supuesto, porque si no se pondrían celosos.  Os voy a decir también una cosa: el alcalde más joven de España es alcalde mío en Brahojos, Jaime, que está aquí también.  Hay que mirar siempre a estos valores porque nos lo jugamos todo en las nuevas generaciones –chavales, ¿me estáis escuchando?–, nos lo jugamos todo.  Hay que tener valentía para esas cosas.

 

Mirad.  Voy a terminar diciendo una cosa a la Virgen de la Casita.  No sé si habrá dos o tres kilómetros.  Vamos a decir con cariño el “viva” lo más fuerte para que lo escuche la Virgen porque está a tres kilómetros, si no, no lo va a oír.  Venga, preparad pulmones.  ¿Estáis preparados?

–¡Viva la Virgen de la Casita!

–¡Viva!

–Yo creo que no se ha oído, yo creo que no se ha oído.  A ver, otra vez: ¡Viva la Virgen de la Casita!

–¡VIVA!

–Sí señor.

Y ahora, como agradecimiento, esto es algo que sale del corazón, de verdad, y sobre todo recordando a gente que ya no puede estar aquí con nosotros, gente que ha muerto, vamos con recogimiento, y terminamos, con el Ave María más importante a vuestra patrona, bajo San Pedro:

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.  Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.  Amén.

 

Ese vítor para que la Virgen de la Casita os proteja bajo su manto y seáis felices: ¡Viva la Virgen de la Casita!

 

José Luis Rubio Willen

Alaejos, 30 de agosto de 2009